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Alemania rutera, una experiencia obligada para los amantes de los viajes

Más de 2500 km uniendo los cuatro puntos cardinales del país a través de las autobahn y con dos vehículos de lujo: los Mercedes AMG C 63S y GLC 43 AMG. Un relato en primera persona.

Mercedes AMG C 63S, un auto de lujo para recorrer Alemania

Mercedes AMG C 63S, un auto de lujo para recorrer Alemania

La primera vez que crucé el Atlántico fue en 2014 para asistir al Salón de Vehículos Comerciales más importante del mundo: el de Hannover, Alemania. También fue mi primer contacto con un país que me deslumbró desde que puse un pie en el aeropuerto de Frankfurt, que servía de conexión con aquella ciudad. Desde ese día, mi meta era volver por un tiempo más prolongado y, después de tres años, era hora de saldar esa deuda pendiente: tres semanas para visitar seis ciudades alemanas y con un condimento muy especial, en auto.

Primer mundo

En la pequeña ciudad de Paderborn, al norte del país, me encontré con el vehículo que me acompañaría durante siete días: un Mercedes AMG C 63 S Cabriolet, el más prestacional de la gama del mediano. El combo era el siguiente: un deportivo con motor V8 biturbo de 510 CV atravesando las famosas autobahnen, es decir, las autopistas que carecen (en la mayoría de los tramos) de límite de velocidad. ¿Hay algo mejor? Sí, que sea descapotable; pero, por esas cosas del destino, me siguieron en adelante siete días de lluvias.

Abro la extensa y pesada puerta del C, ingreso y las butacas AMG me abrazan. Aprieto el botón de encendido y un bramido emerge desde el largo capot gris. El display del instrumental muestra las siglas gloriosas encargadas de fabricar los deportivos más desbocados de la casa alemana. La cantidad de perillas y botones no es tan apabullante como el aire deportivo que se respira en el habitáculo de un AMG, ¡y en Alemania! Rápidamente, configuro el navegador satelital, el cual me indica que 550 km me separan de mi destino: Münich.

Mercedes GLC 43 AMG, un auto de lujo para recorrer Alemania
Mercedes GLC 43 AMG, un auto de lujo para recorrer Alemania

Pocos son los kilómetros que recorro hasta entrar a una autobahn, pero, antes, completo la ficha técnica: 71,4 kgm de torque entregados desde 1750 rpm hasta 4500 rpm y una caja automática de siete marchas con tracción trasera. Ese conjunto, más las rutas alemanas, dan como resultado la libertad. De los más de 500 km a recorrer, el 80 por ciento será en autopista. Todo en Alemania está unido por ellas, y el carril izquierdo es respetado por todos para su fin: sobrepasos, y a nadie se le ocurre adelantarte por la derecha.

En las zonas libres fue donde pude conocer (a conciencia) esa libertad a la que hice referencia. Alemania es la meca de la velocidad, y los productos que hacen allí son ideales para ello. El súper elástico biturbo hace que no le cueste nada alcanzar los 200 km/h. Son unos breves segundos los que te lanzan por el perfecto asfalto a toda velocidad. Y en modo Sport+ es cuando se eriza la piel, dado que se ajusta la dureza de los amortiguadores, la respuesta del acelerador y modifica la salida del escape, lo que da como resultado una sonoridad única y un paso contundente sobre el carril izquierdo.

Argentinos en Alemania: El rey de las empanadas de Berlín

 

“Tenemos 14 gustos de empanadas, pero, además, en este local ofrecemos milanesas a la napolitana, matambrito a la pizza, alfajores o panqueques, además de distintas variedades de vinos”.

Esto lo dice Maximiliano Pallochini, quien, junto a su socio Santiago Farfán Marqué, hace cuatro años abrió Gloria Berlín, un restaurante argentino ubicado en Görlitzer Str. 42. Con otro local de delivery y dos franquicias por abrir, recuerda: “Antes de llegar tuve durante 10 años un taller de restauración de autos de los ’60 y ’70, y sport prototipo. Ahora me traje desde la Argentina mi Coupé Torino TSX modelo ’79 que tiene un motor 3.8 de 200 CV. Ese auto lo eligió Renault Argentina para celebrar los 60 años de la planta de Santa Isabel en Córdoba”. Un fierrero de ley.

