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El gran dilema de la economía argentina

Las recetas económicas son efectivas en el cumplimiento de sus principios, cuando corrigen los males que se evidencian, y atacan las causas progresivas.

por  NICOLÁS SOLDATICH

Economista
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El gran dilema de la economía argentina

La economía suele ser controversial en sus opiniones, podemos encontrar una variada gama de recetas para un mismo problema, aunque existe consenso en que partiendo de los recursos existentes, se deben realizar las previsiones que permitan desarrollarlos, asignarlos y sostenerlos teniendo como fin al hombre, su desarrollo y bienestar en el conjunto de la sociedad.

La previsión es muy importante, "mejor prevenir que curar", esto último es más costoso. Un médico sanitarista y homeópata, me preguntó un día, ¿a quién se le mueren más pacientes? ¿al sanitarista o al cirujano?, la respuesta es obvia, nada es más importante que buscar las causas que generan las afecciones y tratarlas, eliminando la posibilidad que la enfermedad regrese. Podríamos reconocer en esa práctica un gradualismo ampliado o anticíclico, si en cambio buscamos atacar directamente el resfrío, independientemente de la causa que lo generó, podríamos estar frente a una práctica de shock.

¿Qué pasa cuando el daño ya es mayor?, afecciones que impidan el correcto funcionamiento del organismo, una insuficiencia orgánica, el tratamiento es quirúrgico, es traumático, angustiante, duele antes y después.

Cuando un país no se ocupa de sus enfermedades en forma integral, y actúa atacando solo sus picos de fiebre sin ocuparse de las causas que lo genera, se multiplican las afecciones y se torna imposible atacarlas simultáneamente en forma gradual.

Las decisiones sobre las cuentas públicas de un país, no son muy diferentes a la de las familias, solo cambia la escala de ingresos y gastos, y cuando la segunda es mayor que la primera tenemos déficit, por lo tanto, o bajamos los gastos o aumentamos los ingresos. Con inflación constante se hace más difícil contener el gasto, y si queremos aumentar los ingresos, la forma más sana es haciendo crecer las exportaciones, pero antes debo mejorar los precios relativos de la economía, lo que implica aumentar el tipo de cambio mediante una devaluación.

En nuestra economía tiene su costo, ya que dadas las circunstancias inflacionarias y la dependencia de los insumos importado, una modificación del tipo de cambio es trasladable en un porcentaje a los precios, costos del sector privado y estatal, esto aumentará el gasto del sector público y el de las familias, que verán disminuidas su capacidad de compra, perjudicando el consumo interno y la actividad productiva.

Como alternativa a una devaluación, nos queda el endeudamiento externo, pero el ingreso de dólares deprecia el tipo de cambio, y al ser cambiados a pesos para poder hacer frente a los gastos, aumenta la cantidad de la moneda local, el BCRA debe rescatar esos pesos mediante la venta de bonos (Lebac), aumentando la tasa de interés para que sean atractivos, esto afecta las inversiones internas que permitirían reactivar actividad productiva. Podríamos seguir ensayando diferentes recetas pero llegaremos al mismo resultado, mayor recesión, inflación, endeudamiento, caída del nivel de actividad y empobrecimiento progresivo, es decir, la infección ya está desatada en todo el cuerpo, llevando al paciente por el patíbulo hacia el quirófano.

Resultados

El tratamiento que se viene aplicando con diferentes especialistas no termina de dar resultado (se dividió el Ministerio de Economía en siete organismos específicos), la necesidad de un médico de cabecera (Ministro de Economía) que ordene la estrategia para atacar los múltiples males se hace cada vez más evidente; En este punto, tanto en medicina como en economía, se va haciendo necesario recurrir a la intervención de un cirujano para extirpar el mal.

¿De qué sirve la disciplina económica si en definitiva terminamos en el quirófano?, la respuesta es sencilla, la economía es sumamente efectiva en el cumplimiento de sus principios, cuando se van corrigiendo los males que se evidencian, atacando sus causas progresivas, erradicando sus orígenes e implantando las vacunas preventivas, tomando las medidas necesarias que permitan mantener siempre un buen estado de salud. Cuando la economía está enferma endémicamente (en los últimos 60 años, 56 de ellos tuvimos déficit fiscal), y no se atacan los efectos que causan esos problemas, sin hacer prevención y previsión, indefectiblemente nos toca pasar por la manos del cirujano, las consecuencias de ellos son dolorosas y molestas, pero es el único camino a la recuperación si queremos que el fin de la economía sea el hombre y su bienestar.