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Productos conscientes de su huella

La medición de las emisiones de gases de efecto invernadero de las empresas es una práctica en expansión. Pero, ahora también, se busca identificar el impacto de bienes y procesos individuales.

Productos conscientes de su huella

La medición de la huella de carbono es una práctica que se extiende día a día en el sector privado. Y, ahora, en su intento por reducir el impacto que generan en el entorno, muchos de sus integrantes buscan no solo comprender sus emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), sino también identificar las relativas a procesos y productos puntuales, a fin de canalizar mejor sus esfuerzos.

Entre ellos se encuentra la citrícola San Miguel, que hace lo propio tanto a nivel corporativo, como con cinco de sus productos: la cáscara de limón, el aceite esencial de limón, el jugo turbio, el jugo claro y la fruta fresca.

El proceso -cuentan desde la firma- se realiza de manera escalonada. "Primero se efectúa una medición de base, al año siguiente se actualiza ese cálculo y un año más tarde se hace una segunda actualización, que es la que permite evaluar la evolución", detallan. Al haberse realizado la medición de base en 2011 y la primera actualización en 2013, recién con la de este año (correspondiente a las emisiones 2015) la empresa podrá disponer de un número que le posibilite plantear estrategias futuras, detectando fuentes de emisión y oportunidades de mejora para reducirlas.

Un camino similar es el que transita Salentein. "La iniciativa fue medir nuestro impacto al medio ambiente a lo largo de todo nuestro ciclo de producto, es decir, desde el cultivo de la uva hasta el consumidor final y, luego, certificar que este proceso se ajusta a las normas vigentes", explica Andrés Arena, Operations director de la bodega. En su caso, las verificaciones vienen de la mano de auditorías con la normativa PAS 2050 y certificación del Carbón Trust de Reino Unido.

Así, la compañía mide el consumo específico de las emisiones de GEI que se requieren frente a cada transformación de insumos (como, por ejemplo, la producción de botellas de vidrio), procesos de productos (como la producción de uva, el vino y el fraccionamiento, etc.) y prestaciones de servicios (el transporte, entre ellos).

¿Los beneficios de esta iniciativa? "Permite desarrollar una cultura de trabajo más productiva, debido a que no solo cambia la forma en la que se desarrollan las tareas de los procesos productivos, sino que la gente se motiva genuinamente, manejando los recursos no renovables de tal manera de preservarlos todo lo posible para las futuras generaciones", responde Arena. Y completa: "Otro efecto indirecto es que se reducen costos a la vista y ocultos, como consecuencia del enfoque de aprovechamiento que naturalmente se da con estas prácticas".

Cervecería y Maltería Quilmes, por su parte, coloca a la retornabilidad -y su debida medición de impacto- en el centro de su visión de negocio sustentable. "Al ser retornable, el envase de vidrio reduce a una tercera parte las emisiones de dióxido de carbono porque puede utilizarse 29 veces. Esa reducción equivale a las emisiones de un viaje en auto de 1.900 kilómetros", especifica Gregorio Lascano, director de Asuntos Corporativos de la compañía.

Sumando a esta estrategia, Quilmes incluyó a la reducción de la huella de carbono en la producción de bebidas entre sus objetivos 2013-2017, algo que se ve respaldado por la disminución del 25% ya realizada entre 2009 y 2014. "Además, recuperamos el dióxido de carbono producto de la fermentación de la cerveza para que sea utilizado en la producción de nuestras gaseosas", acota el ejecutivo.

Si bien Banco Galicia, por el sector en que se ubica, no cuenta con un proceso productivo cuya huella de carbono pueda medir, sí lo hace con las emisiones de su torre corporativa y edificios centrales. Para dicha tarea, la firma utiliza el GHG Protocol, metodología que fue desarrollada por el World Resources Institute (WRI) y el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), que permite cuantificar y hacer el seguimiento anual de las emisiones.

"Del análisis de la huella corporativa surgió que nuestras emisiones de GEI provienen principalmente del consumo de energía eléctrica", apuntan desde la empresa, añadiendo que esto los llevó a introducir un Proyecto de Metas Energéticas, en 2013, a partir del cual, el año pasado, se mejoró en 3% la eficiencia de consumo eléctrico en los edificios centrales del banco.
Ahora bien, en esta tarea, no solo de grandes empresas se trata, sino también de pequeñas y medianas, como ilustra Tonka, una empresa B metalúrgica.

"Acabamos de medir, por primera vez y con el INTI, la huella de carbono en todo el ciclo de vida (materia prima, fabricación, uso y disposición final) de nuestro producto estrella, las válvulas para calefones", relata Federico Chevallier, gerente de esta pyme familiar, que se impuso la meta de llegar a la carbono neutralidad o, incluso, ser carbono negativa.

Para lograrlo, se hará una inversión directa con una organización que esté destinando fondos a tierras protegidas. "Calculamos qué tipo de ecosistema tenemos que preservar para la captación de carbono y llegar a la neutralidad. Es una inversión relativamente escasa", concluye.