Martes  30 de Agosto de 2011

La preocupación por el desarrollo

Conscientes del desafío del medio ambiente, el ojo está puesto en las grandes ciudades. Son ellas las que concentran la mayor densidad de población y contaminación. Problemas y posibles soluciones desde la arquitectura, el urbanismo, la construcción y el transporte.

Ciudad y sustentabilidad podrían ser palabras casi antagónicas si se tiene en cuenta que, en los centros urbanos, se concentra la mayor cantidad de población con su consecuente uso excesivo de recursos y dispendio de productos y servicios. Datos estadísticos indican que es principalmente en la ciudad donde se evidencian las tensiones y contradicciones del desarrollo urbano y donde la no sustentabilidad reina de la mano del consumo energético desmedido, de la impiadosa contaminación, del poco aprovechamiento de las energías renovables, del inconsciente uso del agua, del exiguo reciclaje de la basura y del crecimiento exorbitante de la superficie construida, entre otras.
En ese sentido, algo que intenta ser más que una tendencia o una discusión académica es la ocupación de empresas y organismos, asumiendo el desafío de crear ciudades sustentables. Así ocurrió en el último encuentro de Megaciudades, organizado por la Cámara de Industria y Comercio Argentino Alemana (Cadicaa), en el cual referentes de empresas y organismos públicos presentaron las investigaciones más actuales en la materia.
Una megaciudad, de acuerdo a la definición de la Organización Naciones Unidas (ONU), es una ciudad que tiene más de 10 millones de habitantes. Actualmente, existen cerca de 30 megaciudades en el mundo y una de ellas es Buenos Aires. Según datos aportados por la Cámara, un 13% de la población mundial vive en una megaciudad. Más de la mitad de la población mundial habita en zonas urbanas, debido a factores económicos y tecnológicos.
Para el caso argentino, el último censo nacional, de septiembre de 2010, arrojó un dato que concuerda: el 48% de la población total del país se concentra en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires, los centros urbanos cercanos a la metrópolis, La Plata y Rosario.

Ciudades sustentables
En América latina, las ciudades comienzan a introducir cambios, de la mano de organismos y asociaciones, pero también desde los gobiernos locales. Ítems que incrementan la sustentabilidad de una urbe son la mayor cantidad de espacios verdes para producir oxígeno y disminuir CO2; la mayor cercanía de fuentes de alimentos para evitar grandes cantidades de energía en su transporte; el aprovechamiento de energías renovables (solar, eólica, geotérmica) y de biogás, utilizando los deshechos cloacales; los medios de transporte eficientes energéticamente y poco contaminantes; la reutilización y el reciclado de basura; el incremento de espacios verdes incluyendo techos de este color en los edificios para reducir el efecto de isla de calor y reducir las inundaciones al absorber parte del agua de lluvia; minimización de la superficie urbana; y políticas públicas para disminuir la inseguridad. “Todos estos conceptos deben ser aplicados e integrados para considerar a una ciudad como sustentable. Diversas ciudades en el mundo se han especializado en temas específicos y están trabajando intensamente en muchos de estos aspectos, pero, hasta ahora, ninguna los aplica a todos”, aseguró Juan Matteo, de la Federación Argentina de Municipios (FAM).

Arquitectura sustentable
El incesante crecimiento de los centros urbanos se vislumbra como uno de los principales problemas de este siglo. “Si bien la industria de la construcción es de vital importancia en las economías regionales por la contribución del sector frente al PBI, también es un hecho que este sector es uno de los principales consumidores de recursos, energía y materias primas. Se estima que el entorno construido en las grandes ciudades industrializadas consume más del 40% de la energía total y es la principal causa en la generación de las emisiones de CO2eq (dióxido de carbono equivalente), seguido por el transporte y la industria”, avizoró Danilo Antoniazzi, gerente General de la Cámara de Desarrolladores Urbanos de Buenos Aires (CEDU). Por su parte, Enrique Genzone, el presidente de Siemens Argentina, aportó otro ejemplo: cerca del 40% de la energía mundial es consumida por los edificios. “Las mayores consumidoras de energía, en un edificio, son las instalaciones eléctricas y la iluminación, responsables del 40 a 60%
de los gastos totales. Una construcción moderna o renovada puede reducir el consumo energético en más de 40%, incorporando mejores aislamientos y optimizando los equipos de calefacción, ventilación, aire acondicionado e iluminación. La inversión necesaria para adoptar estas medidas se puede recuperar en poco tiempo, dependiendo del contexto de cada país, a través del ahorro en energía y costos de operación”, indicó Genzone.