Tanto “pie pesado” hizo que el tanque, como era de esperar, se vaya vaciando rápidamente. Primer stop para repostar y una sorpresa: las playas de surtidores carecen de operarios. Uno se tiene que hacer cargo del proceso del llenado, con el cuidado de que gotas de combustible no caigan sobre la esbelta carrocería del C AMG. Tampoco hay nadie que reclame el pago al llenar, sino que hay que ingresar a la tienda e indicar el surtidor utilizado.

Retomo la autopista, mientras investigo el equipamiento tecnológico del vehículo. Una de las pantallas es la del reconocedor de señales de tráfico, donde es posible visualizar las máximas permitidas y monitorear el camino por delante. Se trata del sistema Collision Prevention Assist, que ayuda a evitar accidentes por alcance en las situaciones de riesgo típicas, a partir de una velocidad de 7 km/h. Utiliza un sensor de radar de medio alcance para supervisar el área por delante del vehículo hasta unos 80 metros. Cuando la distancia con el auto que nos precede disminuye, se enciende un testigo de color rojo en el instrumental. Si la distancia sigue disminuyendo rápidamente, suena una señal acústica a intervalos y, al mismo tiempo, el sistema activa el servofreno de emergencia adaptativo, que aumenta automáticamente la presión de frenado en función de la separación disponible.

La tarde cae en Münich. Ni bien entro en la ciudad, veo gran cantidad de camisas blancas y celestes a cuadros (en alusión a la bandera de la región de Baviera), lo que indica que el Oktoberfest está a pocas horas y, también, que es momento de guardar al C AMG en el garaje.

Münich: descontrol controlado

Hospedarse en Münich es caro, y más durante los 15 días del Oktoberfest. Cada cama por noche en el Meininger Münich City Center cuesta 55 euros, compartiendo la habitación con otras cinco personas. Lo bueno es que está a escasas seis cuadras del predio Theresienwiese (Prado de Teresa, en español) y es fácil llegar allí, dado que cuenta con una estación de subte donde confluyen las U4 y U5.

El Oktoberfest, imperdible
El Oktoberfest, imperdible

El ingreso al predio es gratis y en él conviven dos grupos: la familia que va a disfrutar del inmenso despliegue de la feria, con juegos a nivel parque de diversiones y puestos de gastronomía local; y los entusiastas cerveceros que populan las carpas dentro del enorme predio de 46 hectáreas. Hay varias de estas tiendas de campaña donde miles sacian su sed; la más grande puede albergar a 10.000 personas, sin contar a las bandas que tocan música típica en vivo. Es decir, hay casi 100.000 personas por día que toman cerveza sin miramientos. A pesar de semejante ingesta, todo es control y no se observa ningún desmán ni gente orinando fuera de las zonas indicadas. Todo es un desorden en medio de un mayor orden, y es vigilado celosamente por policías atentos a cualquier tumulto o, inclusive, atentado terrorista.

Un chopp de litro cuesta 10,50 euros y a quienes gusten de la cerveza helada se encontrarán con que no es tan fría, aunque sí más ligera.

Lo mejor a veces no se planea

Después de dos días en Münich no contábamos con rumbo cierto por tres noches, aunque sí teníamos el Clase C. Decidimos abrirnos paso por la A95 durante 90 km hasta llegar a la localidad de Garmisch-Partenkirchen o, como le digo desde entonces, “el Edén alemán”.

Uno de los impostergables: Garmisch
Uno de los impostergables: Garmisch

En general, a las grandes ciudades es mejor visitarlas a pie o tomando medios de transporte urbanos para ir de un lado a otro; en cambio, Gamisch sirve para ir a distintos atractivos que se ofrecen por fuera de la ciudad, como el Castillo de Luis II, a unos 35 km del centro. Y, de paso, experimentar la conducción citadina un poco más en profundidad. En este ámbito, y en modo Confort, el Clase C gastó 13,5 l/100 km, un número elevado pero lógico para semejante motor. A pesar del bajo perfil de las ruedas (255/35), en ningún momento se transmitieron sequedades al habitáculo. Primero, porque en ambos ejes el confort está garantizado por suspensiones del tipo Multibrazo; y, segundo, porque el camino –no importa si es calle, avenida, ruta o autopista– es una auténtica cinta asfáltica. Acá sí tiene sentido que el auxilio sea temporal o del tipo Run Flat (como el de la unidad), dado que es realmente difícil pinchar y, si ocurre, hay una gomería cercana a la que acudir debido a las cortas distancias entre poblados.

