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Jorge Melguizo: "Al fracaso colectivo que fuimos, tenemos que oponerle un desafío colectivo permanente"

El consultor colombiano involucrado en la transformación social de Medellín explica cuáles fueron y son los desafíos y los puntos claves para que se de un cambio definitivo en la ciudad. Por qué el caso se convirtió en un modelo a copiar en toda la región.

Medellín es una ciudad referente en América Latina por la capacidad de innovación que tuvo para superar la violencia. La capital de Antioquia registró 381 muertos por cada 100.000 habitantes en 1993. Hoy la tasa es de 23. La ciudad se focalizó en dos temas: innovación en el desarrollo urbano y en la resiliencia social.

La Comuna 13 fue escenario en 2002 y 2003 de los más fuertes enfrentamientos entre grupos de guerrilla y paramilitarismo que se hayan vivido en cualquiera de las principales ciudades colombianas. Esta zona, por reacción del gobierno nacional, fue objeto de una durísima toma militar que dejó un número indeterminado de muertes, más de 150 desaparecidos, miles de víctimas y muchísimas familias desplazadas. Y dejó, también, un enorme estigma sobre la Comuna.

Sin embargo, la ciudad pudo ponerse nuevamente de pie. En 2011, se inauguró una escalera mecánica de 384 metros que escala la montaña en seis secciones, con un recorrido que dura tan solo seis minutos. Esta iniciativa se convirtió en un modelo para la planificación urbana alrededor del mundo. Ahora los turistas y residentes de todo Medellín visitan la zona y fomentan el emprendedurismo en el lugar.

La ciudad colombiana cuenta con un sistema de transporte integrado que es pionero en la región. Aunque entre sus desafíos, las autoridades ponen en la lista que la ciudad debe trabajar por un sistema que priorice al peatón, el transporte público masivo y la bicicleta como principales medios de transporte, con el fin de reducir la congestión y mejorar su eficiencia.

Jorge Melguizo es un consultor colombiano que estuvo toda su vida vinculado a proyectos sociales de transformación en Medellín, desde agrupaciones barriales y ONGs hasta la administración pública. Es periodista y estudió Comunicación Social en la Universidad de Antioquia. Y fue profesor de las universidades de esa ciudad, la Pontificia Bolivariana, San Buenaventura y Escolme. Dirigió durante siete años la ONG Surgir, de Medellín, dedicada a prevención del consumo de drogas. También tuvo a su cargo los recientes procesos de transformación urbana, social, educativa y cultural de Medellín como gerente del Centro de Medellín (2004 - 2005), secretario de Cultura Ciudadana (2005 - 2009) y secretario de Desarrollo Social (2009 - 2010). Hoy se desempeña como consultor en gestión pública, cultura ciudadana, fortalecimiento de organizaciones civiles y convivencia y seguridad.

En conversación con El Cronista, Melguizo explicó los los puntos claves para la transformación de la ciudad.

- ¿Cuáles considera los principales desafíos de la ciudad?

Recientemente, se dio una situación durísima en ciertos barrios de la ciudad con enfrentamientos de bandas y con una respuesta desacertada de la alcaldía. Eso nos señala que hay un desafío tremendo en el control de la criminalidad, que encuentra muchas maneras de fluir por los recovecos sociales, institucionales y por los vacíos que el estado va dejando.

Un segundo desafío sigue siendo la construcción de la equidad. Somos el país más inequitativo de América latina, junto a Haití y Guatemala.

- ¿Cuál es el factor clave para una transformación social tan radical?

En los últimos 30 años, la marca de Medellín fue la construcción del dialogo cruzado, colectivo y permanente entre distintos sectores de la sociedad. Si tengo que escoger una sola cosa, me quedaría con esa. La actual alcaldía de Federico Gutiérrez, que empezó en enero de 2016, es la que más se ha cerrado a ese diálogo. Los resultados van dejando en evidencia la necesidad de recuperar ese espacio de construcción colectiva. Lo resumo en una frase: al fracaso colectivo que fuimos, tenemos que oponerle un desafío colectivo permanente.

Otro punto importante es el de volver públicos proyectos sociales. Es decir, darle escala a los laboratorios urbanos, educativos, culturales y sociales que esta ciudad construyó durante muchísimo tiempo. Cuando se convierten en proyecto público, se observan mejores resultados. En la ciudad, se entendió que lo contrario a la inseguridad no es la seguridad, sino la convivencia, que se construye con proyectos sociales, educativos y culturales. Uno de los programas reconocido internacionalmente es el de los Jardines del Buen Comienzo (N.d.R: jardines infantiles, ubicados en los barrios más vulnerables, que cuentan con un grupo interdisciplinario de pedagogos, médicos y psicólogos, además de espacios amplios, abiertos y zonas verdes donde los pequeños pueden desarrollar sus habilidades). Este proyecto es un gran generador de equidad territorial y poblacional en la ciudad.

Por último, los proyectos de movilidad son fundamentales. Se configuró una red de transporte público masivo único en Colombia, de altísima calidad con efecto transformador de la sociedad porque implica cohesión territorial. (N.d.R: el Metrocable es un sistema de cables aéreos conectado al Metro que integra a las zonas más apartadas de Medellín).

- ¿Qué beneficios trae a las ciudades apostar por una movilidad sostenible?

En primer lugar, mejora la calidad de vida, genera un ambiente más sano y promueve la seguridad en el desplazamiento. Un tercio de la población se desplaza caminando hacia su lugar de trabajo o estudio. Eso implica que la mejor política de movilidad es el mejoramiento de calles, andenes, cebras, pasos peatonales, semáforos, iluminación pública, entre otros.

En Medellín particularmente estuvimos viviendo una crisis ambiental muy fuerte. Por lo tanto, se requiere de la política de movilidad sustentable para reducir las emisiones.

- ¿Qué rol tienen las ONGs y empresas en la construcción de una Medellín líder en innovación en la región?

En la historia de Medellín ambos sectores fueron claves. A fines del siglo XIX un grupo de empresarios de la ciudad constituyó una Sociedad de Mejoras Públicas. Esa sociedad formó una alianza de empresarios que tuvo mucha fuerza en los primeros 50 años del siglo XX. Se convirtió en un para-estado, emprendiendo con dinero privado. Creó el primer Instituto de Formación de Bellas Artes, el teatro de la ciudad, hospitales, entre otros. Fue una apuesta empresarial de apoyo a la ciudad.

Desde 2004 hasta hoy, la alianza público-privada se refleja en la construcción colectiva de los proyectos de la ciudad. Hace 30 años comenzamos con planificaciones estratégicas. La participación de empresarios se vio consolidada con acciones específicas en el campo de la educación y la cultura.

En los años 90, las ONGs fueron el motor de transformación y las que gestionaron los grandes espacios de diálogo. Hoy han perdido fuerza porque muchas se convirtieron en operadores de proyectos, más que en tanques de pensamiento. De todos modos, hoy algunas siguen teniendo una fuerza tremenda.

Actualmente, aparecieron colectivos sociales espontáneos, informales, virtuales, pero también con presencia física. Tienen mucha fuerza en la interlocución pública y en la incidencia cotidiana en los temas.

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