Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

La implementación del acuerdo de París

En noviembre, todos los países del mundo se reunirán nuevamente para avanzar sobre los compromisos climáticos que se acordaron en París hace casi un año, esta vez en Marrakech (Marruecos). El acuerdo de París marcó un hito en las negociaciones climáticas, generando un instrumento legalmente vinculante que aplica para todos los países en materia de reducción de emisiones y asistencia para los más vulnerables.
Su éxito no se mide solo en la calidad del contenido, sino que, además, debe considerarse lo que generó a nivel global en todos los ámbitos, la cantidad de sectores que acompañaron, movimientos sociales, ONGs, sindicatos, ciudades, empresas, grupos de fe y hasta estrellas de cine. Más aún, el texto envía señales de largo plazo para los inversores de hoy, y eso se ve reflejado también en el desarrollo de la industria de renovables a nivel mundial en el último año.
El acuerdo generó un impulso lo suficientemente grande como para cumplir los requisitos de entrada en vigor en menos de un año, incluyendo a los dos grandes jugadores de este escenario, los Estados Unidos y China.
Ahora bien, este no es perfecto ni detallado, pero da los marcos generales que se necesitan para ir reglamentando los detalles de la implementación de cada uno de los artículos. Por eso, la COP22 de Marrakech es una reunión importante, aunque menos mediática, por así decirlo. Allí se debatirán temas relacionados a las características de los compromisos climáticos presentados y también se estructurará la discusión para revisarlos. Recordemos que la decisión de París reconoce esta brecha y convoca a los países a mejorar sus compromisos antes de 2020 para ponerlos en línea con la meta de largo plazo: "que la temperatura media global no aumente más de 2°C". El Gobierno argentino es uno de los pocos que está trabajando en la mejora de lo presentado, por lo que se espera que, en un plazo prudente, pueda proponer uno nuevo, más ambicioso que el anterior, que esté en línea con el desarrollo sustentable y bajo en emisiones. No obstante, genera incertidumbre que, en el marco de este proceso, el Gobierno siga promoviendo las grandes inversiones en represas y Vaca Muerta.
Otro de los temas de Marruecos estará ligado al financiamiento climático. El acuerdo de París plantea que, entre 2020 y 2025, los países desarrollados deben aportar u$s 100 mil millones anuales al Fondo Verde del Clima, entidad creada para asignar este dinero a proyectos de mitigación y adaptación en países en vías de desarrollo. Al momento, este solo cuenta con u$s 10 mil millones y los países deben acordar sin demoras de qué modo llegarán a esos 100 mil en 4 años. Para ello, varias reuniones previas que ocurrieron este año aparentemente allanarían el camino.
Finalmente, la inercia del acuerdo es acompañada de otros que se concretaron de forma reciente sobre aviación y gases refrigerantes. Para el primero, los países y las aerolíneas miembros del International Civil Aviation Organization (ICAO) se comprometieron a hacer su crecimiento carbono neutral a partir de 2020. Para el segundo, los países, en el marco del Protocolo de Montreal (que atendió el problema de la capa de ozono), acordaron detener la producción y consumo de gases refrigerantes contaminantes para reemplazarlos en plazos diferenciales, pero en el rango de los próximos 20 años. Estas dos decisiones atienden un significativo número de emisiones a nivel global.
Por todo esto, se prevén muchas expectativas para la COP22 de Marruecos, expectativas que solo podrían verse opacadas por las elecciones presidenciales de los Estados Unidos.