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Innovaciones más claras que el agua

La escasez de agua inspira a cada vez más ONG, emprendedores y a universidades a dar soluciones viables al problema. Una planta acuática, que absorbe los contaminantes del agua, y un sistema de purificación son dos de las más destacadas.

Aunque América latina sea uno de los grandes reservorios de agua dulce del mundo, la escasez del recurso en zonas áridas y la falta de acceso por parte de poblaciones de bajos recursos están motivando a investigadores y emprendedores a pensar innovaciones para aprovechar el agua existente y hacerla accesible a todos. Apoyado por concursos, recursos del Estado o de empresas privadas o las simples ansias de superación personal, el tema ha dado a luz a emprendimientos y soluciones innovadores en la materia.
Uno de estos casos lleva el nombre de ‘Mamá Grande’. A partir de una planta acuática que absorbe los contaminantes del agua como si fueran nutrientes, Eduardo Mercovich, biólogo porteño, y Sebastián Lagorio, biotecnológo rosarino, producen agua limpia, bioetanol y bioplásticos degradables. Ellos son los fundadores de la start-up cuya misión es “sanear ecosistemas, crear trabajo y valor económico, basándose en los pilares de la biología: nada se pierde, todo se transforma”, según afirman a Socialmente Responsables.
El proyecto se gestó en 2011, cuando los profesionales se asociaron con Federico Seineldín, un emprendedor social que aportó su experiencia como fundador de la firma tecnológica Openware, la organización no gubernamental MoveRSE y la aceleradora de empresas de base social Njambre, en Rosario.
De esta forma, en 2012, con una inversión cercana a $ 1 millón, instalaron la primera planta depuradora en la localidad santafesina de Totoras, y, este año, iniciaron la producción de bioetanol.
“Hacemos algo nuevo, combinando tecnologías y soluciones que ya existen”, explica Lagorio, quien es vinculador tecnológico y uno de los primeros egresados del posgrado en Bionegocios de la Universidad Nacional de Rosario. “Este cultivo requiere una recolección casi continua, con lo que generará empleo directo y estable. Los ciclos de crecimiento de esta especie son muy cortos y se cultiva durante casi todo el año”, apunta Mercovich.
El bioplástico puede ser procesado por las empresas que fabrican implementos de plástico convencional y el etanol se puede emplear como combustible para el proceso productivo o mezclado con nafta para impulsar vehículos. Al mismo tiempo, se resuelve el problema urbano de la contaminación del agua con efluentes y el problema rural de productores con campos anegados y no son productivos.
Además, hay otros beneficios indirectos. “En los procesos de transformación de azúcar a bioetanol o bioplástico, queda un remanente de proteína que ya ha sido probado con éxito para comida animal. También estamos por medir lo que parece ser un efecto neto de fijación de carbono, con lo que estaríamos ayudando a disminuir el efecto invernadero”, agrega Mercovich. Finalmente, al usar esta materia prima, se libera maíz y caña de azúcar para comida humana.

Potable y accesible
Otro caso relevante es el del emprendedor chileno Alfredo Zolezzi, fundador del Advanced Innovation Center Chile, quien desarrolló un sistema de purificación que elimina en forma rápida y a bajo costo bacterias, virus, algas y contaminantes del agua.
El dispositivo funciona mediante un sistema de filtrado, y una “cámara de reacción” que lleva al líquido al estado de “plasma” (el cuarto estado de la materia, además de líquido, sólido y gaseoso), en cuestión de milisegundos. “Con la técnica, que nunca antes se había usado para purificar agua, se pueden sanitizar hasta 2.500 litros de agua por día y por cada dispositivo, a un costo menor al de 5 centavos de dólar”, asegura el emprendedor.
Zolezzi, quien estuvo en Buenos Aires presentando su desarrollo, invitado por la Fundación Avina, cedió la licencia de uso del sistema a la organización Un Techo para mi País.

Limpiar con desechos
En Rosario, una asociación entre el Instituto de Química Rosario (Iquir), el Conicet y la Universidad Nacional de Rosario (UNR), permite que científicos locales diseñen procesos para purificar agua contaminada por la industria local. El equipo es liderado por Luis Federico Sala, quien explica que se especializan en diseñar métodos de “bajo costo” y con “corto plazo de acción”, con el objetivo de que sean aplicados por pymes industriales.
En los últimos años, ya pusieron en práctica procesos de purificación de aguas con cromo y desarrollan sistemas para eliminar el vanadio y el molibdeno del agua, dos elementos generados por la industria local. El vanadio se emplea principalmente en aleaciones y, en menor medida, en la industria aeroespacial y en la producción de ácido sulfúrico. El molibdeno se utiliza en estado puro como cubierta de barras radioactivas, explica el Conicet.
Los nuevos procesos se basan en el concepto de biosorción, “una técnica que utiliza biomasa orgánica muerta para descontaminar el agua”, dice Sala, y añade que las “biomasas muertas” puede “retener iones metálicos”, lo que permite capturar el vanadio y el molibdeno presentes en las aguas servidas. De esta forma, es posible purificar el agua con marlo de maíz y salvado de soja, provenientes de la actividad agrícola; así como con el fruto de plátano y cáscaras de cítricos, de la industria.
En la práctica, el agua contaminada, antes de salir de la planta industrial, pasa por columnas de flujo continuo que contienen biomasa capaz de retener los metales que quedan capturados en su superficie y el agua, una vez purificada, salga al medio, explicaron desde el Conicet.
M.G.E./P.Y.