Garmisch, una ciudad tradicional
Garmisch, una ciudad tradicional

Si tuviera que comparar esta ciudad con alguna de la Argentina, sería Villa La Angostura. Sus sinuosos caminos rodeados de bosques y montañas la vuelven de ensueño.

A este encantador poblado llegamos un domingo, día en que nada está abierto. Por tal motivo, fue imposible ir a alguno de sus tres supermercados, aunque el lugar sí tenía su propio Oktoberfest: una pequeña carpa donde no solo se tomaba cerveza vestidos con trajes típicos, sino que se elegía a la “mejor oveja de la ciudad”; además de esquilarlas en plena plaza central.

Los días pasaron y era momento de dejar Garmisch para encarar hacia Stuttgart y devolver el Clase  C. Eran 270 los kilómetros que separaban a estas ciudades, y el clima no era el mejor al inicio. En total, fueron 978 km los que recorrimos con el Clase C. El tanque es de 66 litros y fue necesario parar a repostar tres veces, por lo que el consumo promedio de la excursión fue de 20,3 l/100 km.

Segunda etapa: Stuttgart - Berlín – Colonia

Es imposible dejar de escribir sobre las maravillosas autopistas alemanas. De los 632 km que nos tomó unir Stuttgart con Berlín, 600 fueron en este tipo de vía. Fue a mitad de la década de 1930 cuando comenzó su gran expansión, pasando de 1086 en 1936 a 12.917 km de este tendido en la actualidad, uniendo casi todo el país. Desde 1974, las autobahnen se denominan con una “A”, seguida por un número. Si es solo uno (ejemplo: A1), quiere decir que la misma es federal, o sea que cruza varios estados. En cambio, es regional si tiene dos (A 88) y a nivel urbano si tiene tres.

Ahora el vehículo para proseguir es un Mercedes GLC AMG 43, un SUV mediano de 1845 kilos, a los que hay que sumarles el peso de tres personas y un baúl (de 550 litros) repleto de equipaje. Es decir, estaba arriba de un auto en el que podría viajar una familia y hacer una excursión off-road con cierta soltura gracias a una tracción integral 4Matic, aunque también disfrutar de una conducción deportiva gracias a un V6 de 3,0 litros biturbo con 367 CV. A pesar de todo esto, los consumos fueron bastante contenidos, principalmente porque este motor se asocia a una caja automática de nueve relaciones de convertidor de par. Así, a 130 km/h constantes la aguja del cuentavueltas se situó en los 2000 rpm, arrojando una cifra de consumo de 10,9 l/100 km (autonomía de 611 km gracias a un tanque de 66 litros); y a 170 km/h en pleno carril izquierdo, el reloj marcaba apenas 2600 rpm en modo Confort. El bajo consumo también se debe al modo de conducción “a vela”, que entre los 60 y 160 km/h coloca la caja en un “punto muerto”, permitiendo que el motor gire al ralentí.

El muro de Berlín
El muro de Berlín

Berlín es la capital de Alemania, pero también se podría decir que es de todo el mundo. Más del 70 por ciento de su población no es originaria de allí, dado que conviven alemanes nacidos en otras regiones e inmigrantes de diversos países.

Si en las autopistas alemanas conocí la libertad al volante, Berlín es un posgrado para cualquier ciudadano del mundo. No importa tu corte de pelo ni el outfit que portes: todo es aceptado. Con la caída del muro en 1989, esta ciudad volvió a nacer para no volver a ser lo que fue y con una apertura al mundo sin igual. En relación a este, es imperdonable no visitar la East

Side Gallery, con 13 km del muro decorado. Una de las obras más famosas del Muro de Berlín es este Trabant P50 atravesando la pared de concreto que dividió a la ciudad desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989 (como reza la patente). Fue producido por la República Democrática de Alemania (socialista) en 1964 y destinado a ser el nuevo auto del pueblo (o Volkswagen). Los primeros montaban un motor de dos cilindros de 595 cm³ y 26 CV, y se mantuvo en producción hasta 1991, totalizando 3.132.240 unidades.

