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MIÉRCOLES 24/04/2019

Se terminó la crisis y Mauricio, como en Boca, gana por penales

La crisis terminó. Ahora, el desafío, es político. 

No está muerto quien pelea: Mauricio, levántate y anda. 

La gestión del Presidente Macri se puede dividir en dos dimensiones: la primera, en lo institucional, resulta razonablemente buena; la segunda, en lo económico, ha sido muy mala y sumamente arrogante. Pero ante el asecho K, lo institucional domina plenamente a lo económico, por eso banco a Cambiemos una y mil veces a pesar de que cruja con dolor mi estómago liberal.

Avívense: el “peronismo racional” es el caballo de Troya de CFK. La dimensión relevante en las elecciones que se vienen no es la económica, hay aspectos muchísimo más significativos.

La calidad institucional y la mismísima supervivencia de la democracia está en juego y en esa dimensión, el gobierno del Presidente Macri ha sido infinitamente superior a su pasado reciente. Me animo incluso a decir que es de lo mejor que hemos tenido desde la vuelta a la democracia en los 80 y esto es precisamente lo que estoy dispuesto a apoyar y a defender desde mi convicción liberal.

Como argentino celebro y agradezco la institucionalidad republicana del gobierno del Presidente Macri. El kirchnerismo, ese mismo que hoy defiende a la dictadura militar de Maduro, destruyó a la sociedad argentina en múltiples dimensiones difíciles de recuperar. ¿Qué nos asegura entonces, que si llegase a ganar el “peronismo racional”, ese que siempre apoyó al kirchnerismo, la secta K no se nos infiltre en el caballo de Troya y nos robe la poca institucionalidad que nos queda? Esto es lo que verdaderamente está en juego en las elecciones del 2019: olvídense de la pobreza, de la inflación, de la recesión, de la presión fiscal, porque si retorna el clan K, nada de esto va a importar.

En este contexto, necesitamos décadas de gobiernos mediocres pero razonablemente decentes como el que hoy tenemos, para salir definitivamente de esta agobiante locura K. Los argentinos de hoy no están para ser seducidos con nada superior a la mediocridad, cualquier político que intente desafiar ese estatus quo, encontrará una severa restricción mental imposible de remover en años por venir.

En este entorno, Cambiemos debe ser entendida como la purga amarga que deberemos tragarnos para digerir definitivamente al virus kirchnerista bajo una premisa excluyente: todo lo malo que acontece en este país tiene raíz K. Por lo tanto, estoy dispuesto a ingerir repetidas cucharadas de este jarabe rancio y amarillo por la subsistencia misma de la democracia en Argentina y de nuestras libertades más básicas como ciudadanos. A pesar de todo, y cuando digo todo digo mucho, bienvenido seas Cambiemos y si les queda alguna duda todavía, observen el sufrimiento de la ciudadanía en Venezuela y en Cuba. El kirchnerismo ya no puede tapar el sol con la mano.

Y a mis amigos liberales, sinceros, honestos y convencidos quijotes de la soledad, a quienes admiro y valoro profundamente, con todo respeto me permito decirles: no seamos ingenuos, no le hagamos el juego al kirchnerismo. Hoy no es tiempo de liberalismo en Argentina, hoy es momento de asegurarnos que la locura K no vuelva más, no seamos utópicos y no nos olvidemos que en Peronia la mayoría todavía y por mucho más tiempo no comprende a Hayek. En este 2019, voy a sacrificar nuevamente mi convicción liberal apoyando al Presidente Macri por la supervivencia de nuestra libertad.

Lamentablemente, la ciudadanía argentina de hoy, esa que votó mayoritariamente kirchnerismo sólo un par de años atrás y que hoy se queja de todo, no está para un desafío superior a la mediocridad, la cual en sí misma y a la luz de la coyuntura actual, es todo un logro a celebrar. Mientras sigamos discutiendo si la energía debe ser gratuitasi un motochorro debe ir preso o quedar en libertad o si los extranjeros tienen que tener acceso gratuito a la educación y a la salud que pagamos los argentinos con récord de presión tributaria, no estamos para otra cosa que para competirle a África

Hoy, los argentinos dicen odiar al liberalismo pero ni siquiera saben lo que significa: desde 1945 han vivido 74 años en socialismo y todavía no se dieron cuenta. De ahí la relevancia de educar y tomarse treinta años para que llegue el mensaje. Un cerebro no muta de socialista a liberal en un rato. Argentina es una nación que perdió su capacidad de soñar, es una sociedad que mayoritariamente se acostumbró a reclamarle a un Estado usurpador todo lo que no es capaz de conseguir con esfuerzo propio, los argentinos mayoritariamente se han olvidado de la sublime relación que existe entre el trabajo y la generación de riqueza.

