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El tren toma fuerza en los Estados Unidos

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ilusiona a los ferroviarios estadounidenses.

El 20 de enero, cuando Donald Trump asuma como 45º presidente de los Estados Unidos es posible que se abra un nuevo capítulo en la rica historia ferroviaria del país.
Durante la campaña electoral, el presidente electo comparó más de una vez a trenes norteamericanos y los igualó con aquellos que circulan en los países del Tercer Mundo.
En un acto político llevado a cabo en Ohio resaltó que "en China construyen trenes bala que van a 300 millas por hora, y nosotros tenemos trenes que van resoplando así: chug-chug-chug".
Como desarrollador inmobiliario de Nueva York, Trump tiene claro que las conexiones con trenes pueden servir de ancla para inversiones fuertes en bienes raíces. Para que su plan muy promocionado de destinar u$s 1.000 millones para infraestructura sea un éxito, precisará aprovechar grandes cantidades de fondos privados con cantidades muy pequeñas de dineros públicos.
Por su parte, Elaine Chao, nombrada por Trump como secretaria de Transporte, adelantó que "este tipo de plan financiero podría funcionar para un proyecto de trenes a lo largo de un denso corredor entre ciudades que tenga muchas oportunidades de desarrollo".
La paradoja es que los republicanos se opusieron tenazmente al plan de Obama para destinar u$s 8.000 para construir líneas de alta velocidad entre gran des ciudades. Incluso mandaron al freezer su proyecto de ley para financiar rutas y trenes con un presupuesto de u$s 478 mil millones, Finalmente y tras arduas negociaciones y concesiones, en diciembre 2015 se aprobó una versión reducida del proyecto con un costo de u$s 305 mil millones.
Trump anunció su intención de crear empleos con mejoras llamativas de infraestructura. En esta estrategia, seguramente sea una buena apuesta darle una inyección de fondos a estos proyectos de trenes rápidos existentes. Más ahora, cuando la Administración Ferroviaria Federal finalmente publicó normas actualizadas de seguridad para los trenes rápidos, situación que agilizará las aprobaciones de proyectos en el futuro.

Un emblema

En el estado de la Florida, el proyecto emblemático es el de unir Miami con Orlando con un tren de alta velocidad. El emprendimiento nació, murió y resucitó mil veces.
En 2011 el gobernador Rick Scott rechazó u$s 2.400 millones de fondos federales para una línea ferroviaria rápida entre Orlando y Tampa debido a preocupaciones en cuanto a sobrecostes estatales. Lo mismo hicieron por entonces sus pares John Kasich de Ohio y Scott Walker de Wisconsin con cuotas de u$s 8.000 millones en fondos para el plan de estímulo ferroviario de Obama. Fue allí cuando la empresa privada de trenes "All Aboard Florida" ofreció planes de construir un sistema de trenes de pasajeros a lo largo de la costa este de la Florida a una velocidad de entre 120 y 190 kilómetros por hora.
Los avances producidos hasta la fecha y la expectativa de un apoyo concreto desde la Casa Blanca con Trump ilusionan a los habitantes del estado del sol respecto a la concreción definitiva de este emprendimiento.
En la costa del Pacífico, otro proyecto ambicioso es la conexión ferroviaria a 320 kilómetros por hora entre Los Ángeles y San Francisco a un costo de u$s 68 mil millones, Será este el primer y hasta ahora único proyecto de alta velocidad en el país.
Disputas sobre tierra, desafíos de ingeniería y oposición incansable de unos cuantos políticos generó diversos cambios en el plan que fuera aprobado por los votantes del estado en 2008. A la fecha se están construyendo viaductos, puentes y muros protectores. Una infraestructura que sería difícil de abandonar a estas alturas, a pesar de alguna especulación al respecto.
"Si las autoridades federales le dieran prioridad a California, simplemente podrían emitir un cheque. Esperamos esta actitud del nuevo gobierno", dijo a Transport & Cargo Andy Kunz, presidente y CEO de la Asociación de Trenes Rápidos de EEUU.
Sin embrago, y como la política siempre se mezcla en estos temas, es poco probable que Trump llegue a favorecer a California, un estado mayoritariamente demócrata. Más aún cuando los líderes de ese estado se están organizando para oponerse a muchos de sus puntos clave en cuanto a políticas.