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Data mining: del seguro basado en el uso al Gran Hermano de la industria

Las aseguradoras están avanzando en sistemas de monitoreo de la información de sus clientes para establecer con mayor los riesgos y así calcular una adecuada prima. Los avances en el segmento de autos y sus implicancias en el mercado.

La tecnología revolucionó la mensura del riesgo. Para calcular el riesgo, la aseguradora necesita información. En el caso de los autos, hasta hace poco se fijaba la prima según el sexo, la edad y las multas. Ahora, gracias a la tecnología, el mismo experto puede conocer qué camino toma el conductor (si recorre zonas "peligrosas" residenciales, céntricas o rurales), a qué velocidad conduce, cómo frena y hasta las condiciones climatológicas que lo afectan. Con la herramienta adecuada, el auto se comporta como una caja negra. Así, el experto obtendrá algoritmos cada vez más precisos sobre el cálculo del riesgo y los precios a cobrar en consecuencia.
Esto es posible cuando el conductor acepta que su vehículo sea monitoreado por el asegurador, incorporándose a la modalidad UBI (usage-based insurance) a cambio de una reducción del precio de la cobertura. El sistema es furor en EE.U., Canadá, Europa y otros lugares. En Norteamérica está previsto que un 20% del parque automotor esté monitoreado dentro de cinco años. Los consumidores, ¿qué opinan? En EE.UU., el 37% aceptaría el monitoreo de sus hábitos de conducir. En Canadá, el 28% también, pero el 50% no está entusiasmado al respecto. No obstante, y una vez obtenida la data, ¿cómo se comporta la aseguradora? ¿Sube o baja los precios según el modo de conducir y lugar donde lo hace cada monitoreado? En Canadá, solo puede bajar la prima. Pero los analistas no están muy convencidos que ese límite seguirá en el futuro. Después de todo, ¿cuál es la racionalidad de monitorear si no se usan los datos obtenidos?
En Estados Unidos, las aseguradoras podrían legalmente rebajar las primas a los "buenos" conductores o subirlas a los "malos" según la data obtenida. También cuando consideran un reclamo o renuevan coberturas. El uso es mucho más agresivo para definir lo que las compañías llaman un "seguro más personalizado".

El uso de información privada
Un tema preocupante es qué hacen las firmas con la data que recolectan. De sus políticas de privacidad resulta claro que se reservan el derecho a compartirla con "terceras partes". Lo que es tecnológicamente imposible de garantizar, más allá del rebuscado lenguaje legal que usen.
Los expertos creen que faltan solo unos pocos años para que las aseguradoras operen una industria centralizada de databases, con la que los asegurados serán los adjudicatarios -más o menos felices- de pólizas "personalizadas". Cuándo esta suerte de "gran hermano asegurador" esté presente, depende de la cantidad de gente que acepte perder privacidad a cambio de un seguro más barato. Si cada vez más gente pide el sistema, la prima inicial será una especie de penalidad para quienes no quieran participar. Y si los buenos conductores se vuelven mayoría y los descuentos se multiplican, es probable que las compañías se vean obligadas a subir las primas. Aunque el asegurador no considere importante dónde se detuvo un auto en determinado día y hora, es posible que el abogado del cónyuge del conductor en proceso de divorcio lo tenga. Y obtenga algún reparo si oficia a la empresa.
Usando algoritmos se puede llegar a conclusiones sobre el conductor que están fuera del propósito del monitoreo. Cualquier asunción del asegurador, no va a gozar de la objetividad que tendría una resolución judicial. Ni de sus garantías. Derivar una conclusión de un algoritmo no contempla necesariamente el contexto de cada persona.
Hay cuestiones inherentes a la privacidad, aún cuando su cesión sea voluntaria, que deberían ser consideradas y explicadas a los asegurados. Porque los asegurados no consienten expresamente el uso que les den las "terceras partes" a su información. Si ésta se halla desparramada por la web, su privacidad se hará trizas. Transparencia, en este caso, debería ser una condición de mercado.