Made in Argentina
Estos datos coinciden para nuestro país, donde el stock edilicio utiliza más del 34% de la demanda energética y genera más del 24% de los gases de efecto invernadero, según estimaciones de la CEDU. “El resultado de este escenario demanda nuevas formas de repensar el desarrollo urbano y considerar las externalidades no deseadas de la degradación del suelo, el aire y el agua, bajo el principio de la biohabitabilidad sobre la mejora en las condiciones de salud y confort”, comentó Antoniazzi. El ejecutivo definió la arquitectura sustentable como la concepción empírica del diseño sobre la base del mejor uso de los recursos naturales, mitigando el impacto ambiental sobre los ecosistemas y sus habitantes.
A la hora de diseñar el proyecto arquitectónico, los especialistas coincidieron en que se pueden introducir tecnologías de consumo energético eficiente, sistemas de gestión y administración como los BMS (Building Managing Systems), así como también optimizar los procesos industriales y elegir productos sustentables. “Con el objeto de reducir los impactos producidos por las construcciones en las grandes ciudades se deben encarar, desde una mirada general, las siguientes medidas: la eficiencia energética, el uso racional del agua, la calidad ambiental de los espacios interiores, el uso de materiales de bajo impacto en el proceso de producción y la conservación del suelo y protección y/o restauración de la naturaleza existente”, resaltó Antoniazzi.

Transporte sustentable
La recuperación del espacio urbano y la movilidad sustentable son dos de los ejes principales en cuanto a las preocupaciones de este sector. “El transporte, en general, es una de las principales fuentes de contaminación del aire, produce congestión en el tránsito, accidentes y otros problemas”, anticipó Eduardo Hilsenrat, vicepresidente del Consejo Profesional de Ingeniería Civil de la Ciudad de Buenos Aires. “Hoy, circular por la ciudad en auto es un martirio, la mayoría de los barrios de la Ciudad de Buenos Aires se encuentran a menos de 10km del centro, pero lleva horas en hacer un recorrido que debería tomar mucho menos”, aportó Clara Rasore, arquitecta del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP). Por su parte, Guillermo Dietrich, subsecretario de de Tránsito y Transporte de la Ciudad de Buenos Aires, remarcó con varios ejemplos los esfuerzos y su éxito para controlar el tránsito vehicular, con el fin de fomentar otro tipo de transporte, incluso el peatonal o en bicicleta. “El pico y placa no es una solución. En Nueva York, no funcionó. Beijing limitó a un tercio el patentamiento y otra opción puede ser cobrar por usar el auto. Nosotros entendemos la equidad como la libertad de elegir cómo queremos movernos en la ciudad y distribuir mejor el espacio público”.
Para Juan Pablo Martínez, director de la Escuela Ferroviaria de la Facultad de Ingeniería de la UBA, la equidad en el transporte va asociada indefectiblemente a los desarrollos urbanos. Como ejemplo, citó a la Ciudad Universitaria, un lugar de difícil acceso que podría tener una estación del mismo tren que pasa a unos metros.

Pensando soluciones
Una opción para resolver parte del problema son los vehículos híbridos que, desde el sector público pero también privado, aumentan en número en las calles de las ciudades del mundo. No obstante, para Michael Laar, especialista en desarrollo urbano de Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ), la organización para la cooperación internacional, estos sólo resuelven la cuestión de la contaminación, pero no la del espacio. “El ómnibus híbrido sería también una ayuda hasta que lleguen más subtes o se peatonalice”, agregó Martínez. Andrés Fingeret, director del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo en la Argentina (ITPS), coincidió en que la prioridad debería ser para quienes viajan en tren, subte o colectivo. También propuso los carriles exclusivos para ómnibus en las autopistas y relegar el automóvil para recuperar el espacio público. “Un auto ocupa 115 metros cúbicos de espacio, mientras que una persona ocupa tres. Si una calle permite libremente estacionar autos en sus laterales, ésta pasaría a ser ocupada casi en el 80% por autos y ¿qué queda para las personas? En una vía, un carril debería tener prioridad, en proporción a la cantidad de personas que puede llevar. Si un auto transporta una persona y un colectivo lleva 50, el colectivo merece 50 veces más lugar que el auto”, expresó Rasore. Las opciones para esto son variadas: hacer que el transporte particular sea costoso, cerrar calles al acceso vehicular o cederlas al uso de la bicicleta, implementar peajes caros para ingresar al centro en auto. “Muchos centros comerciales o edificios nuevos ya respetan nuevos códigos de construcción que restringen la cantidad de cocheras, para ir reduciendo paulatinamente la cantidad de autos por familia”, concluyó.
“Es, sin duda, en las grandes ciudades donde deben darse los cambios para limitar los efectos agresivos de la contaminación y de las acciones no sustentables. Son las autoridades las que deben buscar urgentemente modos más sostenibles de atender la rápida urbanización y asumir un rol protagónico en lo que hace a combatir el cambio climático”, sentenció el presidente de Siemens Argentina.
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