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Avanzan las reformas económicas en Brasil con la mira puesta en 2018

El gobierno de Michel Temer logró ponerle techo al gasto público y se encamina a aprobar la reforma jubilatoria. Sin embargo no está claro si le alcanzará esta base para llegar a las próximas elecciones presidenciales fortalecido

Avanzan las reformas económicas en Brasil con la mira puesta en 2018

Este año será único. Heredero de la tierra arrasada que dejaron la economía y la política en el 2016 y patrocinador del nuevo gobierno que será elegido en 2018, el año 2017 nace con tarea: producir resultados económicos positivos suficientes para contrarrestar la desconfianza en las instituciones debido a la descarnada realidad de la Operación lava-Jato, detener el retroceso impuesto sobre el bienestar de los brasileños, rescatar al sector productivo de una apatía crónica y restaurar la creencia de que hay un futuro.

Resultado de una política monetaria restrictiva potenciada por una actividad sin crecimiento, o en caída, sumado a un desbalanceado entorno externo, la convergencia de la inflación en la meta del 4,5% -objetivo del Banco Central que deben alcanzarse en 2017- es la información más prometedora en esta vuelta de hoja del calendario. El año comienza sobrecargado por un aumento significativo de las tarifas de transporte urbano y una persistente inflación de servicios derivada principalmente de los sectores que dejaron de contar con exenciones de impuestos y de los que se preparan para pagar más tasas.

Ajustándose a los objetivos perseguidos por la autoridad monetaria, la inflación se desaceleró algo, lo que promete ser un poderoso argumento para alentar una revisión de la tasa básica de interés de Brasil, la Selic, que puede llegar a un solo dígito en 2018.

Esta perspectiva comienza a ser apoyada por economistas de los principales bancos que reconocen la dificultad de construir escenarios alternativos para 2017 y 2018, - sin contemplar hipótesis de acontecimientos políticos en particular-. Sin la inclusión de estos análisis, las especulaciones sobre las decisiones de política económica probables o posibles están en terreno fértil de crecimiento.

Hasta hace poco, condicionaba el futuro del Gobierno su capacidad real para aprobar en el Congreso la enmienda constitucional para establecer un techo al gasto público y para allanar el camino de la reforma jubilatoria.

La limitación del gasto en los niveles de inflación acumulada en 12 meses terminados en el mes de junio de cada año obtuvo el respaldo de ambas cámaras del Congreso y el proyecto de ley de reforma de las pensiones ya fue aprobado por la Comisión de Constitución y Justicia del Senado. El siguiente paso será el debate en la comisión especial creada para tratar ese tema exclusivamente al fin del receso parlamentario el próximo 1° de febrero.

En esa fecha, sin embargo, la prioridad parlamentaria será justificadamente otra. La elección de los presidentes de la Cámara de Representantes y del Senado. Sin esta definición, las decisiones que dependen de la aprobación legislativa se endurecerán y el gobierno Temer no tiene tiempo para tomar más riesgos.

El diputado Rodrigo Maia (DEM-RJ) que preside la Cámara podría seguir en el cargo ya que hay acuerdos en este sentido. Pero en el Senado es distinto.

Hoy está bajo la dirección de Renan Calheiros (PMDB-AL). Pero ya debió afrontar algunas acciones que lo llevaron ante el poder judicial. Renan fue acusado por la operación Lava Jato y no perdió la presidencia del Senado por un pelo. Ahora está impedido de participar en la línea sucesoria de la Presidencia.

Las prioridades de las reformas estructurales que están en marcha están bien encaminadas, pero la situación de penuria de algunos Estados y la resistencia a subordinarse a la disciplina fiscal eclipsan los avances en favor de la intención del gobierno de promover un crecimiento capaz de impulsar a sus candidatos en las presidenciales de 2018.

En este sentido es importante recordar que el ministro de Finanzas, Henrique Meirelles, presidió el Banco Central en los dos gobiernos del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, y que promovió medidas que evitaron que Brasil sufriera la crisis financiera global de 2008-2009 y contribuyeron a un mejor desempeño del gobierno, e incluso a que Lula designase su sucesor en las elecciones 2010. Dilma Rousseff, fue elegida presidente de Brasil, con el apoyo de un ex presidente con niveles de popularidad sin precedentes.

"El 2017 va a ser importante para la elección 2018, la economía volverá a ser decisiva en la elección del presidente que gobernará Brasil 2019-2022", alertaron desde el relatorio sobre inversiones en Brasil, Ronaldo Patah, Soledad López, Donald McLauchlan y Michael Bolliger, analistas y estrategas de UBS.

El grupo reconoce que es cada vez más difícil de predecir un resultado electoral y recuerda que fueron varias veces sorprendidos. En 2016, por ejemplo, el Reino Unido se votó para salir de la Comunidad Europea (Brexit), el acuerdo de paz de Colombia fue vetado en el referéndum y las elecciones presidenciales de Estados Unidos tuvieron un resultado inesperado. UBS señala que la mayoría de las recientes consultas populares reflejan el deseo de cambiar el status quo e implican un desplazamiento hacia la derecha en la política.

"En Brasil, esta ruptura ya sucedió con el impeachment a la presidenta Dilma Rousseff. Por lo tanto, podemos decir que en los próximos 12 meses, la apuesta es muy alta, puesto que dependen de los logros económicos del gobierno y del éxito en la reforma. Aunque puede no ser suficiente para que los partidos aliados que elegirán al próximo presidente".

El equipo de UBS contempla la hipótesis de permanencia de Temer en el Planalto hasta el año 2018, a partir de la suposición de que no está involucrado en el escándalo de corrupción que provocó la crisis política en el año 2015.

Los analistas consideran que el gobierno es muy capaz y que negociará la reforma jubilatoria sabiamente en el Congreso. En términos económicos, UBS cree que las reformas propuestas tendrían el poder no sólo para estabilizar el tamaño de la deuda pública en proporción al PBI, sino también hacer crecer la economía del país en los próximos años.

"Mientras que el límite de gasto discipline el presupuesto, las jubilaciones abrirán el camino para estabilizar el gasto público como un porcentaje del PBI en los próximos cinco años. Esperamos una reforma que imponga la edad mínima de 65 años y que desvincule los beneficios sociales del salario mínimo"

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Comentarios1
Horacio Esteves Montoli
Horacio Esteves Montoli 04/01/2017 03:06:22

Se acabo el populismo que arrastro a casi toda América al desastre. Ahora habrá que pagar la fiesta ¿Quedaran muchos ignorantes que crean todavía que se puede vivir sin trabajar?