Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

El espacio marítimo:nuestro "otro país"

Tras la resolución internacional, la soberanía se extiende sobre otros 6 millones de kilómetros cuadrados del mar y de su plataforma continental sumergida.

por  JUAN CARLOS SCHMID

Secretario General de la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval de la República Argentina
0

La Comisión de Límites de la Plataforma Continental, órgano de la Convención de Naciones Unidas del Derecho del Mar, por unanimidad reconoció el planteo de nuestro país sobre el límite exterior de dicha Plataforma, en una decisión que significa sumar a nuestra soberanía casi 1.800.000 kilómetros cuadrados.

Hay que destacar que este logro es fruto de haber mantenido una política de Estado a lo largo de los sucesivos gobiernos durante los últimos veinte años. Los estudios técnicos, científicos y jurídicos para establecer el límite externo de nuestra Plataforma Continental comenzaron en 1997, demandaron doce campañas oceanográficas y culminaron en la presentación, en abril de 2009, de la posición argentina, que tras siete años de análisis y verificación, llevaron a la decisión favorable del organismo internacional demostración ejemplar de que, con persistencia, responsabilidad e inteligencia, podemos lograr objetivos en beneficio de todos. Vale entonces un llamamiento al actual gobierno y toda la dirigencia argentina a consensuar políticas de Estado en distintos campos, para provecho del país.

Es, al mismo tiempo, una excelente oportunidad para tomar conciencia de la importancia de nuestros intereses en el mar y su subsuelo. Históricamente, se ha pensado a la Argentina como un "país en seco", limitado a sus tierras emergidas, que en el continente americano abarcan algo menos de 2.800.000 kilómetros cuadrados. Tras esta resolución internacional, nuestra soberanía se extiende sobre otros 6.000.000 de kilómetros cuadrados del mar y de su Plataforma Continental sumergida: "otro país húmedo" que duplica la superficie de ese "país en seco".

Digo consciente y responsablemente que no podemos ser ingenuos. Los derechos que reconoce la comunidad internacional pueden quedar en lo meramente declarativo si no somos capaces de hacerlos efectivos. Si no los ejercemos sobre cada rincón de nuestra geografía, no pasará mucho tiempo sin que sean cuestionados en la práctica y tengamos que litigar en distintos foros y por distintos medios para que esa soberanía sea real.

Conviene dar aquí un ejemplo que conozco muy bien, como hombre del sector. Con mucha inteligencia hemos construido una gigantesca vía de comunicaciones, la Hidrovía Paraná-Paraguay, pero debido a la desidia política, la falta de estrategia empresaria y el desmantelamiento de nuestra industria naval, logramos el "milagro" de que Paraguay se convirtiera en potencia mundial respecto de las flotas fluviales. Hoy, el tráfico que transcurre en ríos que en el 95% son de soberanía argentina, se realiza en barcos de bandera de otro país.

Prioridades

Mientras la Argentina intenta establecer prioridad en la defensa de sus fronteras terrestre ese mismo cuidado no lo ponemos sobre ese "otro país húmedo", cuyas dimensiones se han ampliado. Tengamos en cuenta que se trata de uno de los reservorios de recursos naturales con mayor proyección futura, no solo por sus pesquerías, sino por su subsuelo, rico en minerales, petróleo y gas, además de su relevancia como elemento estratégico.

En este sentido, ante el desafío que supone su custodia, conviene recordar el ejemplo de nuestro vecino, Brasil. Cuando se descubrieron las riquezas marítimas de Campo Tupí (petrolífero) y de Campo Júpiter (gasífero), en 2006 y 2008; el gobierno del entonces presidente Lula no demoró en cambiar la doctrina naval brasileña, en lo que puede considerarse la refundación de su Armada, tanto en su flota como en su fuerza aeronaval, con un programa de reequipamiento que incluye la construcción de submarinos atómicos.

No se trata de promover ninguna carrera armamentista, como querrá ver algún malintencionado. Es simplemente saber plantear la defensa de los intereses vitales estratégicos, económicos, comerciales y de proyección geopolítica en un mundo en el que todos estos recursos van a ser objeto de una muy fuerte disputa entre las potencias.

Desafío

La Argentina, se encuentra ante un desafío similar, con el agravante del deterioro que evidencian nuestras fuerzas navales desde hace décadas.

Inclusive no contamos con una marina mercante que asegure, en forma independiente, nuestro comercio exterior, por caso nuestro sistema de dragas estatales, imprescindible para mantener los canales de acceso y la operatividad de nuestros puertos, está en punto de colapso. Es difícil pensar que con esta radiografía de los medios marítimos con que contamos y de la industria naval que poseemos, podamos ejercer derechos efectivos sobre nuestro espacio marítimo soberano.
En el pasado ya demostramos que lo podemos hacer.

La Argentina fabricó buques graneleros, petroleros y de transporte, supo construir submarinos y logró, por políticas de Estado implementadas desde los años 50, armar un complejo industrial de altísima sofisticación, sustentado en una fuerte demanda interna, con un sistema de escuelas técnicas y carreras universitarias especializadas que nos dieron una capacidad inédita y que fue pionero en América Latina.

Le ha tocado a este gobierno celebrar un acontecimiento que es el resultado de generaciones de funcionarios y políticos que entendieron la importancia de una política de Estado. Argentina, además de celebrar, tendrá la responsabilidad de plantear a la sociedad que esta política de Estado debe continuarse a través de las realizaciones efectivas que permitan asegurar nuestros derechos.