Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
DÓLAR
/
MERVAL

La pasión por la perfección,no es ser obsesivo

La pasión por la perfección,no es ser obsesivo

En la carpintería de mi zio Gastone los muebles se construían cuidando el mínimo detalle; recuerdo un pintor italiano pintando las paredes de casa como si fuera la Capilla Sixtina. Pensé en ellos, al leer un artículo que explicaba la logística que hay detrás de Disney y como Walt Disney creó el imperio de la perfección. Parques con una ciudad subterránea, alimentando las ilusiones de millones de niños, cuidando el más mínimo detalle.

Me acordé que Verdi decía que toda su vida se había esforzado buscando la perfección y que ésta se le había escapado (piensen en sus óperas) y también de haber leído que el escultor griego Fidias (en 440 AC hizo las estatuas del Partenon) decía que había que esforzarse por la perfección, aun cuando sólo los dioses la adviertan. Sin ponerme nostálgico, parecería que cada vez son menos las personas hoy en día que trabajan para la perfección. En ellos incluyo, empleados, profesionales, jefes; gente de oficios, etc. Te desafío que encuentres un buen carpintero, vendedor, jardinero, etc.

Las causas pueden ser muchas, tal vez no haya escuela, los aprendices no tengan paciencia, quienes encargan tareas hoy en día sean mucho menos exigentes, o incluso podría ser como eso del huevo o la gallina. ¿Cómo empezó?, ¿Qué hacer?:

Una alternativa es no hacer nada nada, otra exigir que las cosas se hagan bien y cito entonces a un jefe de Peter Drucker, que aplicaba un método para dar feedback a sus subordinados y que podemos resumir así: Empezar con las cosas que se hicieron bien.y seguir con las que habíamos tratado de hacer bien. Luego, revisaba las cosas en las que no nos habíamos esforzado lo suficiente y por último nos sometía a una mordaz crítica de lo que habíamos hecho mal o habíamos omitido hacer.

En resumen, exijamos lo más cercano a la perfección y como decía Mafalda, tomate un Nervocalm y capaz que tenés suerte.