Della Penna: "La F1 tiene que reinventarse"

El expiloto John Della Penna, creador del equipo Della Penna Motosports, analiza el presente del automovilismo argentino y adelanta el impacto que tienen las nuevas tecnologías sobre la industria.

Della Penna:

John Della Penna es argentino pero reside, desde hace décadas, en los Estados Unidos. Expiloto, creó el equipo Della Penna Motosports. Tras ganar el campeonato Toyota-Atlantic, avanzó en la serie estadounidense de automovilismo Indy-Car. Fue empresario hotelero e incursionó en la producción cinematográfica. En 2006, manejó las actividades de Pablo Perez Companc en el país del norte y, hoy, promueve la innovación, financiando start-ups y mentoreando a emprendedores. En un mano a mano, compartió su visión sobre el automovilismo en la Argentina y el futuro del sector. 

- ¿Cuándo se inició su amor por los autos?

Desde que tenía 5 años. Mi padre era camionero, inmigrante italiano, y trabajaba en un corralón transportando materiales. Me fascinaba ir con él en el camión. Desde allí, veílos autos y siempre le preguntaba porqué no teníamos uno. Los primeros vehículos que conocí y en los que viajé fueron un Beldford y un Mercedes Benz. Mis familiares cuentan que, con tres años, cuando me preguntaban qué iba a ser cuando fuera grande, respondía: "camionego".

- ¿Con qué rol se siente mejor: piloto o team manager? 

Me gusta ser piloto, pero prefiero el de dueño de equipo, que es un rol en el cual puedo dar más. Me gusta estar al frente liderando. 

- ¿Con qué piloto se sintió más cómodo trabajando?

Con Norberto Fontana y con Richie Probe.

- ¿Tiene alguna deuda con el mundo automovilístico?

Me hubiera gustado hacer más pero la vida es corta. Hay que reinventarse y probar otras cosa. 

- ¿Cómo ve al automovilismo argentino?

Bien: el fanatismo por el automovilismo argentino es muy firme. Hay que ver cómo se adquieren y retienen nuevas generaciones de aficionados. La juventud de hoy tiene muchas cosas que la distraen, los tiempos y formatos del automovilismo pueden ser incongruentes con su dinámica. 

- ¿Qué opinión le merece la Fórmula E?

En realidad, no la sigo. Creo que es un espectáculo más que una competición. 

- ¿Cómo cree que se transformará el automovilismo con los vehículos autónomos? ¿Cómo se reconfigurarán los roles? 

Es la gran pregunta. Con la tecnología que viene habrá muchos cambios en los próximos 10 años. El chico de hoy tiene a disposición simuladores mejores que los autos de carrera de hace 20 años. La F1 tiene que reinventarse. Hay que revisar la relación con las nuevas formas de consumir el contenido. Vender contratos televisivos pronto será una cosa del pasado.

- ¿Cómo surgió la idea de escribir Made in Argentina? ¿Por qué hacerlo ahora?

Tengo tiempo para hacerlo y con la esperanza de que mi experiencia le sirva a los jóvenes para realizar sus sueños. Como digo en el prólogo, devolverle a la Argentina un poco de lo que me brindó. Le debo al menos el 90% de mi carrera. Casi todo lo que sabía cuando empecé en esto, lo aprendí en la tierra que me vio nacer. Por eso quiero darle algo al país que ha sido tan generoso conmigo y creo que un modo de hacerlo es a través de este libro. El propósito al escribirlo es compartir mi experiencia y conocimientos con los jóvenes argentinos para inspirarlos, para que salgan a ganar.

- ¿Alguna anécdota de su infancia en Olivos que esté vinculada a los autos?

Nuestra casa quedaba a una cuadra de la quinta presidencial. Cuando nos mudamos a Olivos, la quinta llegaba hasta el Río de La Plata y tenía un puerto deportivo para la práctica de yachting. Había una pista de atletismo y canchas de fútbol, voley y básquet. Eran últimos años de la segunda presidencia de Perón y éste solía exhibirse recorriendo el predio junto a las adolescentes de la Unión de Estudiantes Secundarios o encabezando desfiles juveniles en motoneta. En la quinta presidencial se organizaban actividades para la comunidad. Los domingos se proyectaban películas infantiles en un microcine y en verano funcionaba una colonia de vacaciones. Los 21 de septiembre se celebraban bailes, a los que iba mi madre, junto con mis primas. Mi mayor recuerdo de esa época, es cuando manejé por primera vez. Tenía 12 años y uno de los muchachos del taller me ofreció manejar un NSU. Apenas llegaba a los pedales. 

-¿Por qué migró a los Estados Unidos?

Mis tíos vivían allí y yo quería explorar otros horizontes. Fue Freddy, un primo de papá que nos había visitado en Buenos Aires, el primero en sembrar en mí la curiosidad sobre la vida en ese país. Y aunque con 20 años no tenía una idea demasiado precisa sobre mi porvenir, había algo que sí tenía decidido: quería hacer algo grande y no estaba dispuesto a hacer concesiones.Tal vez fue ese uno de los motivos que me impulsaron a dejar mi país. La Argentina era la tierra de mis afectos, pero también de las dificultades permanentes. Nunca me gustaron los medios tonos; tampoco me sienta bien la comodidad. Siempre me atrajeron los desafíos y los proyectos que, a cada paso, exigen un nuevo esfuerzo por superarse. Pero en la Argentina de los años 70 las dificultades se multiplicaban y el esfuerzo resultaba insuficiente para alcanzar los objetivos. Quizás por eso, aunque lamenté distanciarme de mis seres queridos y dejar atrás una parte esencial de mi vida, cuando llegué a los Estados Unidos, tuve la sensación de volver a nacer. 
 

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