Colonia: la menos alemana

Un clásico, la catedral de Colonia
Un clásico, la catedral de Colonia

Momento de dejar la capital y cruzar el del país hasta Colonia. Luego de un almuerzo pesado de pastas y pollo, los 537 km hasta esa ciudad nos parecían eternos. Así fue que apenas conduje unos 200 km y dejé el mando para disfrutar de las amplias plazas traseras del GLC y tomar una siesta. Colonia, con un millón de habitantes, es la cuarta ciudad más populosa del país. El 10 por ciento de sus habitantes son estudiantes de toda Alemania, lo que hace que cuente con una importante vida nocturna de lunes a lunes. Otra de sus características es la abundancia de parquímetros distribuidos en cada cuadra. De hecho, existen carteles cada dos esquinas indicando la cantidad de plazas libres y no hay que fiarse, dado que fueron varias las grúas vistas remolcando vehículos en infracción.

Un dato fascinante es que, al culminar  la Segunda Guerra Mundial, solo quedaba en pie el 10 por ciento de esta ciudad, incluyendo la Catedral de Colonia, cuya construcción comenzó en 1248, pero fue concluida recién en 1880. Aquí descansan los restos de los tres Reyes Magos, que fueron transportados desde la Catedral de Milán en 1164. En Colonia, así como en otras ciudades importantes, es muy recomendable tomar los Free Walking Tours. Son visitas guiadas por los principales puntos que duran entre dos y tres horas, y es uno quien decide cuánto pagar en función del servicio ofrecido (5 euros es una buena cifra).

Stuttgart: último stop

Sin querer, partimos con rumbo a Sttutgart muy ajustados de tiempo, dado que debíamos devolver el Mercedes GLC AMG antes de las 15 hs y eran las 10.30 cuando encaramos la ruta, con una distancia a recorrer de 372 km. No quedó más remedio que sacarle nuevamente el jugo al V6 y las velocidades libres de la mayoría de los tramos. Así, bajamos la perilla del Dynamic Select de Eco a Sport+, para acortar la respuesta del acelerador, el flujo del escape y del paso de marchas, volviendo al GLC un auténtico AMG.

Argentinos en Alemania: Descubrir Colonia de la mano de un porteño

 

Toti Clement es de Buenos Aires y, cansado de su rutina de oficina, decidió aplicar para una de las visas de trabajo Working Holiday Program. Así surgió la posibilidad de volver a Alemania, donde ya había vivido un año, y hoy en día es guía de “Can You Handle It Tours”, una empresa que pertenece al circuito de los free walking tours.

“Vivir en Colonia es mágico. Es una ciudad grande pero, a la vez, con cierto espíritu de pueblo. Tiene mucha vida y se suceden en simultáneo eventos de todo tipo. En Colonia se aburre el que quiere, y así y todo, no se anda tanto a las corridas”, cuenta. A Toti lo conocimos con la chomba roja que caracteriza a los guías de la empresa, pero el 11 de noviembre, con motivo del Carnaval, todos en Colonia trabajan disfrazados. Él también.

Para mejor respuesta, optamos por echar mano a las levas detrás del volante para sobrepasos contundentes sin que el cambio suba a pesar de llegar a la zona roja del cuentavueltas. Además, con el Sport+ intervienen dos sistemas más: por un lado, el Ride Control ajusta la amortiguación y la rigidez de la suspensión, algo que logra gracias al Air Body Control, un sistema de amortiguación adaptativo para mejorar el dinamismo o confort. En este caso, al superar los 125 km/h, disminuye automáticamente la altura del vehículo para reducir la resistencia aerodinámica, volviéndola a la altura normal cuando se baje de esa velocidad.

En el trayecto, nos sorprendió un camino de autopista con diversas curvas muy divertidas de tomar, por lo que se pudo hacer un faldeo a alta velocidad, donde jugó un papel importante el sistema integral 4Matic, que reparte un 39 por ciento del torque (máximo de 53,1 kgm) al eje delantero, y un 61 por ciento al trasero, dándole un impecable dinamismo en tramos como este.

Triste despedida

Fueron más de 2500 km recorridos, con varias anécdotas y una certeza: cruzar Alemania con vehículos de este tipo a través de autopistas y sin límite de velocidad es una de las cosas que hay que hacer antes de morir.

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