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Una escuela sustentable

Jóvenes uruguayos crearon la primera institución educativa pública que busca autosustentarse.

Una escuela sustentable

Un grupo de amigos uruguayos se puso al hombro la construcción de la primera escuela pública autosustentable de Latinoamérica. Implicó la utilización de 2.000 neumáticos, 5.000 botellas de vidrio, 2.000 metros cuadrados de cartón y 8.000 latas de aluminio. La inauguración, luego de mes y medio de construcción, tuvo lugar a mediados de marzo y ya cien chicos estudian en las instalaciones. La escuela de Modelo Rural, ubicada en Jaureguiberry, una localidad costera de Canelones, permitirá a toda la comunidad tomar conciencia sobre la importancia de la reutilización de residuos, el aprovechamiento de los recursos naturales y el respeto por el medioambiente.

Inspirados por las ideas del arquitecto estadounidense Michael Reynolds, el grupo de amigos conformó una organización llamada Tagma. El objetivo con este proyecto es impulsar e implementar un modelo de escuela cuyo corazón sea un edificio autosustentable, que minimice costos operativos y facilite aprendizajes significativos sobre innovación y sustentabilidad para toda la comunidad.

Hace dos años se contactaron con Earthship Biotecture, la empresa creada por Reynolds, que se dedica a la construcción de este tipo de viviendas. Cuando le comentaron al arquitecto que la idea era hacer una escuela y ya tenían el aval de la administración pública, el arquitecto confirmó su participación. La tercera pata necesaria para llevarlo adelante fue el sector privado. "La financiación la conseguimos en mayo del año pasado. La marca Nevex, que pertenece a Unilever, se sumó a la iniciativa con el aporte de US$ 300.000. Financiaron el 85% del proyecto", cuenta Juan Pablo Méndez, responsable de comunicación de Tagma.

La obra, que comenzó en enero, pasó por tres períodos: preparación del terreno, con ayuda de voluntarios; desarrollo de la academia de Earthship, que reunió a cien estudiantes de todo el mundo que se acercaron para construir y aprender el método de Reynolds y la finalización de obra, también con mano de obra voluntaria "Los jóvenes pagaron una matrícula para aprender el método constructivo y eso, en parte, financió la venida de su equipo a Uruguay", explica Méndez.

Es importante dentro del proyecto la participación de la comunidad para que se apropie de la iniciativa. Desde fines de 2014, se buscó involucrar a niños, maestros, padres y vecinos. "En el balneario había una sensibilidad muy grande con la ecología. Nos ayudaron a conseguir las botellas y a armar las huertas. Se trabajó fuerte para que las personas vean que lo que consideraban basura podía ser un elemento de construcción. El respaldo del sector público nos ayudó a eliminar los prejuicios", aclara Méndez, quien cuenta: "También buscamos innovar en la educación pública. Además de tener la curricular de cualquier escuela rural, la idea es incluir contenidos relacionados con el cuidado del medioambiente, reciclaje y ecología".