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Recuperar competitividad es la clave de la Argentina

Por no resolver las asimetrías existentes, la flota fluvial paraguaya hoy transporta el 93% de las cargas en la hidrovía.

por  ANTONIO ZUIDWIJK

Especialista en transporte intermodal
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Recuperar competitividad es la clave de la Argentina

Como ya es costumbre en los últimos 10 años, Juan Carlos Venesia, titular del Instituto de Desarrollo Regional de Rosario llenó la sala grande de la Bolsa de Comercio de Rosario para el Décimo Encuentro Argentino de Transporte Fluvial.

Jorge Metz, subsecretario de Puertos y Vías Navegables abrió la ronda de presentaciones, con una correcta descripción de lo que en estos momentos hace falta para recuperar la competitividad que ha perdido el país en los últimos años. Después siguieron muchas presentaciones que contenían en definitiva aportes para ayudar a concretar lo más rápido posible las correctas ideas expuestas por Metz. Sin embargo, una propuesta dentro de la exposición del secretario general del Centro de Patrones y Oficiales Fluviales de Pesca y Cabotaje Marítimo, Julio González Insfrán, me generó grandes dudas. Tengo mucho respeto por él y recuerdo muy bien las excelentes presentaciones que realizó junto con Juan Carlos Pucci en 2008 sobre las asimetrías que existen entre las políticas de Paraguay y de Argentina, que tanto daño han hecho a nuestro país. También recuerdo que en varios encuentros dijeron que algunos sindicatos debían colaborar en estos temas.

Durante ocho años tanto Pucci e Insfrán, como los armadores de la pequeña flota fluvial argentina, y la subsecretaría de Puertos y Vías Navegables insistieron e intentaron convencer a las más altas autoridades del gobierno anterior sobre la necesidad de cambiar este rumbo claramente equivocado. Pero todos recibieron solamente negativas y las funestas consecuencias están ahora a la vista. Por no haber prestado atención a las presentaciones de Pucci e Insfrán de 2008, la flota fluvial paraguaya transporta ahora el 93% del total en la hidrovía Paraguay-Paraná, que es una bendición de la naturaleza para toda la región, pero muy especialmente para Argentina.

Un cambio

Pero ahora Insfrán dice que la nueva gestión de la subsecretaría de Puertos y Vías Navegables no apoyaría la idea de sancionar una Ley de Marina Mercante y que solo piensan en dar waivers. Incluso Insfrán invitó directamente a los productores a apoyar sus esfuerzos para llegar a una rápida concreción de una Ley de Marina Mercante a base de un proyecto que ya está en el Congreso.

Sin duda se necesita una flota de bandera, pero no en este momento, donde en primera instancia se debe buscar la competitividad de nuestro sistema, como precisamente expresó Jorge Metz. Antes de sancionar una Ley de Marina Mercante se debe hacer una buena base, eliminar las famosas asimetrías y preparar el terreno para que lleguen las verdaderas inversiones. De ninguna forma se puede decir en estos momentos que una flota argentina puede dar sus beneficios a los productores.

El tema merece un amplio debate y no se puede hablar de ninguna forma que perdemos u$s 5.000 millones por usar flotas extranjeras. Invito a Insfran a que me explique cómo se produce esa pérdida.

Lo que dice me parece igual a la idea de un joven cadete que empieza a trabajar en una gran empresa, y un día ve en los papeles que pasan por sus manos, la enorme cifra que se gasta en transporte por camión. Como le parece algo tremendo, su brillante idea es comprar camiones de segunda mano, contratar choferes, y no usar más transportistas de afuera. Pero este cadete no calcula los gastos que su empresa va a tener con su genial propuesta. No se da cuenta que en el actual sistema la empresa contrata por licitación y paga después tan poco a los camioneros, que a veces ni cubren sus gastos para operar. Y que muchos de esos transportistas, por estas experiencias que han tenido, compraron los mejores camiones para ser muy eficientes. Sin dudas la empresa va a gastar muchísimo más con su maravillosa idea.

Hay muchas personas que toman esta información cómo el principal factor para hacer primero la ley y después las reformas de las reglas impositivas, que es lo opuesto de lo que se debe hacer.