América unida en una combi

Una familia dejó todo por el sueño de ver en septiembre al papa Francisco en Filadelfia. En marzo, comenzó a desandar los 18.000 kilómetros que separan Buenos Aires con el final de la travesía en una van de 1980.

¿Es posible en este mundo acelerado dejar de lado la rutina y embarcarse en un viaje capaz de transformar la existencia? ¿Es un reto exclusivo de sujetos libertarios, rebeldes o hippies? Al parecer, no. Una familia argentina decidió dejar todo y en marzo se subió a una kombi Volkswagen modelo 1980 para recorrer 18.000 kilómetros de la vasta y complicada geografía americana "para celebrar la vida y salir al encuentro de otras familias".

Alfredo Catire Walker tiene 40 años y aún recuerda un viaje a París en el que tuvo la ocasión de conocer a Juan Pablo II. Su mujer, Noël Zemborain, nació en la Ciudad de Luz, creció en la Argentina y vivió en Barcelona, pero su casa es el mundo. No se trata de una locura. Ni de una decisión improvisada. Advertidos por un amigo de que el papa Francisco visitaría Filadelfia, los Estados Unidos, para celebrar un Encuentro Mundial de Familias, convencieron a sus hijos Cala, Dimas, Mía y Carmin para realizar esta aventura sobre cuatro ruedas.

Fiel compañera

Con el rumbo puesto en Filadelfia, el matrimonio comenzó a proyectar su viaje. Luego de un estudio de mercado puntilloso, Walker y Zemborain coincidieron en que un utilitario sería lo adecuado para su proyecto: simpática, de bajo perfil y todo terreno; al alcance de cualquier mecánico y con un aura retro que evoca películas como Little Miss Sunshine. Lo necesariamente adecuada como para dormir arriba, pero también un tanto incómoda como para volcarse a la hospitalidad de la gente que fuera apareciendo en el camino.

La combi, bautizada Francisca, es de fabricación brasileña, pero residía en el Tigre. El anterior dueño, un mecánico jubilado de Ford Argentina, había realizado arreglos para un viaje que nunca concretó. Su motor Boxer tipo trasero, refrigerado por aire y con una cilindrada de 1584 CC, se encontraba en perfectas condiciones. Eso sí: solo alcanza para andar a 85 km/h. "Que vaya lento no es problema; nos obliga a bajar el ritmo, a poder ver más detalles por la ventana que, de otro modo, nos hubiéramos perdido", comenta Zemborain a RPM mientras la familia cruza de Ecuador a Colombia.

Para financiarse, la pareja utilizó ahorros y vendió lo que no fuera a usar durante los siete meses de viaje. Al costo de la camioneta, estimado en $ 30.000, se agregaron las modificaciones para llevar a cuatro niños de entre dos y 12 años. Para dotar de comodidad a la cabina trasera, los Walker transformaron el furgón: pusieron una butaca a lo largo, contra el motor, un asiento individual adelante y una mesa entre medio, que se puede bajar a una segunda posición y hacer, de este modo, una cama. También, aislaron las paredes para evitar las temperaturas extremas y hasta incorporaron un baño químico. En resumen, la inversión se elevó hasta casi el mismo valor de compra de la van.

Además, la familia detalló los costos de la travesía. Apelando a la hospitalidad latinoamericana, descontó pasar varias noches en casas de familia y así fue hasta el momento. De todos modos, el matrimonio previó un consumo de combustible equivalente a u$s 12 cada 100 kilómetros (un total de u$s 2.160 hasta la llegada, prevista en septiembre); u$s 120 en repuestos de ruedas y cubiertas; u$s 600 en comida por mes; u$s 2.000 para cruzar el canal de Panamá por agua junto a la kombi y u$s 4.000 para los pasajes de vuelta desde Filadelfia, lugar del encuentro con el Papa. Para costear otros gastos, abrieron una caja de ahorros y lanzaron una campaña de recaudación de fondos en Indiegogo, una plataforma de crowdfunding.

Las sorpresas del camino

La familia aventurera partió en los primeros días de marzo de San Fernando. Por la Ruta Nacional Nº7, pasó por Luján y se dirigió a la localidad cordobesa de Laboulaye y de allí a Justo Daract, en San Luis. Tuvo una breve estadía en Mendoza; enseguida cruzó la Cordillera de los Andes. En Chile, recorrió Concón, Zapallar, Tongoy, Caleta Punta Choros, Copiapó, Antofagasta, Iquique y Arica. Luego, subió a Perú, hasta Arequipa, donde permaneció cuatro días, y siguió rumbo a Cusco, Abancay, Puquio, Nazca, Pisco, Lima, Casma, Trujillo, Pimentel y Máncora, en aguas ya cálidas del Pacífico. Al momento del contacto con RPM, la familia había cruzado el Ecuador y los días en Machala, Cuenca, Guayaquil y Montañita quedaban atrás para abrirle paso a Quito y, más adelante, a Colombia. Pronto, vendrán Panamá y la difícil misión de cruzar el famoso canal que los conectará con Centroamérica, México y los Estados Unidos.

El itinerario no resultó fácil. A poco de salir, Francisca casi pierde su motor por la rotura del retén del cigüeñal. Una advertencia a tiempo salvó el viaje a la altura de Laboulaye. En lo sucesivo, la familia fue más previsora y, para dar cada nuevo arranque, recurrió a la colaboración de muchas personas, especialmente, de los fans de Volkswagen, como en Perú y otras partes del recorrido.

Superadas las barreras mecánicas, los Walker-Zemborain se enfrentaron en Chile con las inclemencias de El Niño. Llegados a Choros, al norte del país trasandino, soportaron cuatro días varados en la ruta debido a las intensas lluvias y aludes. Cansados en el alma y en el cuerpo por el desastre en la zona, al llegar a Copiapó, recibieron algo de calidez humana en el convento de unas monjas dominicas. "Era un escenario dantesco, una Venecia de barro; la gente estaba descolocada y nos pedía que retrocediéramos y volviéramos a la Argentina", recuerda Noël. Para entonces, la pérdida de aceite más el esfuerzo por cruzar el barrizal hicieron mella en Francisca. Ya sin arranque en Copiapó, y a la espera de un repuesto, se involucraron en la misma ayuda a la ciudad afectada: repartieron comida a los desplazados y se hundieron en el barro para liberar las casas afectadas. Toda una epopeya de reciprocidad mientras la gente los alentaba.

Ya con arreglos, ajuste de válvulas y un curso de mecánica express, la familia siguió al norte. Siguieron buenas experiencias en Arequipa, otras caóticas como el ingreso a Lima, metrópolis conocida por su infernal tránsito. Más tarde, los días de relax en las playas del norte peruano y del Ecuador. "En cada lugar encontramos mucha generosidad. Incluso, hubo comités de bienvenida", recuerda la familia. En el camino se van acumulando momentos de nostalgia por los afectos que quedan rezagados, pero también de alegría por las nuevas curvas que el viaje les va presentando.

"La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad", asegura esta familia que sueña con mirar al Papa. Dejaron Buenos Aires llenos de entusiasmo y alegría y aún mantienen esa algarabía. ¿Hasta dónde se puede llegar cuando hay amor? Francisca es la muestra más patente de esa potencia que supera las marcas del velocímetro.
 

Hoja de ruta - Unos u$s 2.160 habrán desembolsado los Walker-Zemborain en combustible al fin de la travesía.
- u$s 120 estiman que gastarán en concepto de repuestos de ruedas y cubiertas.
- u$s 2.000 demandará el cruce del canal de Panamá.
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