El sindicalismo maximiza sus ingresos, no los de los trabajadores

El ex economista jefe del BCRA, Eduardo Levy Yeyati, asegura que antes de avanzar con una ley de reparto de ganancias se debe modificar la genética del modelo sindical del país. Las prácticas extorsivas no generan productividad, destaca.

Habla rápido -bastante-, entrelaza conceptos -muchos-, y busca explicar los recovecos de cada pregunta. Si bien festeja el buen momento de América Latina, alerta que "no hay políticas industriales que diversifiquen la primarización de las exportaciones. La región está sufriendo el viento de cola, dice Eduardo Levy Yeyati ante El Cronista We, en la presentación del informe Brookings. Perspectivas económicas latinoamericanas. Cambios en una era de grandes expectativas.
En la misma línea, advierte que la región no se está preparando si China decide enfriar su economía, escenario que prevé en los próximos cinco años. Además, afirma que mientras Brasil busca bajar su inflación, las políticas macroeconómicas y fiscales del país están en las antípodas: Bajar tasas de interés para generar más consumo doméstico y exacerbar el crecimiento por encima de lo que incluso el Gobierno sabe que puede crecer la Argentina.

l Según la Cepal, la inversión extranjera directa creció un 54% en el país el año pasado, pero Brasil, Perú, Chile y Colombia siguen captando más dinero que la Argentina. ¿Por qué cree que sucede esto?
- La Argentina ha estado a la zaga de la región en un contexto de alto crecimiento que genera muchas inversiones directas. Hay una mezcla de prejuicio y un clima de negocios que es percibido como adverso, o al menos, incierto. Prejuicio porque muchos observadores del exterior ven a la Argentina como un caso similar al de Venezuela o Ecuador, en donde el Gobierno es proclive a la expropiación, la nacionalización, con una impronta intervencionista al estilo Chávez, que en la práctica el gobierno argentino ha exhibido mucho menos. Por otro lado, existe una mayor incertidumbre en las reglas de juego, fundamentalmente en la capacidad del inversor de apropiarse de la rentabilidad de sus negocios. Acá se sostiene que una empresa con excesiva rentabilidad debe aportar más al Fisco que una que tiene menos. Si bien uno puede discutir ese precepto, al inversor le genera incertidumbre.
l ¿Cómo se puede actuar ante el prejuicio de ser emparentado con el chavismo?
- Se puede tener un discurso más amable, más atractivo hacia el capital extranjero, aún en un contexto donde se reserva el derecho de regularlo y tasarlo como se debe. El Gobierno puede mejorar siendo consistente con las reglas de juego. No implica que sean éstas, pero una vez que uno las elige tiene sentido preservarlas, porque es pernicioso cambiarlas continuamente.
l Entonces, ¿usted ubica a la Argentina más cerca de Chávez o de Brasil?
- Agrupar países lleva a simplificaciones groseras. No creo que haya países como Venezuela o como Brasil. Venezuela es única. Ecuador, que es lo más parecido a Venezuela, es distinto a Venezuela, incluso su presidente tiene otro perfil. La Argentina está lejos tanto de Venezuela como de Ecuador, a pesar de que en la retórica trate de no enemistarse con Venezuela. De la misma forma que lo hace Brasil, porque Lula más de una vez ha apoyado a Chávez. Eso se llama diplomacia, no necesariamente es asimilación. ¿Dónde está la Argentina? En algunos casos, es muy parecida a Brasil. Las políticas de protección social son bastante similares: Brasil ensalza Bolsa Familia y la Argentina tiene la Asignación Universal. Acá se interviene el mercado cambiario para preservar la competitividad y Brasil lo hace en la medida de lo posible.
l Dónde difieren la Argentina y Brasil?
- En Brasil, la inflación es piantavotos. Es algo que el político, simplemente porque sabe que tiene un efecto negativo en sus votantes, lo evita a cualquier costo. Dilma está preocupada porque tiene una inflación del 6%, mientras que acá el énfasis en las políticas macroeconómicas y fiscales está en las antípodas: bajar tasas de interés para generar más consumo doméstico aún a costa de la inflación, exacerbar el crecimiento por encima de lo que todo el mundo, incluyendo el Gobierno, sabe que puede crecer la Argentina, para maximizar el dividendo del corto plazo del crecimiento. En ese sentido, operan no sólo a contramano de Brasil, sino también de la mayoría de las economías de ingresos medios.
l ¿Cómo le afectaría a la Argentina si Brasil desacelera su crecimiento para evitar una mayor inflación?
- Al margen de las comparaciones absurdas que se le hacen a Brasil con China o con el resto de los BRIC, es un país que no ha demostrado poder crecer a tasas chinas sin inflación. El año pasado creció un 7,5% y tuvo inflación. Este año, las proyecciones son de un 4%, bien por debajo de las tasas que se imagina uno para los tigres asiáticos. Aún así, están preocupados por la inflación. Brasil ya desaceleró. En alguna medida, vamos a tener menos demanda, pero no creo que sea decisorio porque la Argentina no ha venido creciendo de la mano de la demanda brasileña. De hecho, es la demanda de los emergentes en Asia lo que ha levantado nuestras exportaciones. No creo que sea un riesgo el hecho de que Brasil crezca menos. Sería un riesgo si Brasil creciera menos y tuviera una depreciación importante, porque recibiríamos muchísimas importaciones brasileñas. Pero no veo que sea el caso en el futuro cercano.
l La directora del Indec, Ana Edwin, confirmó que el nuevo IPC estará listo en 2013. ¿Esta postergación retrasa el sinceramiento de la inflación?
-El nuevo índice es fundamental, y postergarlo para el 2013 es una pésima noticia. La primera medida que debería hacer un nuevo gobierno para bajar la inflación es concertar precios y salarios alrededor de una meta orientativa de inflación basada en la evolución de un índice creíble. Lo ideal sería tener un índice lo más pronto posible, y que en vez de que el Gobierno haga negociaciones poco claras y transparentes con Moyano, Gerardo Martínez y otros líderes sindicales, sentara a empresarios y sindicalistas a principios del año que viene para rebanarle 10% a la inflación sin tener que ajustar, enfriar y retocar la marcha de la economía.
l -¿Cuál es su visión de la participación de los empleados en las ganancias de las empresas?
-Es un desafío para el próximo gobierno, el de hacerlo bien. Yo querría que hiciéramos algo como Alemania, donde el sindicato tiene sus incentivos alineados con el bienestar del trabajador. Termina siendo socio del empresario, pero al final del día se reparte la torta que produce. Tenés grandes ventajas: menos litigio, porque las negociaciones se resuelven en la mesa y hay casi una cogestión. No van a hacer una huelga, porque pierden plata. En la Argentina, el modelo sindical dista de ser el modelo de Alemania.
l ¿En qué se diferencian?
-En muchos casos, sobre todo el modelo hegemónico, el sindicalismo argentino maximiza sus ingresos, y no los de los trabajadores, y tiene negocios paralelos al de generar valor agregado y distribuirlo entre los trabajadores. Un modelo alemán con un sindicato argentino es muy difícil de implementar. El desafío es que el sindicato tenga información de la empresa para que pueda maximizar la productividad y beneficie a todos. Si la medida se introduce en un esquema donde se favorecen prácticas extorsivas, a la larga no se va a generar productividad. Por eso, antes de avanzar con una ley, hay que corregir la genética del modelo sindical argentino. z we
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