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Michael Phelps: un hombre acostrumbrado a nadar en oro

Nada lo motiva más que el desafío. Superar las barreras y cerrarle la boca con hechos a quienes no confían en él es el combustible que ha impulsado su vida y lo ha llevado a convertirse en una leyenda activa del deporte mundial.
Nunca aceptó las derrotas. Siempre quiso más. Como cuando tenía siete años y venció al miedo que le tenía al agua, para arrojarse a una pileta por primera vez. Allí, donde brazada a brazada empezó a quemar el excedente de energía con el que debió batallar desde chico -fue diagnosticado con un trastorno de hiperactividad con déficit de atención-, el estadounidense Michael Phelps encendió la llama interna de un nadador que con el correr de los años alcanzaría el escalón más alto de la historia olímpica, se convertiría en una de las personalidades del deporte más requeridas por las empresas y acumularía casi 100 millones de dólares en ganancias. Una figura que aún hoy, a los 31 años de edad, va por un último reto en los Juegos de Río de Janeiro: dejar una marca que no pueda ser superada nunca más.
Sólo así se entiende su ambición por romper el récord de 22 medallas (18 de oro, 2 de plata y 2 de bronce) que alcanzó en Londres 2012, cuando dejó atrás las 18 que había reunido la gimnasta ucraniana Larissa Latynina a lo largo de tres juegos. Phelps, que había debutado en el equipo de los Estados Unidos con apenas 15 años en los Juegos de Sydney 2000, donde no cosechó medallas, se tomó las citas olímpicas de Atenas 2004, Beijing 2008 y la de hace cuatro años en la capital inglesa para conseguir una cifra de preseas que de por sí parece inalcanzable. A tal punto que él mismo decidió poner fin por entonces a su carrera, ya sin el aliciente necesario para prolongar las duras jornadas de entrenamiento con su entrenador de toda la vida, Bob Bowman.
Y aunque luego intentó volver sin demasiado convencimiento, fue un tropiezo con la ley el que terminó por encarrilarlo. El 29 de septiembre de 2014 fue detenido por manejar borracho, luego de pasar la noche en un casino de su ciudad natal, Baltimore. Phelps fue suspendido por la federación de su país y decidió internarse en un centro de rehabilitación. De allí salió con nuevos bríos. Reenfocó su vida, asumió el reto de sentar cabeza y volver a los primeros planos. Se comprometió con la modelo Nicole Johnson y el pasado 16 de mayo vio nacer a su primogénito Boomer. En el camino, uno de sus grandes rivales, el nadador sudafricano Chad Le Clos, lo mandó a callar en medio de una batalla dialéctica por los mejores tiempos del año. "Hay un montón de cosas que podría decir pero no lo haré. Voy a dejar que lo que haga en la pileta hable por mí", se limitó a responder.
Fue el click que necesitaba. Pegó un recorte con las declaraciones del sudafricano en su casillero y salió a nadar. Marcó los mejores registros desde su regreso. Bajó las marcas de su rival y se clasificó para competir en los 200 y 100 metros mariposa, además de los 200 metros medley (cuatro estilos) de Río 2006.
Aquí llegó como una verdadera estrella. El status que ya había ganado en Beijing cuando se convirtió en el único deportista en alzarse con 8 medallas de oro en un JJ.OO., también alentado por el desplante del australiano Ian Torphe, quien consideraba imposible tal hazaña.
Ese hito puso al "pez volador" en el mapa de las marcas más allá de los Estados Unidos. El mercado asiático se rindió a los pies del hombre que aún ostenta la mayor cantidad de récords mundiales de natación (siete) y con ello se duplicaron sus ganancias anuales, pasando de los u$s 3,2 millones de aquél 2008 a los más de u$s 7 millones que recolectó en 2009. Y aunque ese año perdió el apoyo de Kellogg’s luego de ser fotografiado fumando marihuana, su portfolio logró sumar una docena de patrocinantes como Subway, Hilton, Omega, Visa, P&G, Speedo, que le pagó u$s 1 millón por ganar las ocho medallas, monto con el que puso en marcha su propia Fundación; Under Armour y, más recientemente, Aqua Sphere, con la que lanzó su línea MP de trajes e implementos para la natación competitiva.
En total, logró sumar más de u$s 95 millones en su carrera, de los cuales ha logrado preservar poco menos de la mitad (u$s 44 millones), luego de gastos y el pago de impuestos. Está en el pico máximo en materia de ingresos, pero tiene en claro que, ahora sí, su carrera está por entrar en la vuelta final.
"Volver a los Juegos Olímpicos era lo que quería y lo logré. Entiendo que será mi prueba más difícil debido a que en la natación la edad es clave, pero creo que todo es posible cuando uno pone la mente en ello’’, señala, en un último guiño al destino. Se acostumbró a ganar cada vez que entra en una pileta y a cubrirse de oro cada vez que sale de ella.