Hay que dejar de presionar a quienes deben tomar decisiones por la ley de Medios

Así lo afirma la historiadora Hilda Sabato, que además alerta sobre el peligro para la democracia constitucional de una potencial re-reelección y afirma que la principal deuda argentina es la social.

Apasionante. Complejo. Contradictorio. Por donde se lo mire, el siglo XIX representa un proceso de profundos cambios, así como de construcción de cimientos para la Argentina. Es que, en la segunda mitad de aquel siglo, sucedieron hechos tan significativos como la batalla de Caseros, los 10 años de secesión de Buenos Aires, la creación de la Constitución Nacional, la crisis del 90... Con todo, al cabo de estas cuatro décadas, las 14 provincias que en 1852 habían integrado la confederación constituyeron un Estado con un régimen político representativo y federal. En línea, la historiadora Hilda Sabato, sobrina nieta del escritor Ernesto, acaba de presentar Historia de la Argentina 1852-1890, donde hace un recorrido por un camino político e institucional que, asegura, fue sinuoso.
Durante un encuentro con El Cronista WE, reflexiona sobre la coyuntura anclada en el pasado. En días en los que la nueva ley de Medios aparece en boca de todos, Sabato recuerda que, desde un inicio, existió legislación destinada a regular el funcionamiento de los medios y su tramitación siempre generó polémica. La prensa, considerada uno de los principales mecanismos de formación y expresión de la opinión pública y una de las instancias del control social del poder político, fue un actor central del período y, sigue siéndolo, aunque tenga características muy diferentes a las del siglo XIX. No es este el lugar para analizar la situación actual, pero me gustaría desdramatizar el momento. Estamos frente a una instancia que debería transitar normalmente por los carriles institucionales establecidos, siempre y cuando se dejara de presionar a quienes deben tomar decisiones en ese terreno y de agitar la bandera del todo o nada que solo sirve a quienes buscan manipular los resultados, observa.

Hoy como ayer
En 1853 se creó la Constitución Nacional y planteó un cambio radical en la organización de la Argentina. De una confederación de repúblicas, que eran las provincias, a una federación, que implicaba la cesión de soberanía por parte de esos estados provinciales a un gobierno nacional, comenta. Desde aquel momento, atravesó siete reformas: 1860, 1866, 1898, 1949, 1957, 1972 y 1994. En esta última, producto del Pacto de Olivos, el subtexto político era la reelección del ex presidente Carlos Menem. Gracias a que se hizo en función de un acuerdo político, si bien permitió que Menem se quedara un poco más, la reforma generó una Constitución mejor que la que teníamos, sobre todo, en materia de derechos y libertades. Y, además, al reducir el período presidencial a cuatro años, no genera el peligro que mantienen algunas provincias: la reelección, práctimente, indefinida. Aunque hay gente que sostiene que no importa cuánto permanezca en el poder si el pueblo lo quiere....
Hoy día, la idea de una potencial reforma constitucional ronda las esferas oficiales. Sobre ello, Sabato indica: La Constitución es muy nueva y tiene potencial. Se planteó, aunque no por boca de Cristina, la idea de una nueva modificación. Se mezclan dos cosas: la idea de Cristina eterna, que aparece en algunas formulaciones de sus partidarios y, por lo tanto, de que una reforma es una posibilidad para la re-reelección, que me parece gravísimo. La otra es que dicen que hay cambios fundamentales que requieren estatuto constitucional, pero yo no los veo. No aprobaría la re-reelección desde ningún lugar, ni aunque hubiera un acuerdo político, porque es perjudicial para la democracia constitucional argentina. Desde el punto de vista de cambiar otros principios, sólo se podría hacer si hay consenso partidario. Por las formas de funcionar del sistema político, hoy, no hay condiciones para eso.
Federales o unitarios. Radicales o peronistas. ¿Kirchneristas o antikirchneristas? ¿Sigue la Argentina siendo un país de grandes antagonismos? Es fenomenológicamente recurrente pero sus causas y su inserción en un lenguaje político específico no es igual. No es la misma construcción, advierte. Y, en este aspecto, amplía: En el siglo XIX, la dificultad para pensar al otro político estaba inscripta en la misma ideología liberal republicana que compartían todos. Por razones que tenían que ver con cómo se concebía la política, se pensaba que ésta tenía que dejar de lado los conflictos sociales. Cada cual decía representar al conjunto mejor que el otro, que pasaba a ser faccioso. No había forma institucionalizada de elegir los candidatos ni había partidos políticos en el sentido en el que después surgieron.
A medida que el radicalismo yrigoyenista se va afirmando, surgen las críticas al partido político dominante, el PAN, que se había convertido en hegemónico. Ningún partido que estuviera por fuera del PAN tenía demasiadas chances. Y la propuesta de la UCR fue inscribir al PAN en un régimen corrupto. Los radicales plantean somos la Nación. Era una dinámica distinta a la anterior y fue muy popular. Luego, el peronismo se levanta como un representante del todo frente al antipatria. Con el regreso de la democracia, se desarrolla la idea de sociedades plurales política y socialmente. Incluso, Menem se manejó dentro un discurso que no era deslegitimador del otro. Pensé que la Argentina había cambiado, pero en los últimos años se ha definido una nueva dicotomía generada desde el poder, agrega. Es que, sostiene Sabato, el Gobierno es el enunciador principal, que genera, a partir de la crisis con el campo, un discurso oficial de deslegitimizar al otro político. Contribuye a provocar esta polarización sin matices. Lo que pasó el 8N ayuda a romper con esto. Los reclamos muestran la pluralidad de posiciones. Parte del problema es que la oposición no ha sabido canalizarlo. Se insiste en que el antagonismo es parte de la política. El problema es que parte de la república democrática es canalizar esos antagonismos a través de gobiernos institucionales. Por lo tanto, la resolución del conflicto es parte normal de la vida política. El discurso deslegitimizante pone al otro por fuera de la situación.
A la luz de los hechos, y de 200 años de historia, la gran deuda argentina parece ser social. Por un lado, el Gobierno ha tomado medidas en la dirección social pero es netamente insuficiente para el tiempo que lleva el kirchnerismo en el poder, para los recursos con los que ha contado y para las pretensiones de progresismo que tiene. Tenemos una proporción altísima de pobreza, que además no sabemos ni cuánto es ni dónde está porque no tenemos estadísticas confiables. Y es uno de los gobiernos que más recursos, en términos relativos, ha tenido. Es un ciclo argentino equivalente al de la expansión del siglo XX, pero con un agregado: el Estado tiene una estructura impositiva que le permite canalizar más recursos que en 1900. Pero las políticas públicas que ha hecho son ineficientes. El déficit de vivienda es enorme. Son años que no se recuperan tan fácilmente, concluye. z weFichan Título: Historia de la Argentina. 1852-1890
n Autora: Hilda Sabato
n Editorial: Siglo veintiuno
n Páginas: 352
n Primera edición: 2012
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