Una cosa es enfrentar un sendero severamente complejo y otra infinitamente peor es entrar en caos. Lo hecho por este gobierno socialdemócrata y tan falto de audacia y liderazgo en lo económico que se ha convertido en un fenomenal mamarracho amarillo. Lamentablemente, el equipo de economistas socialistas de Cambiemos hizo todo mal y nos condujo a la innecesaria y severísima crisis del 2018, pero siempre que llovió en Peronia, paró.

Para el bien de todos los argentinos, el FMI ahora está al mando y comienza a estabilizar a nuestra economía. No es casual que el riesgo país esté bajando fuertemente. Desde Wall Street descuentan un FMI adentro y economistas de Cambiemos afuera. Sin embargo, mucho argentino a quien los medios le taladran la cabeza cotidianamente, no sabe que lo peor de la crisis pasó en 2018. Somos africanos, sí, y lo seremos por mucho tiempo pero a pesar de ello, el 2019 será un año mucho menos malo. Desde abril y como siempre de la mano del campo, la economía real pegará la vuelta para decepción de los armagedónicos de siempre.

Mediocridad asistida

Resulta gratificante ver cómo, de a poco, las medidas del FMI empiezan a sacarnos de la locura a la que nos condujo Cambiemos en 2018 y se vislumbra un escenario que vengo anticipando desde mediados del año anterior: “mediocridad asistida”, entendido como un país que se estará muriendo por años enteros pero siempre respirando y necesitando asistencia. Está también a la espera de una formidable restructuración en tres frentes insoslayables: previsional, tributario y laboral. La mediocridad para el próximo lustro es el mejor escenario posible y la alternativa es el caos, todo político que sugiera lo contrario, miente descaradamente.

No se equivoquen, quien comienza a estabilizar a la economía argentina no son los economistas de hoy en Cambiemos, que son más o menos los mismos que nos llevaron a la crisis de mayo 2018: el mérito es 100% del FMI. Irónicamente, el FMI está protegiendo al Presidente Macri de su propio entorno de economistas. En esta incipiente y bienvenida normalización, desde enero quizá se haya abierto una impensada ventana de positividad hacia activos argentinos en anticipación a la reacción que en breve mostrará la economía real. Todo empieza a pegar la vuelta de caras a las elecciones que ganará Cambiemos con sorprendente facilidad porque enfrentará a un peronismo sin líder. Para decepción de muchos, no habrá ni crisis, ni default, ni explosión.

Es muy positivo el ritmo de renovación de LETES y aumenta la probabilidad de financiamiento de corto plazo. Este aspecto se viene correlacionando muy fuertemente con el CDS a un año de Argentina que ya colapsó 350 puntos desde el fatídico diciembre 2018 y hoy ya está cerca de los 400 basis. Me da la sensación de que éste es el aspecto local que, sumado a una FED laxa a nivel monetario, está dominando el rally de la deuda soberana.

Nos guste o no, el desafió de Presidente Macri para su segundo mandato será superar a África en riesgo país, lo cual implicará un largo y durísimo camino desde los 630 actuales a los 360 donde cotiza Egipto por ejemplo, a cinco años de CDS.

Lo cierto es que con un poco de suerte, el Presidente Macri podrá enfrentar las elecciones con una economía en franca recuperación, con un dólar razonablemente estable y con un riesgo país que sin exhibir desde estos niveles una aceleración significativa a la baja, pueda al menos estabilizarse en la zona de los 600/700 puntos. Este escenario que imagino y se condice con mi definición de “mediocridad asistida” es lo que considero más probable hasta saltar el riesgo electoral. Luego, y si la FED permanece laxa, es posible un rally abrupto en deuda argentina que lleve al CDS a cinco años debajo de los 500 puntos.

Por el bien de todos y ojalá así sea, tengo la sensación de que el tiempo de la crisis ya fue: Mauricio, como en Boca, ganará por penales y esta vez quien patea al arco es el FMI.

El autor es Head of Strategy, IEB