Es una cuestión de piel. Alumbrado por el menemismo, impuesto a Néstor Kirchner por Eduardo Duhalde, parado a la derecha del centro político, simpatizante de la mano dura y con un discurso falto de palabras progresistas. Daniel Scioli definitivamente no califica como heredero del proyecto K, aunque sí del peronismo.
La batalla final entre el gobernador y el kirchnerismo empezó el día que cedió al pedido de la presidente Cristina Kirchner y aceptó a regañadientes que Gabriel Mariotto sea su candidato a vice. La intención es esmerilar su poder. Es el objetivo del cristinismo, que hoy funciona como el partido opositor a la gestión de Scioli en la provincia de Buenos Aires, y es mucho más crítico que la UCR o Unión Pro en la Legislatura bonaerense.
Pedidos de informes sobre los contratos firmados por el gobernador, presión política para que desplace al ministro de Seguridad, Ricardo Casal, y proyectos que presentan legisladores oficialistas sin aviso al Ejecutivo provincial, son sólo algunas de las manifestaciones de que los años que vienen no serán fáciles para el gobernador.
Sin ir más lejos, ayer Scioli dejó ir a la secretaria de Derechos Humanos provincial, Sara Cobacho, y la reemplazó por Guido Carlotto. Cobacho era cuestionada por el kirchnerismo y Carlotto, hijo de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, tiene llegada directa a la Rosada. No es de su riñón, precisamente.
Mariotto además, tiene su propia agenda con intendentes bonarenses, siempre pensando en construir poder K en el distrito con mayor peso específico de la Argentina.
El gobernador forjó un estilo propio del que muchos se mofan, pero que demostró ser efectivo. Y es contestar las agresiones K con discursos plagados de palabras como lealtad incondicional a la Presidenta. Y la verdad es que, salvo un picadito con Mauricio Macri en el verano, Cristina tiene poco para reprocharle al gobernador. Porque la creación de la agrupación Juan Domingo fue un acto de defensa propia, luego del avance de La Cámpora y los incidentes entre kirchneristas y sciolistas en la asunción de su segundo mandato. Es casi un acto de marketing político.
El kirchnerismo no entiende cómo hace Scioli para permanecer inmune a los contratiempos de la gestión de la provincia más complicada del país, cómo sobrevive intacto. Porque no es sólo fruto de esa actitud de repetir "con fuerza y con esperanza, siempre para adelante" ante cada eventualidad. Casos de alto impacto como el asesinato de Candela Rodriguez, un fracaso policial y del propio gobernador, no tocaron la imagen de Scioli, que según una encuesta de la consultora Aresco, de Julio Aurelio, supera a la de la Presidenta. Tampoco la sociedad le cobró en 2009 haberse subido a las candidaturas testimoniales, como sí castigó al fallecido ex presidente. El gobernador parece blindado.
Hoy por hoy la reelección presidencial no existe. Y si bien Scioli no es una posibilidad para los ultrakirchneristas, lo es para el peronismo, el que está dentro del oficialismo como los intendentes bonaerenses, y el PJ disidente que ve en el gobernador el fin de las divisiones partidarias. Esta condición es irritante para el cristinismo.
Porque los intendentes, ese mecanismo de poder territorial desequilibrante en la provincia, son ahora kirchneristas burbujeantes, pero también fueron duhaldistas durante una década. Y pueden ser sciolistas de un día para otro. Basta recordar la derrota K en 2009.
La gran pregunta es hasta cuándo va a aguantar Scioli los ataques internos. Cómo lo afectará la pérdida de poder en su propio gabinete. Ayer fue Cobacho, pero la campaña para que desplace a Casal sigue. Y el poder de decisión de un gobernador se diluye si se votan leyes provinciales que limitan la negociación, como el proyecto de la senadora Cristina Fioramonti, esposa del diputado Carlos Kunkel, que impulsa la prohibición de que ingrese basura desde la ciudad (macrista) de Buenos Aires a partir de 2014. O los pedidos de informe con críticas de gestión al gobernador.
Todo esto sucedió en apenas cuatro meses.Y restan tres años y medio de mandato. Sin posibilidad de reelección para la Presidenta, pero tampoco la del gobernador de Buenos Aires, la ruptura -así sea al estilo Scioli- es ineludible. z weRelaciones por conveniencial Alumbrado en el menemismo y falto de un discurso progresista, Daniel Scioli nunca fue del agrado del paladar K.
l Pero muchos peronistas lo ven como posible sucesor en 2015.
l A partir de la imposición de su vice, Gabriel Mariotto, por parte de Cristina, estuvo clara la intención del Gobierno de esmerilar al ex motonauta.
l El estilo amor y paz de Scioli es motivo de mofa en el mundo político, pero hasta hoy le ha resultado efectivo.
l Según una encuesta, su imagen supera a la de CFK y parece blindado ante los contratiempos de la gestión.
l Igual que Cristina, no tiene reelección en 2015 y la ruptura con la Casa Rosada ya parece ineludible.