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Dime dónde quieres ir y te diré qué manejar

Con destinos que merecen y exigen hacerse sobre ruedas, la Argentina es uno de los países en los que el roadtrip se impone. Qué vehículos elegir según el viaje a emprender.

Dime dónde quieres ir y te diré qué manejar

Gracias a la versatilidad de sus paisajes, a la complejidad de acceder a sus rincones más ocultos y a las largas distancias que se deben recorrer, la Argentina aparece como uno de los destinos más seductores para los fanáticos de los roadtrips. Aun con serias carencias en sus rutas, desprovistas de servicios y de mantenimiento, y muchas veces inseguras, hay ciertos destinos que merecen y exigen hacerse sobre dos o cuatro ruedas. ¡A abrocharse el cinturón! 

Por las sierras, en 4x4

Si se trata de tener una experiencia off-road, Córdoba es, quizás, el destino más apropiado. Además de presentar enclaves óptimos para recorrerlos en vehículos 4x4, la provincia mediterránea está situada medianamente cerca de la mayoría de las grandes ciudades del país. Un dato no menor si se viaja hasta allí en una camioneta de doble tracción, que suelen tener un consumo más alto que el resto.

Con paisajes estampados de montañas y arroyos de aguas cristalinas, las sierras cordobesas siempre serán una buena elección para un viaje relámpago. Los senderos inexplorados de los cerros, las pircas milenarias, los valles con pueblos vivos de tradición y silencios, sus ríos, sus cascadas, el escenario da paso a la adrenalina, abre juego a la aventura y convierte a las serranías en un destino ideal para realizar travesías extremas a bordo de un vehículo 4x4.

¿Opciones? Las agrestes condiciones de los senderos de montañas exigen robustez y, sobre todo, un chasis alto, incluso hasta más elevado de como viene de fábrica. Debe ser doble tracción (con baja), y es clave retirar los estribos y usar cubiertas con un buen taco. Tanto la Toyota Hilux como la Volkswagen Amarok, las dos camionetas más vendidas en el mercado nacional, pueden adaptarse a este tipo de travesías.

Casi al límite de las sierras cordobesas con San Luis, aparece el cerro Áspero, una gema oculta. A sus pies, subsiste, con un solo habitante, un pueblo abandonado desde hace casi 30 años. El habitante unánime es Carlos Serra, y el paraje es Pueblo Escondido. Emplazado en un pequeño valle y atravesado por arroyos casi siempre helados, el caserío supo ser durante décadas el hogar de una colonia minera dedicada a la extracción de wolframio. Pero, entrada la década del ’70, la mina se apagó y el pueblo se quedó dormido.

Hasta que llegó Serra. Amante de la pesca y el turismo aventura, reacondicionó el sitio, le dio forma de refugio y allí ofrece alojamiento, comida caliente y cerveza artesanal a quienes se aventuran por esos sitios. El tema es llegar a Pueblo Escondido, y es allí donde se enciende la adrenalina. Para evitar disgustos, tan imprescindible como realizarlo en una 4x4 es salir con mucho tiempo de anticipación. Para los primerizos, lo ideal es dormir en Merlo y encarar la travesía desde bien temprano. Una vez llegados, también, lo aconsejable es pasar la noche en el refugio y retornar el día siguiente. El camino es muy exigente, requiere de maniobras sofisticadas, cruces de arroyos y rocas y, sobre todo, una muñeca con experiencia al volante, ya que puede llevar hasta seis horas.

“Es de las travesías más difíciles que hay en Córdoba. pero no imposible. Con una camioneta estándar alcanza. Todo va a depender de quien maneja”, advierte, en reiteradas oportunidades, Benjamín Serra, hijo de Carlos y también administrador del refugio.

En Pueblo Escondido hay opciones para todos. Se puede hacer cima en el cerro Áspero, luego de un arduo trekking, o perderse en las penumbras de alguna de las minas abandonadas. También recorrer la antigua planta procesadora, el viejo caserío o adentrarse en la quebrada que une tres ríos y forman piletones y cascadas (el salto del tigre, imperdible). “El camino se va a conservar como está. Es parte de la esencia el viaje. Llegar, sufriendo, hace que la gente aparezca en el pueblo de una manera especial”, cuenta Serra.

Al sur del cerro Áspero, también en el límite con San Luis, la zona de Alpa Corral, otro pueblo serrano poco popular, es otro destino de aventura. Allí es más librado al azar. Y más restringido. Para llegar a la zona de montaña, al oeste de la localidad, e intentar alcanzar el filo con San Luis, hay que pedir permiso en los diferentes campos que aparecen en el camino. La travesía es sumamente off-road, intensa y anónima. Hasta peligrosa. No hay refugios ni parajes, por lo que, otra vez, la experiencia al volante es un must. Pero valdrá la pena: las sierras aparecerán en su versión más salvaje. El plan es sorprenderse.

La ruta del vino, en auto

Si la idea es realizar un roadtrip relajado, sin sobresaltos, con un auto convencional y paisajes de ensueño, un destino apropiado es Mendoza. En una escapada es posible perderse entre viñedos, recorrer las mejores bodegas de la zona y, también, añadir una dosis de aventura en el Aconcagua.

