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Brasil retoma el crecimiento y ya mira más allá de la crisis

La economía del gigante sudamericano muestra signos de reacción luego de la recesión más larga de las últimas décadas

Brasil retoma el crecimiento y ya mira más allá de la crisis

Las noticias son buenas, pero no autorizan a relajar la mirada. La economía ensaya una recuperación, pero la generación de empleos va a demorar un poco más en concretarse. La mejora de la actividad es cíclica y nace de la amplia capacidad ociosa acumulada por la mayor recesión de la que se tenga registro en el país. Pero hay una distancia considerable desde esta situación hasta la consolidación de un período donde las inversiones sean protagonistas del crecimiento.

Para eso será necesario vencer en nuevos "rounds" en una lucha que apenas comienza, con la aprobación reformas en las leyes. La que instituyó el techo para el aumento del gasto público para los próximos veinte años fue importantísima, pero será letra muerta si no se aprueba la que busca modificar el régimen previsional. Incluso, ésta no será suficiente para restablecer la política de generación de superávits primarios de las cuentas públicas, sin que se garantice la reducción de la deuda bruta como proporción del PBI, que es el objetivo final de la política fiscal.

El gobierno del reformista presidente Michel Temer concluirá al final de 2018. En octubre del año que sigue el país deberá elegir un nuevo mandatario. Quien sea elegido será quien formará los contornos de la política económica que se implementará. De esto, finalmente, dependerá el nuevo ciclo de crecimiento y desarrollo económico

Caminos diferentes fueron seguidos y llevaron a una desastrosa caída del 7% del PBI en dos años y una contracción de más del 9% del PBI per cápita desde 2014. Un retroceso irrecuperable.

Es hora de perseverar en una agenda que desobstruya la libre iniciativa desde la perspectiva macro y microeconómica, que de oxígeno a la competencia en las actividades de producción, liberalice el comercio y genere un horizonte de solvencia a la deuda pública.

La devastación sobre líderes polítcos que siguió a las causas de corrupción derivadas de la Operación Lava Jato, resultó en una gama de candidatos a la presidencia sin reconocimiento lo que abrió la posibilidad de un temido derrotero de aventureros políticos. Esa incógnita en el cuadro político puede generar más complicaciones si el regreso de la inversión se retrasa hasta 2019, que es el momento en que se sabrá si el presidente electo llevará adelante o no un programa de reformas para elevar la productividad de la economía y sustituir el país en el camino de la prosperidad.

La sucesión presidencial es hoy una gran incógnita para los inversores que recelan de los populistas de izquierda o de derecha que podrían salir victoriosos.

Es prácticamente unánime entre los economistas del gobierno y del sector privado la opinión de que habrá en este año un crecimiento más modesto y una performance un poco más animadora en 2018. La expectativa es que el repunte de la actividad sea bastante gradual, pero más fuerte en el segundo semestre que en el primero, llegando al fin del ejercicio anual con una tasa del 2,5%. Para 2018, la expansión del PBI está estimada en torno a ese mismo registro.

Vencida la recesión, la inflación tenderá a comportarse bien en los próximos años. Las expectativas del mercado, registradas en la encuesta del boletín Focus del Banco Central, están bajo la meta del 4,5% para este año (4,04%) y para 2018 (4,32%), una meta que quedará fija hasta el 2021. El gobierno podría, incluso, reducir la meta de inflación a partir de 2019, retomando el proceso de desinflación paralizado en 2005.

La tasa de interés básica de la economía (Selic) podrá, finalmente, caer en torno al 8,5% este año, llevando las tasas reales a niveles más bien módicos de forma sustentable.

Se tiene la expectativa de que el Comité de Política Monetaria (Copom) acelere la baja de las tasas en las reuniones de mayo.

Para los 14,2 millones de brasileños desempleados durante la severa recesión, las noticias son positivas pero no habrá respuestas inmediatas. Es sabido que el mercado de trabajo es el último en deteriorarse en el proceso recesivo, pero también es el último en mejorar en un proceso de recuperación de la economía.

Las reformas recién aprobadas, que regulan el mercado de trabajo, reducirán el costo del empleo para las empresas, aunque eso no signifique que estas vayan a volver a contratar trabajadores en el corto plazo.

Una cuestión importante que emerge en este escenario es que los empleos comenzaran a regresar antes de las elecciones presidenciales de 2018. Eso hará la diferencia en la campaña por la sucesión.

También se contará con la posibilidad de una modesta recuperación del consumo de las familias, hasta ahora retraídas por el elevado endeudamiento y por la persistencia del desempleo.

Hay que apuntar que quien no es desempleado tiene miedo a gastar y que, con los primeros indicios de una recuperación en curso, ese temor se disipará.

La caída acelerada de la inflación en los últimos meses está produciendo una recuperación real de los salarios que puede acelerar el aumento de las ventas de bienes y servicios.

El crédito, que se derrumbó en los últimos años -del 54% del PBI en diciembre del año 2015 a 48,6% del PBI en marzo pasado- comienza a dar señales de vida con la reducción de las tasas de interés y endeudamiento de los hogares.

Los indicadores son incipientes, pero las señales son positivas. En marzo, el stock de préstamos y financiación aumentó un 0,2% en comparación con febrero. Las tasas medias de crédito y los “spreads” bancarios tuvieron una ligera disminución, en un primer momento cuando la tasa Selic comenzó a caer en octubre de 2016.

Sin embargo, no se espera que la expansión de la actividad se de por un aumento del crédito, que seguramente crecerá este año muy por debajo de la inflación.

Si el desapalancamiento de los hogares está en una fase avanzada, lo mismo no se puede decir sobre el endeudamiento de las empresas. Hay varias renegociaciones de deudas bancarias y como dijo una fuente oficial, “la serpiente todavía deberá digerir el mamut”. Esto, asociado a la caída en la rentabilidad debido a los aumentos en los salarios reales muy por encima de las ganancias por productividad, también puede retrasar la expansión de las inversiones.

Así, el impulso de crecimiento tiende a provenir de la flexibilización monetaria, la aprobación de ajustes y reformas y avances en las concesiones de obras de infraestructura.

El reequilibrio de las cuentas públicas será el principal reto para los próximos años. La deuda pública bruta sigue una tendencia al alza. Batió el record del 71,6% del PBI en marzo y se espera que crezca a un 72,4% en abril. Esto, que es un indicador principal de solvencia principal de un país, tomará un par de años para llegar al techo y comenzar a caer. Las proyecciones oficiales indican que en 2019 la deuda será cercana al 80% del PBI.

Revertir esta señal requiere la recuperación de la política de superávit primario y, por esto, el gobierno tendrá que reducir el déficit en forma obligatoria y, en función del comportamiento de los ingresos fiscales, aumentar los impuestos.

En el lado de las cuentas externas, la situación es cómoda. El superávit comercial garantiza un déficit de sólo el 1,1% del PBI en el año hasta marzo. El tipo de cambio fluctúa alrededor de R$ 3,10 por dólar y permanecerá así durante todo el año