Nota de tapa

Los millones de la pesca y el petróleo en Malvinas

000000malvinas_copeteLos frutos económicos de la pesca y las incipientes actividades derivadas de la exploración de yacimientos petrolíferos en las aguas isleñas han acrecentado la potencialidad e independencia económica de la zona que se disputan Argentina y el Reino Unido.

Si es verdad que la guerra siempre cambia la vida de las personas, no es menos cierto que, en el caso de Malvinas, y para los isleños que no intervinieron directamente en el conflicto bélico -pero que lo sufrieron de igual modo-, también hubo un antes y un después. Desde el punto de vista estrictamente económico, los habitantes de Malvinas se han visto beneficiados por las medidas que tomó la corona británica una vez pasado el conflicto, un pivote normativo, de facto y unilateral que tiene su propio paradigma en la portentosa base militar de Mont Pleasant a 60 kilómetros de Puerto Argentino, y sobre el cual los kelpers han construido su independencia económica. Es este zócalo esencial el que hoy les sirve a los isleños para reclamarle a la Argentina un reconocimiento a su derecho a la autodeterminación, bajo la nada inocente mirada del Reino Unido.
A 30 años de la guerra, los casi 3200 pobladores de las Islas son -a excepción de la defensa que es provista por el Reino Unido- prácticamente autónomos. Una rápida asociación con la Argentina continental muestra que, desde el punto de vista económico y financiero, no dependen de la Casa Rosada. Es más: el crecimiento exponencial de la actividad económica que tiene lugar ahora mismo, aleja cada vez más las pretensiones argentinas.
Los kelpers suelen referirse a la guerra de Malvinas como un mojón de la historia reciente a partir del cual empezaron a experimentar una calidad de vida sensiblemente mejor a la de largas décadas de ignominia y marginalidad, alimentada al calor de la riqueza que les genera la administración de las licencias para pesca, y apuntalados por el arrastre que trae la actividad económica derivada de los primeros trabajos de exploración del petróleo.
La Historia dice que tras la guerra, Londres dio un giro radical: el gobierno de Margaret Thatcher dedicó unos primeros u$s 30 millones para obras de reconstrucción y posteriormente decidió otorgar otros u$s 60 millones en infraestructura. Pero en 1985, añadió una disposición que cambiaría el futuro de los isleños cuando el agitado gobierno local fue autorizado a explotar los derechos de pesca en las aguas que rodeaban el territorio insular, aunque estas aguas fueran reclamadas por la Argentina. Por obvias razones, esta disposición venía acompañada de un apéndice no menor: todos los gastos de defensa, incluyendo la construcción de un importante aeropuerto junto a una base militar en el centro de las Islas, corrían -y corren- a cargo del Reino Unido. Pero además, Thatcher decidió tomar una actitud proteccionista con los isleños y les otorgó ciudadanía plena a los habitantes de las Islas, un viejo reclamo de los sureños que siempre se consideraron ciudadanos de segunda de la Corona.