En este caso, para buscar comodidad y por el buen estado de los caminos a recorrer, lo ideal es apelar a un vehículo confortable, de buen andar en ruta y con suficiente espacio. Si se viaja en familia o con amigos, un sedan de cinco puertas o una SUV pueden ser buenas opciones. Para el primer caso, el Chevrolet Prisma, con 2778 patentamientos en septiembre, puede ser un ejemplo; al igual que el Cruze, también de Chevrolet, o el Ford Focus. En el caso de la SUV, las opciones más populares son la Ford Eco Sport y la Renault Duster. Si se viaja en pareja, un vehículo de los de segmento chico cumple con las exigencias.

“Es importante no prescindir del navegador GPS para no perder tiempo en llegar a las bodegas más escondidas, ya que en muchas zonas las señalizaciones son escasas y los caminos solitarios. A la vez, son rutas muy vigiladas por la policía, hay que tener todo en regla y quien maneja deberá hacer el gran esfuerzo de no tomar alcohol”, advierte Lucio Álvarez, un viajero frecuente de la región de Cuyo. 

Al ser época de vendimia, con las bodegas en pleno funcionamiento, febrero, marzo y abril son los meses ideales para realizar la ruta del vino. Eso sí, también será la época con más turistas (de todo el mundo), por lo que la hoja de ruta, con más de 200 opciones de bodegas abiertas al público, debe ser bien programada. El plan, no obstante, será unánime: degustar del verdadero vino y de las comidas típicas de la región, maravillarse con los atardeceres, caminar por los viñedos, explorar las cavas, asombrarse con la arquitectura (antigua y moderna) y volver a casa creyéndose enólogo.

En la zona de Luján de Cuyo, las localidades de Vistalba, Agrelo y Pedriel alojan a varias de las bodegas más imperdibles de la provincia. En la zona de Vistalba, vale por inclinarse por una visita a las antiguas bodegas Durigutti y Kaiken. Unos kilómetros más al sur, en Agrelo, hay opciones de sobra: Cobos, Séptima, las pequeñas Sottano y Melipal; y otras más populares, como Catena Zapata y Chandon. En la ruta 40, ya en Pedriel, las más seductoras son Norton, Terrazas de Los Andes, Dante Robino y Achával Ferrer. Unos 60 km al Sur, en el Valle de Uco, es posible disfrutar de bodegas de peso como Salentein y O. Fourier.

El departamento Maipú es otro de los destinos top de la provincia. A la altura de Carrodilla, se destaca la histórica bodega López y también otras más pequeñas, pero no menos imperdibles, como Tempus Alba, CarinaE o Domanine St Diego. Camino de regreso a Mendoza, otras opciones son las clásicas Luigi Bosca, Lagarde o Alta Vista. Al este de la capital, las localidades de Coquimbito y Fray Luis Beltrán alojan a bodegas de tradicionales como Trapiche, La Rural y Familia Zuccardi.

Ya bien degustados, los menos perezosos pueden añadir una dosis de aventura con una escapada a los miradores del Aconcagua, a unos sinuosos y transitados 200 km de la ciudad de Mendoza y a más de 3000 metros de altura. En ese mismo trayecto vale guardarse algo de aire para tomarse unos minutos en el mítico Puente del Inca.

La Ruta 40 y la moto

Según la revista Outside, una de las publicaciones referentes del turismo aventura, los cuatro mejores destinos para viajar en motocicleta del mundo son la Alta Ruta Alpina de Grossglockner, en Austria; el Manali-Leh Road, en India; la Route 6, de Nueva Zelanda; y… la mítica Ruta 40, que recorre la Argentina desde La Quiaca, en Jujuy, hasta Punto Loyola, en Santa Cruz, totalizando 5194 km.

Con innumerables destinos, trayectos y secretos, la moto se adapta perfectamente a la versatilidad de un viaje en el que no es justo resaltar un itinerario o remarcar imperdibles. Sí vale repartir, geográficamente, la ruta en norte y sur. Con paisajes y condiciones completamente distintas, las recomendaciones básicas son evitar el invierno en el sur, por las temperaturas y el viento, y tener precaución con las lluvias veraniegas y la amplitud térmica en el tramo norte. Otros tips: utilizar cubiertas multipropósito (asfalto, tierra y ripio), no desafiar la autonomía (llevar un bidón de combustible debido a las largas distancias), contar con conocimiento de mecánica básica y un kit de repuestos, y equilibrar la carga y cantidad de equipaje.

Por adaptarse a cualquier tipo de terreno (un rasgo esencial para los motoqueros), ser económicamente accesible desde su precio, su consumo hasta su mecánica, y por ser Honda, sinónimo de confiabilidad, la Tornado XR250 es la motocicleta ideal para iniciarse en este tipo de viajes. Este modelo, exclusivamente regional, que desde septiembre se exporta a nueve países de la región, se comercializa desde $ 88.600. Para salir a la ruta habrá que añadirle las alforjas, parabrisas y mejorar las luces, entre otros retoques que dependerán del viajero.

“La Ruta 40 es enigmática, es el sueño de todo motoquero. No se puede elegir un destino en especial, cada uno tiene su magia y condimentos diferentes”, confiesa Miguel Ángel Barroso, un cordobés que recorre el país desde hace un par de años con su novia, Julieta, y su amante, una Tornado. “¿Qué tiene de bueno la moto? Que la gente te ve más vulnerable, siempre se te acerca y te pregunta si necesitas algo. Nunca estás solo”, agrega Barroso, a quien aún le falta completar el lado sur de la travesía y que se quedó enamorado de los paisajes salteños de San Antonio de los Cobres y Quebrada de la Flechas. Pero no tanto como de “su Tornado”, que no confía en el GPS y que solo viaja hacia donde indican los mapas de papel.