Negocios con el foco en el acceso al agua

La empresa social Tecnologías para la Vida se dedica a la construcción y comercialización de bombas manuales de agua y la pyme familiar Dvigi produce filtros de agua hogareños y portátiles. Cuando el beneficio económico se combina con el social y ambiental.

En el país, hay 270.000 familias que por falta de acceso al agua corriente, deben extraerla de pozos en forma manual. Un 10% de ellas vive en zonas rurales, y el 90% en asentamientos suburbanos. Con la idea de aportar una solución a esta problemática, el ingeniero nuclear y emprendedor social barilochense Gustavo Genuso creó hace una década ETV, Emprendimientos de Tecnologías para la Vida, dedicada a desarrollar y comercializar dispositivos que mejoren la calidad de vida de comunidades postergadas.

Uno de los productos creados por Genuso y su equipo es la bomba de soga, para extraer agua de pozos de hasta 50 metros de profundidad. Este dispositivo está pensado para ser armado por su usuario final, y tiene una alta durabilidad y fácil reparación, ya que está destinado a poblaciones aisladas. Para comercializarlo, ETV se asocia con ONGs, municipios e instituciones de microcrédito, que ofrecen financiación a los consumidores, generalmente pequeños productores y pobladores originarios de bajos ingresos.

"Se trata de una tecnología antigua, pero la hemos adaptado a las necesidades de las distintas regiones del país", señala Genuso. Además del equipo manual, hay dispositivos que funcionan con energía solar y eólica. "Somos una empresa social y nuestro objetivo primario no es económico, apunta el emprendedor. El mejor rédito es ver la emoción en los ojos de las personas que al accionar la bomba ven fluir agua por primera vez en su casa. Esa mirada demuestra que nuestro esfuerzo vale la pena", destaca.

 

Filtros de agua para siempre

En 1989, Jorge Djenderedjian y Teresa Cavallaro empezaron a importar filtros de agua desde Corea. Una década más tarde, comenzaron a fabricarlos en el país, y así crearon Dvigi, una pyme familiar que, hoy, está a cargo de su hija, Gisella Djenderedjian.

A diferencia de otros dispositivos para filtrar agua, los fabricados por Dvigi se compran por única vez y lo único que se renueva cada 18 meses es la unidad filtrante. La compañía está certificada como Empresa B, es decir, con fines comerciales tan importante como sociales, y obtuvo la norma de calidad ISO 9001 . Un purificador rinde 14.000 litros de agua y evita el uso de unas 14 mil botellas de plástico de litro, que tardan 700 años en descomponerse, apunta Gisella. Los purificadores, de uso industrial, familiar y portátil, se comercializan a través de venta directa y por Internet en la Argentina, Uruguay, Chile y otros países de América latina.
 

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