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DOMINGO 24/03/2019

El freno de la sociedad

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por  MARCELLO VACCARI

Managing director del grupo VACLOG RVA

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El freno de la sociedad

La actividad económica privada es muy necesaria en Argentina, es casi el 50% y financia con su pesada carga impositiva al otro 50% que es actividad económica pública y el Estado. El recurrente problema ha sido el tamaño del gasto y cada tanto desembocamos en crisis de gasto público y como financiarlo.

Es imperioso que la actividad privada aumente y cambie la proporción entre lo privado y lo público. Hay que liberar y hacer más sencilla la inversión privada, que los emprendimientos pequeños y grandes en marcha crezcan y que haya muchos nuevos.

El sentido común diría que nadie puede estar en contra de crecer y generar empleo, sin embargo, uno de los problemas es que nuestra sociedad pone frenos a nuevos proyectos privados que deberían recibir el impulso y no el repudio de la gente dado que son generador de empleo y de economía sana que pagará impuestos.

Por ejemplo, el aeropuerto de Palomar (siempre fue aeropuerto) ha recibido el rechazo de muchos vecinos, olvidando que es un gran motor de empleo genuino para los vecinos de la zona (personal de tierra, mecánicos, maleteros, comida, taxis). Otro ejemplo, la oposición de algunos intendentes de la Patagonia al paso por las actuales vías de su ciudad del tren que llevará y traerá insumos y productos desde Vaca Muerta a los puertos. Imposible que este proyecto tan importante para el futuro sea eficiente sin una red de transporte barata que a su vez generará más empleo indirecto.

Podría haber cientos de otros proyectos mineros frenados por oposición social a pesar que se puede hacer minería con un impacto ambiental controlado. Encima la riqueza minera es del Estado o sea de todos y cuando no se explota no es de nadie. Ni siquiera generamos un mercado de colección porque no podemos ni tocar, ni recoger meteoritos, fósiles y a veces minerales que se oxidan en el campo porque son patrimonio nacional.

Cualquier actividad económica genera impacto, hasta el turismo. Hay que controlar fervientemente que ese impacto sea el menor y liberar las cadenas y barreras mentales que nos frenen. Que contrasentido, somos un país pobre pero potencialmente rico; porque si no liberamos la riqueza, si no la procesamos y la vendemos estará allí, mientras miles de Argentinos viven en la pobreza o trabajan para el Estado.

Sigamos yendo a San Cayetano pidiendo pan, paz y trabajo, pero es imprescindible para generar pan que haya trabajo y ambos para la paz. Ojalá algún día oigamos el ruido de nuestras propias cadenas romperse y la gente apoye fervientemente la creación de nuevos proyectos, nuevas empresas, nuevos comerciantes y nueva riqueza.

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