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La Argentina quiere probarque es un lugar amigable

El país hizo una fuerte inversión para atraer turistas y capitales con una campaña publicitaria que se difunde en Río. Pero el eslogan no condice con la actitud de algunos fanáticos en las instalaciones olímpicas.

Por su atractivo televisivo y el movimiento masivo de visitantes que generan a su alrededor, los Juegos Olímpicos Río 2016 son una ocasión especial para promocionarse, tanto para las empresas como para los países que buscan atraer la llegada de inversiones y turistas. Y en ese lote de naciones ávidas por captar esa atención se encuentra la Argentina, que no solo trajo a estas tierras la delegación de atletas más importante de su historia olímpica sino que también realizó un fuerte desembolso en acciones de marketing para no dejar escapar la oportunidad, aunque la conducta inapropiada de algunos hinchas argentinos durante las pruebas puede hacer tropezar ese deseo.

Desde los primeros días de su mandato, el presidente Mauricio Macri se abocó a la tarea de convencer al mundo en foros internacionales de que el país había ingresado en una etapa de cambios positivos que merecía el respaldo de capitales extranjeros y el arribo de nuevos viajeros. Y ese pensamiento se transformó en Río en dos hechos concretos.

Por un lado, la presentación de la Casa Argentina, un recinto de 700 metros cuadrados que se encuentra ubicado a 10 cuadras del Parque Olímpico de Barra de Tijuca y en el que la consigna es difundir los Juegos de la Juventud, que tendrán lugar dentro de dos años en Buenos Aires, y las bondades turísticas de la Argentina. El espacio, impulsado por el Comité Olímpico Argentino y desarrollado por la empresa de marketing deportivo Pro Enter y la agencia de viajes Turicentro, recibió la visita del propio Macri y su esposa Juliana Awada, que recorrieron las diferentes salas en compañía del titular del COA, Gerardo Werthein, la canciller Susana Malcorra y el ministro de Modernización porteño, Andy Freire, antes de presenciar la ceremonia de apertura de los Juegos. Y fue inaugurado por el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien será en 2018 el anfitrión de uno de los eventos deportivos más relevantes para el país en los últimos 40 años.

Pero además de sumarse al grupo de 53 países que tienen su propio espacio promocional en la ciudad, el Gobierno dispuso avanzar con una campaña en la vía pública, que se hace más evidente en el subterráneo carioca, tanto en la carterlería de los andenes como en vagones ploteados y en los videos que se difunden en las pequeñas pantallas que hay dentro de ellos. "Argentina world friendly", reza el eslogan con el que se exhiben los diferentes destinos y la oferta cultural del país, en una campaña que se extenderá por tres meses con un costo cercano al millón de dólares. Sin embargo, el problema surge cuando la frase choca con los hechos.

La pasión que despierta el deporte puede extraer lo mejor y lo peor del ser argentino. Y la rivalidad con los brasileños, exacerbada por el recuerdo reciente de las cargadas en el Mundial de fútbol, hizo aflorar en ocasiones el costado más oscuro, como se observó en los golpes que intercambiaron hinchas durante el partido en el que Juan Martín del Potro venció al portugués Joao Sousa y que terminó con un argentino siendo retirado del estadio por efectivos policiales. Está claro que en estos Juegos, los argentinos son más visitantes que nunca. Los locales abuchean y silban a cualquier deportista con la camiseta albiceleste, de la misma forma en la que alientan a sus rivales. Y la presencia de fanáticos argentinos en cada uno de los estadios, en forma masiva cuando juega la selección de básquet y en menor medida en otros deportes, mantiene siempre la tensión alta en el ambiente. El hecho generó tal preocupación que llevó a funcionarios de ambos países a mantener reuniones para estimular la buena convivencia entre argentinos y brasileños durante los Juegos.

Hasta el momento, los propios integrantes de la delegación argentina se encargaron de calmar las aguas, como mostraron Los Pumas que posaron abrazados con los brasileños tras vencerlos en el torneo seven de rugby, o los miembros de la Generación Dorada del básquet que pidieron limitarse a cantar en favor del equipo. Una muestra de sensatez necesaria para contribuir al deseo de que el mundo mire a la Argentina como un país amigable y decida apostar por su futuro.