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Neymar Un crack obligado a conseguir el oro

El sueño estaba cada vez más cerca. Aquel que nació cuando apenas con dos años de edad ingresaba de la mano de su padre a la modesta cancha del Uniao Mogi, como la mascota de un equipo que buscaba ascender a la primera división del fútbol paulista. Allí, en su Mogi Daz Cruces natal, a 50 kilómetros de San Pablo, el hijo de Neymar Da Silva Santos, el que lleva su mismo nombre se enamoró de la pelota y de la idea de, algún día, ser campeón del mundo con su selección. Y aquella noche del 4 de julio de 2014 parecía que ese momento estaba al alcance de su mano. Faltaban apenas tres minutos para que se cumpliera el tiempo reglamentario cuando la pelota viajó hacia el centro de campo en el estadio Castelao de Fortaleza. Él fue a buscarla, a protegerla con el cuerpo y tenerla unos minutos bajo la suela, para que el reloj corriera y la victoria que Brasil había construido durante la dura Colombia a lo largo del partido se convirtiera en el pasaporte a la semifinal del Mundial que jugaba en casa. Y aunque podía esperarlo, nunca lo vio venir. El golpe lo hizo caer y retorcerse de dolor. El colombiano Zúñiga impactó con su rodilla derecha en la espalda del crack y el golpe le provocó la fractura de una vértebra lumbar. De repente, todo cambió. Fuera de la cancha y con el temor de quedar tetrapléjico, vio a sus compañeros caer de manera humillante ante Alemania en semifinales por 7 a 1. El sueño se había convertido en una pesadilla. "Estuve a punto de dejar del fútbol", reconoció días atrás, al repasar aquel momento crítico para su carrera. Pero las heridas sanaron y con el apoyo de su familia y en particular de su hijo David Lucca, que por entonces tenía la misma edad en la que él empezó a sentir el amor por el fútbol, su talento volvió a aflorar sobre una cancha. Y con ello, un nuevo sueño nació: conseguir por primera vez en la historia una medalla de oro olímpica para el fútbol brasileño. Un camino que comenzará a transitar pasado mañana en Brasilia, cuando debute ante Irak por el grupo A de Río 2016.
Neymar volvió a ser el delantero deslumbrante por el que el Barcelona anunció en 2013 que pagó 63 millones de dólares al Santos y por el que este año debió dejar otros u$s 6 millones en un acuerdo extrajudicial con la Fiscalía española, tras admitir que la transferencia costó al menos u$s 100 millones. El tercer eslabón de la fórmula MSN -la que aterroriza defensa rivales en todo el planeta con Lionel Messi y el uruguayo Luis Suárez-, que apenas el 15 de julio pasado renovó su contrato hasta 2021, con una cláusula de rescisión de u$s 275 millones. Un contrato que le fija un salario de u$s 35,5 millones anuales brutos (u$s 16,5 millones netos), cifra que sirve para engrosar su mayor fuente de ingresos: los patrocinios.
Neymar es la estrella más brillante del pentacampeón Brasil. El mejor jugador en un país en el que el futebol es parte de la vida misma. Una combinación que lo hace irresistible para las marcas y que para este año se espera le deje ingresos por otros u$s 23 millones.
Según la publicación especializada SportsPro, Neymar es el futbolista más comercializable de los próximos tres años, por encima del propio Messi y del portugués Cristiano Ronaldo. Con solo 24 años, su participación en los Juegos Olímpicos, los torneos europeos y el próximo Mundial de Rusia lo hacen muy atractivo para las marcas. Hoy, en esa lista ya se anotan Nike, con la que firmó contrato en 2011 por 11 años; Panasonic, que le pagó poco después u$s 2,4 millones por promocionar sus productos por dos años; Claro; Volkswagen; Rexona; Gillette; los auriculares Beats By Dre; Red Bull; el desodorante pédico Tenys Pé Baruel; la ropa interior Lupo; la cervecera AmBev; Claro; Unilever; Grupo Santander; Guaraná Antarctica; baterías Heliar; Castrol y Konami, con su participación en la portada del videojuego PES, entre otras.
Los millones llegaron como producto de una trayectoria exitosa desde que inició su carrera profesional en 2009, cuando apenas con 17 años fue elegido la revelación del torneo paulista.
A lo largo de su carrera profesional ganó seis títulos con el Santos y otros nueve con el Barcelona, equipos con los que convirtió 227 goles en 377 partidos, a lo que agrega otras 108 asistencias. Las cifras mejoran más aún en la Selección, donde desde su debut el 26 de julio de 2010 ante Estados Unidos, cuando marcó un gol de cabeza, anotó ya 46 tantos y dio 23 asistencias en 70 encuentros. Sin embargo, con ella solo pudo quedarse con la Copa Confederaciones en 2013. Tanto el Mundial como los Juegos Olímpicos son aún cuentas pendientes. Cuatro años atrás tuvo la oportunidad de quedarse con la medalla dorada en Londres, cuando llevó a su equipo hasta la final en la que cayó ante México por 2 a 1.
Tras aquel mal trago y la decepción de la Copa, todo Brasil espera que el crack retribuya la admiración que le profesan los hinchas y las marcas. Desde pasado mañana este millonario del fútbol estará obligado a conducir a la Selección de su país hasta el oro.