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LUNES 18/03/2019

Subordinados a los cuellos

por  MARCELLO VACCARI

Managing director del grupo VACLOG RVA

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Subordinados a los cuellos

Vivimos en el mundo de las restricciones y estas son aplicables a las personas, las organizaciones, los países, la producción, la productividad, la ecología, la logística, la economía. Toda capacidad, habilidad, fuerza, presupuesto, pueden llegar a un punto donde ir más allá es difícil cuando no imposible especialmente si se sigue pensando dentro de los límites en que uno se encuentra. A veces podemos simular que las restricciones no existen, como cuando se gasta más de lo que se puede, pero tarde o temprano aparecerán las consecuencias.

Lo que más nos interesa de las restricciones es que limitan, frenan, impiden. Vamos a suponer entonces que afectan a sistemas, por ejemplo una organización, una persona, un país; o sea conjuntos de múltiples partes que en general interactúan. Una buena práctica podría ser separar las partes y analizar por separado el límite de cada parte buscando los famosos cuellos de botella, porque la capacidad, potencialidad, velocidad, eficiencia, productividad, estarán condicionadas por su eslabón más débil.

Digamos entonces que para ir más allá, primero debemos ubicar la parte más débil, segundo enfocar todo nuestro esfuerzo para mejorar su capacidad o rendimiento; tercero subordinar todo lo demás a la parte más débil y cuarto elevar la capacidad del conjunto y de esa manera venceremos la restricción del sistema que estemos tratando de mejorar. Es como aquel dicho que la fuerza de una cadena es la de su eslabón más débil. Claro, la mala noticia es que en cuanto hayamos resuelto el cuello de botella en cuestión aparecerá uno nuevo que volverá a condicionarnos un paso más allá de nuestra capacidad anterior.

Esto es inevitable, cada vez que mejoremos la performance y logremos estabilizarla, descubriremos nuevas limitaciones que nos obligarán a volver a analizar e iterar una y cientos más de veces buscando el mejor óptimo dentro de nuestras posibilidades.

Parece fácil, puede no serlo, porque lo más complicado además de encontrar los cuellos de botella puede ser entender que los vínculos entre los eslabones (interfaces) son tan importantes como los eslabones en sí. Como ejemplo, a veces no es la capacidad de las personas la limitante, sino su manera de comunicarse y/o trabajar en equipo.

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