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LUNES 18/03/2019

Mármora: "Las enfermedades y pandemias no son problemas médicos, son problemas políticos"

El director Ejecutivo de Unitaid contó las oportunidades que traen los modelos de negocio alternativos y propuso generar más alianzas entre los laboratorios de la región. Además, habló sobre los proyectos para luchar contra el HIV, la tuberculosis y la malaria.

Mármora:

Promover el acceso a medicamentos entre las personas de países no desarrollados es la misión de Unitaid, la organización internacional que dirige el argentino, Lelio Mármora, desde 2014. Actualmente, Unitaid se focaliza en la innovación respecto de la detección temprana y tratamientos contra el HIV, tuberculosis y malaria, abordando también otras patologías. "En función de las necesidades de los países no desarrollados, buscamos la posible solución en el mundo de la ciencia y la industria", señaló el director Ejecutivo.

Mármora, que es abogado, especialista en derecho internacional y cuenta con un posgrado de especialización en legislación empresarial de la Universidad Panthéon Assas de París, visitó Buenos Aires para participar del Foro de Innovación y Acceso a los Mercados de Salud Globales. El encuentro, organizado por Mundo Sano e Instituto Vita Nova, tuvo por objetivo ayudar a la industria farmacéutica regional a comprender el funcionamiento y las necesidades de los mercados públicos de compra, así como incentivar la coordinación entre las propias compañías.

Antes de convertirse en el director ejecutivo de Unitaid, Mármora trabajó en el Fondo Global como director para África y Medio Oriente y fue gerente regional para América Latina y el Caribe. También, participó en proyectos del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Unesco.

- ¿Cuáles son los proyectos más exitosos que llevaron adelante desde Unitaid?

Hasta hace tres años no había un tratamiento de tuberculosis para chicos en el mundo. No existía porque en los lugares, donde se inventan los tratamientos no hay niños con tuberculosis. Por lo tanto, no había un mercado y a ninguna industria le interesaba desarrollarlo. Desde Unitaid, hicimos una licitación a la industria internacional para preguntar quiénes eran capaces de hacer una dosis fija combinada pediátrica. En África, se utilizaban las dosis adultas, se molían y se daban a los chicos. Con el sabor amargo que tienen, las vomitaban, desarrollaban resistencia y morían. Tras el concurso que realizamos, Macleods, un fabricante de genéricos de India, dijo que en un año era capaz de hacer una dosis fija combinada pediátrica con sabor agradable. Hoy ese medicamento, gracias al apoyo del Fondo Mundial, nuestro socio para llevar a escala los proyectos, se usa en 93 países. Este tipo de inversiones cambian la vida de las personas.

Ahora, hay tres empresas más que compiten con el mismo producto. De este modo, se crea un mercado sano, que genera competencia y bajan los precios.

- ¿Con que actores articulan para llevar adelante los proyectos?

Hablar con un solo interlocutor para definir necesidades y soluciones, no está bueno. Históricamente, nos sentábamos en las reuniones con los gobiernos. Hoy tratamos de poner en la mesa a todos los protagonistas.

- ¿Cómo ves a la industria farmacéutica en el país?

El potencial que tiene el sector tiene que ser analizado a nivel regional. La integración de nuestros países es un paso muy importante. Vemos una enorme capacidad técnica, sobre todo en la Argentina, Brasil y Chile. Es posible observar aspectos complementarios entre estos países. Si se llegan a coordinar pueden jugar un rol importante a nivel global. Por eso vinimos con el Fondo Mundial y Unitaid. Vamos a plantear principalmente cuál es el nivel de competitividad que tiene la industria de la región. Creemos que si se hacen alianzas y se juega en equipo la cosa puede madurar bien.

- ¿Y en relación al acceso a los medicamentos?

Los resultados en la región son muy buenos. Desde el punto de vista institucional, los países de la región han hecho mucho. Hay otro elemento muy importante que tiene que ver con el nivel de inclusión. En la Argentina, el nivel de discriminación por vivir con HIV es prácticamente inexistente. Hay países que son supuestamente desarrollados, pero tienen políticas restrictivas y represivas con la gente que vive con ciertas enfermedades.

- ¿Ustedes buscan las soluciones a un problema determinado u otros actores se acercan a proponer innovaciones?

Las dinámicas pueden ser distintas. Tenemos un fondo de inversión de u$s 2.000 millones que aplicamos a soluciones prometedoras. Hay veces que no existen y tenemos que salir a buscarlas y desarrollarlas. Otras veces, ya existen, pero son muy caras. Por ejemplo, la última generación de autotest de HIV, aquellos que pasas por las encías y en veinte minutos dicen si tenés el virus, tienen un valor de u$s 48 en las farmacias de los Estados Unidos. Cuando pensamos en cómo llevarlo a Asia, nos reunimos con los fabricantes y después de una larga negociación llegamos a u$s 2. Ahora, lo estamos introduciendo en 17 países a ese precio. Las enfermedades y pandemias, en general, no son problemas médicos, son problemas políticos.

- ¿Ahora qué proyectos están desarrollando?

Estamos con unos proyectos fascinantes. En primer lugar, estamos desarrollando un nuevo tratamiento contra la tuberculosis. Actualmente, para luchar contra la tuberculosis resistente, el tratamiento que se utiliza es con inyectables, dura dos años y tenés un 50% de posibilidades de sobrevivir. Estamos invirtiendo u$s 80 millones para contar con un tratamiento que va a durar 9 meses, todo oral, con menos efectos secundarios y hasta ahora con pruebas con un 85% de éxito. De acá a tres años se lograría ganar escala. Estamos combinando dos moléculas que no habían sido combinadas antes por problemas políticos e institucionales. De esta forma, se va a cambiar la realidad en la lucha contra la tuberculosis.

También, estamos introduciendo la nueva generación de insecticidas y de mosquiteros contra la malaria. El principal problema es la resistencia que forjan los mosquitos. La nueva generación de insecticidas es mucho más cara, que los que se usan hoy en día. Valen un 25% más. Lo que hicimos fue hacer un gran proyecto, donde subsidiamos el valor para que los países los usen. Así, se creó mucha más demanda y bajaron los precios. También, se crearon competidores. En los 18 meses que lleva el proyecto el precio bajó más de lo que nosotros teníamos pensado que iba a bajar en cuatro años. Ya hay dos competidores que están por largarse al mercado.

Regularmente, tenemos que tomar muchos riesgos. Algunas veces nos equivocamos y perdemos plata. No hay que tener miedo de tomar riesgos, siempre que sean controlados y el board te apoye en ese sentido.

- ¿Cómo se adapta a la industria a este tipo de proyectos?

Antes eran más reacios a trabajar con este tipo de proyectos. No veían el sentido. Ahora, cada vez más, la industria es socia en esto. Apuestan a otros modelos de negocio. Es mentira que no le puede ir bien al sector privado cuando se hacen las cosas de manera solidaria y con conciencia social.

- ¿Cuál es el principal desafío para los laboratorios de la región?

Por un lado, tienen que entender este modelo de negocio, al cual todavía no están acostumbrados y tienen que poder coordinarse entre sí. Es importante que jueguen para el mismo equipo. Si la voluntad está, se van a poder hacer cosas muy interesantes.

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