El pescado de Malvinas

La decisión de Gran Bretaña de permitirle al gobierno de las Malvinas declarar una zona económica de 320 kilómetros alrededor de las Islas fue lo que les dio a los isleños jurisdicción sobre las aguas y una categórica transformación en los ingresos: el PBI pasó de u$s ocho millones en 1985 a casi u$s 60 millones en sólo algunos años. Este 2012, según estimaciones que brindó a El Cronista la administración kelper, podría superar los u$s 200 millones.
Hoy la pesca explica el 60% del PBI de la Islas, es la estrella económica de Malvinas, la quintaesencia de una transformación económica que bajo el imperio de las fuertes valoraciones de las materias primas en el mundo ha modificado los destinos del grueso de los habitantes. Los ingresos de estas licencias les permitieron a los isleños tener un superávit cercano a los u$s 30 millones en 2011 y las estimaciones amplían ese margen para este año. Pero no son las empresas con actividad en Malvinas las que capturan la riqueza ictícola: el gobierno kelper es el que concede -unilateralmente- licencias por 25 años para la explotación pesquera: compañías taiwanesas, coreanas, españolas y algunos joint ventures con Indonesia y otros países han poblado el mar austral de buques factoría, que no sólo realizan capturas de ultramar de hasta 50 toneladas de pescado por día; también procesan, seleccionan y congelan a bordo, producto que, una vez repletas las bodegas, es transportado aguas afuera para ser reubicado en otros buques que se encargaran de llevarlo a puertos de destino en Europa.
Para los habitantes de Malvinas, el cambio es tan sustancial que una rápida comparación con la Argentina continental produce una conclusión irrebatible sobre el aporte de la actividad pesquera: según el departamento de Pesca de las Malvinas, las capturas de pesca totales por año en el continente argentino rondarán este año las 900.000 toneladas, lo que implica entre 18 y 22 kilos de pescado per cápita; en Malvinas, las 200.000 toneladas que se extraerán este año implicarán una referencia de 66.000 kilos por isleño. Por esta razón, el PBI per capita de un kelper rondará en 2012 los u$s 63.000, es decir, será la cuarta jurisdicción del mundo, detrás de Qatar, Liechtenstein y Luxemburgo y muy lejos de los casi u$s 15.000 anuales de la Argentina continental, de acuerdo a las cifras del World Factbook, que elabora el Departamento de Inteligencia estadounidense.
Aunque parezca mentira, a este incremento en la producción pesquera también ayudó el continente argentino. Es que a partir del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Argentina y el Reino Unido en 1990, tuvo lugar una serie de acuerdos en materia de pesca, hidrocarburos y comunicaciones. En ese marco, científicos argentinos colaboraron con los británicos para mejorar los rindes en la explotación pesquera y estudiar el impacto y preservación de la riqueza ictícola, principalmente del calamar que constituye el 75% de las capturas. Desde 2005, el sistema de cooperación entre los dos países se discontinuó como consecuencia de la imposición por parte del Reino Unido de un nuevo sistema de licencias. "Por muchos años dábamos licencias durante seis meses o un año y las empresas competían por ganarlas, pero desde 2005 cambiamos el sistema y si bien el grueso de las licencias se las damos a empresas conocidas, en otros casos fuimos hacia un sistema de Cuota Individual Transferible (ITQ, por sus siglas en inglés) que también se utiliza en Nueva Zelanda, y que le da derechos de explotación -y comercialización- a aquél que tiene la licencia", le dijo a El Cronista, John Barton, director de Recursos Naturales de las Islas. Si bien el especialista sostuvo que el ITQ sólo se le asigna a firmas registradas en Malvinas, la clave que potenció la ecuación económica es que, como estas licencias son transferibles, habilitan a aquél que las posee (generalmente empresarios kelper) a realizar asociaciones y joint ventures con cualquier empresa del planeta que quiera explotar las aguas de Malvinas. El prototipo de esta figura arrojaría una asociación entre un empresario kelper que tiene la licencia (pero no tiene logística propia ni infraestructura) y una empresa pesquera extranjera que tiene los buques, la tripulación y los trabajadores para realizar las capturas.

