Lo que dejó la Cumbre de Economía Verde

El segundo encuentro que unió a los negocios y la sustentabilidad, esta vez en Córdoba, arrojó como conclusión que ambos son compatibles. Lecciones de una reunión que contó con figuras de la talla de Barack Obama.

Si algo quedó en claro en la II Cumbre de Economía Verde que se realizó el 5 y 6 de octubre en la ciudad de Córdoba, es que sustentabilidad y negocios son perfectamente compatibles. Durante el evento, del que participaron figuras internacionales como el ex presidente estadounidense Barack Obama, los premios Nobel de Economía Eric Marskin y Edmund Phelps, y el activista Ndaba Mandela, titular de la ONG Africa Rising y nieto del líder sudafricano Nelson Mandela, se debatieron nuevos modelos económicos y de negocios con foco en la eficiencia, el uso de energías renovables y el cuidado del ambiente.

El encuentro fue organizado por la Fundación Advanced Leadership y el Gobierno cordobés, y tuvo como propósito capacitar a 100 líderes locales provenientes de empresas, organizaciones de la sociedad civil y de la función pública, en la difusión e implementación de la llamada "economía circular" o "baja en carbono", basada en las llamdas 4 R: reducción, reutilización, reciclado y revalorización de los recursos.

En su mensaje de bienvenida a esta cumbre, Juan Verde, titular de Advanced Leadership más allá de ser portador de un apellido premonitorio, destacó que "el argumento de que debemos elegir entre el crecimiento económico y la sustentabilidad está perimido, y sostenerlo sería equivalente a decir que no se puede abolir la esclavitud porque la economía necesita mano de obra gratis".

Sin dudas, las palabras más esperadas de la cumbre fueron las de Barack Obama, quien comenzó su discurso advirtiendo que "somos la primera generación en sufrir los efectos del cambio climático, y la última que puede hacer algo para frenarlo".

A diferencia de su sucesor en la Casa Blanca, Obama dio impulso durante su gestión a la firma del llamado Acuerdo de París, por el que 175 países y la Unión Europea se comprometieron a reducir sus emisiones de gases de invernadero (GEI) para evitar que la temperatura media global del planeta aumente por encima de los 2°C (límite considerado peligroso para la supervivencia de las especies).

Si bien Donald Trump dispuso que Estados Unidos se retirará de este acuerdo global, la mayoría de los Estados, ciudades y empresas mantienen sus compromisos, por lo que se cumplirán las metas de reducción de emisiones.

Ocurre que la evidencia científica sobre el Cambio Climático es hoy abrumadora, y a ella se suman hoy datos económicos contundentes. Desde que se inició este siglo, hemos vivido los 17 años más calurosos de la historia, y más de 3.000 científicos de 130 países integrantes del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) coincidieron en señalar que las actividades humanas están acelerando este proceso de aumento de las temperaturas medias, cambios en los régimenes de precipitaciones, suba del nivel de los océanos y mayor frecuencia de eventos climáticos extremos como huracanes y tsunamis.

Al mismo tiempo, ya estamos en transición de un modelo económico lineal a uno circular. Hoy hay más inversiones en energías limpias que en convencionales, y la mayor parte de éstas provienen del sector privado.

Los países que más están apostando a este nuevo modelo energético están en las antípodas ideológicas y son China y Alemania. El desarrollo tecnológico ha permitido que las energías renovables, aún sin subsidios, sean hoy más económicas que las fósiles.

Un país como la Argentina, con su extensión geográfica y diversidad de climas y territorios, tiene un inmenso potencial de generación energética en base al sol, al viento, el movimiento de los mares (energías eólica y undimotriz), el calor de la tierra (geotérmica), o los residuos (biogás, biomasa y biocombustibles de segunda generación que no compiten con cultivos alimenticios).

Si las inversiones hoy van hacia las energías renovables y las tecnologías sustentables, también es cierto que hoy los consumidores y trabajadores exigen a las empresas que sean responsables con el cuidado del ambiente y las personas. Según una encuesta global del Pew Research Institute, más de la mitad de los consumidores (52%) están dispuestos a castigar a un político o producto que no tenga en cuenta al ambiente.

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