Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
U$D
/
MERVAL

Como será el 2017 tecnológico

Como será el 2017 tecnológico

Realidad virtual

De nuevo, un concepto nada nuevo, pero que todavía no ha visto la luz por completo. El 2016 fue el año en que fueron lanzados todos los visores de realidad virtual que prometieron hacer realidad la tecnología, como el Oculus Rift, el HTC Vive o el PlayStation VR.

Sin embargo, estos llegaron para abrir el mercado y poco más. La experiencia que ofrecieron fue sin dudas exitosa, pero no estuvo planeada para llegar a las masas. Oculus, con un precio de lanzamiento de u$s 600, y HTC Vive, a u$s 800, parecieron dispositivos que apuntaron más a las élites que a el público en general que, además, debe contar con computadoras superpoderosas para correr los juegos y programas en realidad virtual, valuadas en u$s 1500.

Si bien el precio del PlayStation VR es de u$s 400, requiere la inversión de otros u$s 400 para la consola, ya que es el único dispositivo con el que funciona. Y el Samsung Gear VR (y similares), si bien es la opción más barata, es un dispositivo que depende puramente de la potencia del celular al cual se lo conecta. El HoloLens no fue lanzado todavía, pero Microsoft ya entregó algunas muestras a desarrolladores de contenidos.

Para el año que viene, Microsoft ya prometió visores de realidad virtual que dependen de máquinas menos poderosas (y, por ende, más económicas) a un precio bastante inferior del de sus competidores.

Lo que todavía queda por solucionar es la cuestión de la inmersión. Si bien la vista del usuario del casco se encuentra en otro lugar, el desplazamiento y la necesidad de tener que utilizar un control de consola tradicional para efectuar acciones en el mundo virtual pueden ser un factor algo molesto. Los controles Oculus Touch comenzaron a abordar el problema, pero todavía no llegaron a una solución definitiva.

Además del uso predecible de la realidad virtual en los videojuegos, se espera que también comience a aplicarse en otros entornos, como en el mercado inmobiliario, para recorrer inmuebles a distancia; en el ámbito militar, para realizar entrenamientos más inmersivos; o en el médico, para practicar una cirugía, por ejemplo, antes de realizarla en un paciente real. El límite es la imaginación.

 

Internet de las cosas

Escriba en Google la palabra 'smart' y luego el nombre de cualquier objeto cotidiano y seguramente obtendrá algún resultado. El internet de las cosas ha dominado el mundo sin que el usuario se dé cuenta y es difícil negarlo al leer las últimas noticias tecnológicas. Autos autónomos e inteligentes; termostatos, luces y puertas que se manejan desde el smartphone; relojes que reciben mails; platos que dicen qué tan balanceada es la comida que se pone sobre él; heladeras que hacen la lista de compras; nómbrelo usted.

Durante largo tiempo se ha escuchado que al año siguiente internet estará en todas las cosas, pero ciertamente eso no ha sucedido aún, al menos no como lo vienen vaticinando los expertos. Tal vez el problema sea la enorme diversidad de dispositivos conectados que existen pero con poca colaboración entre ellos. Esto lleva a una dificultad en la integración de todos los dispositivos, que es lo que hace tan atractivo a este concepto.

Sin embargo, este año grandes empresas, como Google, Apple y Amazon, entraron en el juego, por lo cual analistas como Gartner avizoran lanzamientos de modelos integrados de dispositivos en vez de termostatos y cerraduras inteligentes que se vendan de forma independiente.

 

Seguridad

En octubre de 2016 varios de los sitios más importantes de internet cayeron luego de un ataque informático denominado 'DDoS' y los expertos informáticos enseguida se dieron cuenta de que este tipo de amenaza informática comenzará a darse con mayor frecuencia. ¿Por qué?

Para entenderlo, primero hay que entender en qué consisten los ataques DDoS o de denegación de servicio. En octubre, gran parte de la web quedó sin funcionar porque un grupo de hackers atacó un componente neurálgico de internet: el sistema de nombres de dominio. Es decir, el sistema que hace que cada vez que usted tipea una dirección web en su navegador, pueda acceder a la página solicitada.

Empresas como Dyn la atacada se encargan de acciones como estas, pero también son un punto crítico para el funcionamiento correcto de la web. En octubre, los hackers enviaron a los servidores de Dyn millones de solicitudes de acceso a distintos sitios web; tantas que los servidores se sobrecargaron y cayeron, evitando así el acceso a los sitios.

 

Flickr / Blue Coat Photos

Este tipo de ataque es peligroso porque no es necesario un ejército de expertos en programación para ejecutarlos, sino que puede ser realizado por una sola persona. Por un lado, el código para realizarlo se encuentra en foros de fácil acceso. Por otro, es aún más fácil hacerlo cuando se logra 'tejer' una botnet.

Las botnets, un conjunto de redes de computadoras 'zombis' sometidas a una misma persona para, a través de ellas, realizar potentes ataques informáticos. Lo peligroso de esto radica en que cualquier computadora sin actualizar puede ser esclavizada sin que su dueño se entere.

Si para 2017 se espera que el número de dispositivos conectados, o relacionados al llamado internet de las cosas, ascienda a 21 mil millones en todo el mundo, esto quiere decir que potencialmente existirán 21 mil millones de dispositivos desde los cuales realizar ataques masivos.

 

Inteligencia artificial

Siempre que se use una computadora, el celular, un reloj inteligente o cualquier cosa con la que se interactúe y esté conectada a internet, se genera información. Esta información, tal como se almacena, se llama Big Data. Lo interesante viene cuando esa información es procesada y utilizada. La programación de sistemas inteligentes, capaces de entender y aprender de las interacciones del usuario y de esta colosal cantidad de datos se llama inteligencia artificial. Estos sistemas son capaces de predecir comportamientos futuros y automatizar procesos engorrosos.

El más reciente ejemplo de esto es el mayordomo virtual de Mark Zuckerberg. Jarvis, como lo llamó en alusión al asistente virtual de Iron Man, vive dentro de una app programada durante un año por el creador de Facebook y aprende de las costumbres y de los gustos de los integrantes de la familia. Por ejemplo, si Zuckerberg le dice que ponga algo de música y Jarvis pone una canción que le desagrada, simplemente le dice "eso no me gusta" e inmediatamente Jarvis aprende que ese tipo de música no es de las preferidas de su dueño.

Este tipo de aprendizaje automático puede ser utilizado con muchísimos fines. En áreas donde hay venta de entradas a eventos, el aprendizaje automático puede ayudar a optimizar precios, por ejemplo. Si bien esta tecnología ya existe en prácticamente todo el mundo, se espera que para 2017 la inteligencia artificial se vuelva "normal".

 

Medios de transporte

Autos autónomos: Google y Tesla ya los tienen, y Uber ya lanzó algunos a las calles de algunas ciudades. Pero todavía queda por solucionar el dilema ético que le pone freno a esta tecnología: ¿en caso de accidente quién se salva: el pasajero o el peatón?

Delivery con drones: Los drones comenzaron a lanzarse a los cielos hace un par de años, pero Amazon comenzó a darles un nuevo uso: el reparto de pedidos. Se espera que la cadena de supermercados estadounidense Walmart también comience a hacerlo en 2017, por lo que puede preverse que otras compañías también se sumen a la tendencia.

Turismo espacial: La tecnología que permitió la creación de las naves reutilizables está en su punto álgido, tras un 2016 con varias pruebas exitosas de cohetes de las empresas SpaceX y de Blue Origin que viajaron al espacio y volvieron sanos y salvos. Estos dos nombres son los que se debaten los primeros viajes comerciales al espacio