Las promesas del petróleo

El turno del petróleo, la potencialidad de un negocio que podía revolucionarlo todo, había sido contemporáneo con los arrolladores avances que mostró la actividad pesquera. En un informe de 1977, Colin Phipps, doctor en Geología de la Universidad de Birmingham y fundador de Desire Petroleum -una firma que obtuvo licencia entregada en forma unilateral por Reino Unido y que hoy explora aguas de Malvinas- ya había señalado el potencial hidrocarburifero de la zona.
Sin embargo fue recién después de la guerra de Malvinas, y una vez realizadas distintas misiones británicas, que la ofrenda del petróleo mostró su cara más promisoria. En 1998, a 16 años de la guerra, se iniciaron las primeras perforaciones, de las cuales las más acertadas resultarían las ejecutadas por la firma anglo-holandesa Shell. Fue esta compañía la que años después venderá esa valiosa información a la desconocida Rockhopper Exploration, la única empresa que, hasta el momento, ha confirmado en 2010 la existencia de reservas probadas de petróleo en las aguas que se ubican en el prospecto Sea Lion, al norte de la Isla Soledad.
Hoy las campañas de exploración se encuentran lanzadas en las cuatro grandes cuencas sedimentarias que rodean las Islas: al este, la denominada Plateau Malvinas; al oeste, la Cuenca Malvinas; y al sur y al norte, las Cuencas Malvinas homónimas.
El potencial no es menor: según estimaciones británicas, las cuatro cuencas podrían aportar más de 12.000 millones de barriles de reservas. Suponiendo que sólo el 50% de esas reservas resultara efectivamente probado para su extracción, eso significaría 6500 millones de barriles, lo que implica 317% más que las reservas de la Argentina.
"El dato más importante no reside tanto en la potencialidad de sus reservas sino en la relación exportación-producción, cociente indicativo de la disponibilidad de excedente exportable, ya que una vez que el crudo malvinense comience a fluir, el 99,9% de la producción será exportada y las Malvinas se transformará no solo en una de las principales potencias exportadoras de crudo de América, sino del mundo,señala el especialista Federico Bernal en su libro Malvinas y petróleo.
De todas formas, no son tiempos fáciles. La inversión necesaria para realizar una campaña de exploración y los primeros trabajos de explotación rondan los u$s 2000 millones -según el departamento de Recursos Minerales de la Isla (DMR, por su sigla en inglés)-, razón por la cual las cinco empresas que hoy se reparten las 34 licencias de exploración y explotación concedidas por el gobierno de Malvinas han confirmado su afán de asociatividad con firmas que puedan aportar el capital para hacer los trabajos. Rockhopper Exploration, Argos Resources, Desire Petroleum, Borders & Southern y Falkland Oil & Gas han manifestado sus intenciones de seguir con la empresa, siempre que puedan ser capitalizadas o cristalicen sus intenciones de un joint venture.
"Los trabajos de exploración son más costosos aquí que en cualquier otra parte del mundo, la logística es difícil, el clima hostil y todavía no están dadas las evidencias para que las grandes compañías realicen los desembolsos para llegarse aquí a extraer crudo", le confesó a este diario, John Stevens, un ingeniero de la British Geological Survey (BGS). Según información aportada por el DMR, bajo la actual campaña exploratoria, el total de los hallazgos fueron solo de tres pozos de petróleo (y gas) en una misma zona: Rockhopper Exploration detectó crudo en el prospecto Sea Lion, en un área que se encuentra a 200 kilómetros al norte de Malvinas. Para Stevens, los "ensayos" del pozo que hizo Rockhopper aún no confirman cuál es el potencial de explotación (cuántos barriles por día podrían obtenerse) y cuáles serían las dificultades y costos necesarios para extraerlo. Hoy, todas las miradas se posan en la Cuenca Malvinas Oriental, donde la plataforma Leiv Eriksson ha comenzado con las perforaciones.
"Si se encuentra petróleo en esta zona nada será lo mismo, ya que el compromiso de las empresas se fortalecerá y tendremos una fuerte llegada de las petroleras más importantes del mundo", le dijo a El Cronista Stephen Luxton, director de Recursos Minerales de Malvinas.
A pesar de la incipiente prospectiva de la explotación petrolera, sólo las primeras señales "de humo" ya revolucionaron la vida de los kelpers. Para los especialistas, es arriesgado mensurar cuál podría ser el impacto económico del fenómeno de confirmarse en su totalidad.
Hace unos días, Luxton le dijo a El Cronista que el gobierno malvinense estudia la creación de un fondo soberano de riqueza de los millones del petróleo: "Será una masa muy relevante de dinero y no vamos a poder absorberlo todo, por eso es preferible ahorrarlo y que varias generaciones puedan vivir bien. Al menos por 200 años los isleños no vamos a tener que preocuparnos por nuestra independencia económica". z we

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