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Una fiesta de u$s 12.000 millones

Con las competencias a punto de comenzar, el Comité Organizador concluyó sobre la hora un gigantesco plan de obras que costó más de lo esperado, en tiempos de una economía en crisis. Nuevas instalaciones deportivas, edificaciones, transporte público, luminarias y la remodelación del puerto, serán parte del legado de los Juegos.

El deporte forma parte de la vida de los habitantes de Río de Janeiro, más allá de su amor por el fútbol. La playa, el sol, los morros, la naturaleza que enmarca al escenario urbano invitan a muchos a zambullirse en las aguas del Atlántico, sumarse a un partido de vóleibol, prenderse en un desafío de futevolei (fusión del fútbol con el vóleibol), subirse a una bicicleta, ponerse un par de patines o simplemente correr por la característica orla que acompaña las costas de Leme, Copacabana, Ipanema y Leblon.

La escena cotidiana permite pensar que la llegada de los Juegos Olímpicos a estas tierras se dio como un paso natural. El debut de la competencia en Sudamérica no podía tener mejor escenario, consideraban los brasileños seis años atrás, cuando consiguieron quedarse con la sede de los Juegos de la XXXI olimpíada, aunque muchos hoy tienen una razón poderosa para pensar lo contrario: en medio de una fuerte crisis económica, la máxima fiesta del deporte mundial le costará a Brasil nada menos que 12.000 millones de dólares. La cifra aumentó en un tercio respecto del valor presentado a la hora de lanzar la candidatura, producto de la inflación acumulada en el período de realización de las obras y los sobrecostos pagados que, según un estudio de la Universidad de Oxford que fue rechazado por el Comité Organizador, habrían alcanzado a los u$s 1600 millones. Pero lejos de significar un mero gasto, sustentado en un 60% por capitales privados, la cifra implica una importante inversión en infraestructura que puede contribuir al crecimiento de la ciudad.

Para la realización de los Juegos, Río de Janeiro debió concretar un megaplan de obras que incluyó la construcción del Parque Olímpico en Barra de Tijuca, con seis estadios cerrados, un complejo de tenis, dos natatorios, el centro de prensa y, un poco más alejado, el campo de golf.

A su lado se levantó la Villa Olímpica, que tras una inversión de u$s 900 millones quedó compuesta por 31 edificios con 3604 departamentos que pueden albergar a 17.950 personas, entre atletas y miembros de los cuerpos técnicos. También se acondicionó el Maracaná y se construyó el Estadio Olímpico Engenhao con capacidad para 60.000 espectadores, donde se realizarán las pruebas de atletismo. Se instalaron tribunas en plena playa de Copacabana para el torneo de Beach Voley y se dispuso el complejo de Deodoro, con una pista para el BMX, otra para el Mountain Bike y un parque acuático para el kayak, cerca de las canchas de rugby y la nueva de hockey sobre césped.

Además, albergar el evento implicó obras millonarias en el denominado Puerto Maravilla y mejoras en barrios de la ciudad, como la iluminación del bosque de Flamengo y Lapa, una zona con mucha vida nocturna. Allí, General Electric a través de su filial Current, donó "1600 luminarias led con telegestión, lo que le permite a la ciudad controlar en tiempo real y a distancia su funcionamiento. Esto posibilita un ahorro de 68% de energía en Flamengo y 50% en Lapa. Son luces preparadas para tener sensores, controles, tecnología para ciudades inteligentes", señaló Lanna Caram, líder del equipo de Diseño de Iluminación de Brasil, en diálogo con El Cronista.

La empresa dispuso 200.000 puntos de luz para los Juegos. "Casi la mitad de los estadios, incluyendo la Villa Olímpica y el Centro de Prensa, lo que equivale a 4,3 millones de metros cuadrados o 1068 canchas de fútbol iluminadas. Unas 20 avenidas 9 de julio", graficó Caram.

El desarrollo de las obras también tuvo su costado negativo. Junto a la tragedia producida en abril pasado, cuando la caída de una ciclovía al mar le costó la vida a dos personas, uno de los puntos más oscuros del plan es el incumplimiento en la descontaminación de la bahía de Guanabara, donde se desarrollarán las competencias de yachting y canotaje. También la falta de terminación en las obras de la Villa Olímpica, que llevó a parte del staff argentino a seguir los pasos de la delegación australiana y alojarse en hoteles. "La Argentina tiene cinco pisos de los cuales pensamos que dos no van a ser habitables", dijo el titular del Comité Olímpico Argentino, Gerardo Whertein y explicó que "si bien los departamentos están terminados por afuera y lucían terminados por dentro, evidenciaron problemas de final de obra, con la plomería y la electricidad".

Otro ítem conflictivo fue el fuerte desembolso realizado en proyectos de transporte urbano, que incluyó la construcción de la autopista Transolímpica -con un costo de u$s 660 millones-, la cual tiene carrilles exclusivos por los que transitará una red de ómnibus rápidos (BRT) para unir en media hora al Parque Olímpico con Deodoro, distantes a 26 kilómetros. También se puso en marcha un sistema de tranvías (VLT) para la zona céntrica, con seis lineas y capacidad para 450 pasajeros, y un nuevo subterráneo, que resultó la iniciativa que mayor polémica despertó.

Se trata de la línea 4 que fue inaugurada apenas ayer, dos días antes de que comience la actividad de los Juegos con el torneo de fútbol femenino. El servicio, que tiene 5 estaciones y una extensión de 16 kilómetros, representa una conexión clave para el paso de los espectadores desde las playas de Ipanema hasta Barra de Tijuca sin tener que pasar por el pesado tráfico de la ciudad. Y el presupuesto para su construcción creció 21 veces respecto del original, pasando de los u$s 122 millones hasta superar los u$s 2600 millones.

Por lo pronto, solo fue habilitado para aquellas personas que posean entradas para asistir a las competencias que se desarrollarán en el Parque Olímpico, la zona donde hasta 2012 se encontraba montado el antiguo autódromo de Jacarepaguá., que supo albergar a las carreras de Fórmula Uno, y a la que ahora se llegará en ómnibus de transbordo desde la terminal del subte. Recién cuando finalicen en septiembre los Juegos Paralímpicos, los cariocas podrán hacer uso libremente de la nueva línea. Entonces sabrán si las obras solo fueron para los turistas que visitarán Río para ver las competencias deportivas o si quedarán como legado para mejorar sus vidas.

Según un estudio de EY, desde la adjudicación de la sede hasta la conclusión de los Juegos se movilizarán u$s 21.800 millones, con un impacto total sobre el Producto Bruto Interno (PBI) de u$s 10.169 millones y la creación de 1,8 millones de puestos de trabajo, entre permanentes y temporarios. Allí radica el optimismo de quienes piensan que, pese a los problemas económicos, la inversión hecha en obras para los JJ.OO. será positiva para la ciudad.