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MARTES 11/12/2018
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Presente promisorio en zonas francas

A pesar de su obsoleto marco legal, existe vocación política e institucional para impulsar a esta institución vital del comercio exterior.

En los últimos meses hemos presenciado un movimiento promisorio respecto del interés que ha demostrado el régimen de zonas francas en varias provincias de nuestro país. Neuquén concluyó de manera exitosa el proceso de adjudicación de su zona franca en Zapala la cual tendrá el desafío de darle apoyo a la operación petrolera y a las grandes obras hidráulicas que se ejecutarán en su área de influencia. Jujuy ha despertado interés en el régimen y tanto su Gobernador como el Presidente de la Nación han destacado la relevancia del régimen con el propósito de llevar desarrollo a áreas postergadas y forzadas a un cambio debido a la necesidad de competir con un comercio fronterizo que ya sea por motivos de coyuntura o competitividad amenaza con alterar la estabilidad de esas economías regionales. Tampoco ha sido ajena al mismo fenómeno, pero en éste último caso mucho más avanzado por cierto, el de Villa Constitución en Santa Fe, que finalmente se ha puesto de pie con vocación de convertirse en la zona franca más importante en términos de operación de graneles y prestación de servicios navales de la hidrovía del Paraná. Otro caso reciente y no menos novedoso ha sido el de Bahía Blanca con la aprobación de la primer sub-zona franca de la Argentina dentro de la jurisdicción y ejido de operación portuario enfocada principalmente a darle apoyo a la operación logística de proyectos de generación eólica, y concluyo la reseña con Río Gallegos pronta a inaugurarse como la primer zona franca de venta minorista del país.

A la luz de todos éstos movimientos locales, algo pareciera evidenciar que el régimen ha logrado salir de su letargo y resolver su crisis estructural, pero en rigor sigue gobernado por la misma ley del año 1994 (Ley 24.331), que a mi juicio ha devenido en obsoleta y lo que es peor, da de bruces con principios internacionales que la Argentina ha comprometido respetar hace ya tanto tiempo como la vida misma de las zonas francas. Me refiero fundamentalmente al Acuerdo de Subvenciones y Medidas Compensatorias de la OMC, que entre otros tantos lineamientos impone a los Estados que hayan desarrollado éste régimen a que no supediten la existencia del incentivo o subvención al resultado de exportación, Esto es aún peor para el caso argentino ya que como si fuera poco o no alcanzara con el resultado impuesto como exigencia por la misma ley (resultado de exportación), el legislador prohibió además de manera taxativa la introducción al mercado local de cualquier bien producido en una zona franca con la excepción de los bienes de capital que no registren antecedentes de producción en el país. De ésta forma el espíritu del legislador del año 1994 no fue otro que el de privilegiar la mano de obra extranjera por sobre la local al no permitir agregar valor a materias primas importadas o bienes intermedios de origen extranjero para su introducción posterior al mercado doméstico.

Cambio

Pero a pesar de que el saco legal está inalterado y goza de plena obsolescencia, en el sector privado advertimos y celebramos que lo que ha venido sucediendo en distintos ámbitos en el orden nacional o provincial es demostrativo que algo sustancial ha cambiado y no es otra cosa que la vocación política e institucional de hacerlo despertar y ponerlo en la agenda pública y privada después de casi 25 años de somnolencia. Se impone ahora el gran desafío de no perder ésta oportunidad para lograr que nuestras zonas francas se eleven en el orden regional y puedan ser competitivas en términos de generación de empleo, innovación tecnológica, desarrollo de nuevos negocios y se presenten como una alternativa fundamental dentro del proceso de captación de inversión tanto local como extranjera directa que debe transitar la Argentina, especialmente para proyectos de índole global que apunten a ser emplazados en la región con vistas a abastecer a otros mercados y también al nuestro. Los proyectos de inversión extranjera directa deciden su lugar de emplazamiento en función del resultado de un benchmarking que conjuga diversos factores: condiciones geográficas, recursos humanos, seguridad jurídica e incentivos, ya sean fiscales, laborales, etc., siempre en comparación con los demás países vecinos. Ahí radica el nudo a resolver para diseñar un régimen competitivo que permita igualarnos regionalmente, y en ése objetivo es trascendental trazar el mejor rumbo que deberán tomar las zonas en el futuro. Sabido es que los países vecinos tienen un mejor posicionamiento en esta materia puesto que las zonas francas no dejaron nunca de ser un instrumento de desarrollo y una herramienta más en el paquete de sus políticas comerciales. De éste modo la Argentina deberá ponerse en la misma línea de partida para competir por ejemplo con Brasil y Uruguay que presentan instrumentos renovados y de una gran performance a la hora de seducir principalmente a la inversión extranjera directa como disparadora inevitable de generación genuina de empleo directo y su correlato de derrame positivo y virtuoso en la economía en cuyo ámbito tenga impacto cada zona franca.

(*) Presidente de Buenos Aires Zona Franca La Plata SA (Sociedad Concesionaria de la ZFLP) y Presidente de la Cámara Argentina de Concesionarios de Zonas Francas de la Argentina.

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