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INNOVAR POR LA INFANCIA

Disruptivos, emprendimientos con conciencia social emergen como los nuevos motores del desarrollo en temas como salud, educación y cultura para los niños. Por qué son los más buscados por las grandes compañías.

Unas son reconocidas empresas multinacionales, con balances millonarios, trayectorias centenarias y miles de empleados. Las otras, ignotas ONGs con presupuestos acotados, limitada experiencia y apenas un puñado de voluntarios.
¿Qué une a estos dos mundos aparentemente tan distantes? El deseo de innovar para transformar la realidad de millones chicos en situación de vulnerabilidad en la Argentina.
En una era donde la única constante es el cambio, cada vez son más las grandes compañías que establecen alianzas con emprendedores de impacto social para, juntos, encontrar soluciones disruptivas a los problemas más urgentes que enfrenta la niñez: deserción escolar, desnutrición, inseguridad, falta de proyección laboral, violencia doméstica… y la lista continúa.
Se trata de un matrimonio por conveniencia, en el mejor sentido de la expresión. La alianza le conviene a las empresas, quienes se apoyan en el conocimiento especializado, la flexibilidad y la inventiva de los emprendedores sociales; le conviene a los mismos entrepreneurs, porque reciben no sólo financiamiento sino estructura y contactos de las corporaciones para llevar adelante sus proyectos; y le conviene, esencialmente, a los 4 millones de niños que, según datos de UNICEF, viven en la pobreza en el país y no tienen tiempo para perder.
Si bien la relación entre las grandes empresas, los pequeños emprendedores y las organizaciones sociales no es nueva, lo que distingue este tipo de encuentros en particular es la búsqueda de la soluciones innovadoras a problemáticas estructurales.
El caso de Disruptivox es uno de los más elocuentes. Se trata de un grupo de emprendedores sociales que creó un proyecto de innovación y gestión del cambio en educación. Su propuesta es tan simple como revolucionaria: que las nuevas generaciones pasen de "aprender a emprender".
Básicamente, lo que hacen es brindar herramientas a docentes, estudiantes y voluntarios para acelerar la respuesta a los problemas de aprendizaje, co-crear soluciones e influir en la forma de aprender de los más chicos. "Hay que 'hackear' la manera en que aprendemos, acercando herramientas y fomentando que todas las personas se sientan capaces de generar y crear, construyendo una realidad donde todas las personas puedan sentirse libres de ser y hacer. Desde la niñez hacia la adultez", sostiene Jorge Roldán, uno de los fundadores del emprendimiento, que tiene presencia en varias provincias de la Argentina y en México.
"Nuestro propósito es inspirar a las siguientes generaciones de inventores y emprendedores sociales. Queremos que resuelvan los problemas del mundo haciendo lo que les apasiona", agrega Roldán.
Convencidos de que el sistema escolar actual "educa para una sociedad que ya no existe", desarrollan distintos programas y actividades bajo dos líneas de acción: educación e innovación social. El "Club de Hacedores", la "Red de Radios Escolares" y el hackaton social "Co.Crea" son algunos de los proyectos que llevan adelante gracias al apoyo de sponsors como el gigante tecnológico surcoreano Samsung y a acuerdos con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
En sus programas integran a los alumnos y voluntarios estatales con empleados corporativos -desde mandos medios hasta altos directivos- quienes aportan su know how en áreas específicas: "Articulamos el talento de la empresa para dejar capacidad instalada e incentivar el desarrollo local de la comunidad a través de emprendimientos sociales", sostiene el emprendedor social. Y agrega: "Hacemos muchas preguntas sobre el ADN de la empresa y la vinculamos con nuestra estrategia de negocio con una visión sistémica".

Desafío conjunto

"Un ecosistema de innovación funciona solamente cuando el sector público, el privado y las organizaciones civiles trabajan en conjunto por el desarrollo", opina al respecto Alejandra Luzardo, titular del área de Innovación, Economías Creativas y Emprendimientos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
De paso por Buenos Aires para participar de Idear Soluciones, el evento insignia en innovación del organismo financiero internacional que se presentó ayer y anteayer por primera vez en la Argentina, la especialista venezolana destaca el potencial emprendedor del país, en especial en temas de salud y educación.
"Los argentinos siempre han innovado en materia de salud y también supieron hacerlo en sus inicios como Nación con la educación", sostiene Luzardo en diálogo con Socialmente Responsables. Y advierte: "Pero ahora la educación está cambiando porque está cambiando el mundo: se viene una revolución en inteligencia artificial, biotecnología y nanotecnología, que impactará definitivamente en las formas de aprender".
Algo parecido tenía en mente Oscar Ghillione cuando decidió cambiar la comodidad de su silla en una multinacional por un proyecto social sin antecedentes en el país. Se trata de Enseñá por Argentina, una ONG que detecta a jóvenes talentos recién egresados de la Universidad, les brinda formación pedagógica y luego los compromete a que trabajen como docentes en escuelas de zonas marginales durante un período de dos años.
El emprendimiento social alcanza a más de 10.000 chicos en contextos vulnerables todos los días. Los jóvenes profesionales trabajan en más de 90 escuelas estatales y privadas en articulación con otros docentes de la comunidad educativa, en Buenos Aires, Córdoba y Salta. En un país donde, según cifras oficiales del Ministerio de Educación, casi la mitad de los jóvenes no completa el secundario, Ghillione sostiene que para que un niño desarrolle todo su potencial "necesita acceder a una educación que valore su identidad, potencie el desarrollo de sus capacidades y genere oportunidades para actuar como protagonista de su vida y agente de transformación en su comunidad".
Para el titular de Enseñá por Argentina, los emprendedores sociales cumplen un rol fundamental en la postergada transformación educativa. "Por un lado pueden ser puentes entre realidades diversas que logren articular esfuerzos hacia la acción y, por otro lado, pueden aprovechar la flexibilidad propia de estructuras livianas y contextualizadas para mostrar prácticas disruptivas hacia la equidad", sostiene.
La fundación es parte de la red internacional que trabaja por los mismos objetivos, Teach For All, en la cual mas de 40 organizaciones independientes a lo largo de los cinco continentes comparten el desafío de colaborar con la mejora en la calidad educativa.
Empresas como Renault, Google, Lan, Nestlé, DirecTV y Techint apoyan la iniciativa, ya sea mediante donaciones económicas y también incentivando a sus colaboradores a que formen parte de la experiencia.
Una de las jóvenes profesionales que forma parte del programa es Lucila Malnatti, flamante licenciada en Psicología quien se sumó a Enseñá por Argentina en 2015. "Trabajamos con un modelo de co-docencia, donde comparto el aula con docentes de distintas materias y larga trayectoria dentro de la escuela, lo cual me permite aprender día a día de sus experiencias, de sus estrategias de enseñanza y de la cultura escolar", explica la joven, que se desempeña en un secundario de Villa Devoto. Y agrega: "También aprendo de mis estudiantes, de lo que necesitan para aprender, lo que me cuentan de sus realidades".

Nativos sustentables

En busca de soluciones innovadoras a las problemáticas de la infancia, los emprendedores sociales consultados por Socialmente Responsables coinciden en que la consciencia ambiental es un denominador común que comparte la nueva generación y, a la vez, constituye una zona fértil en la que trabajar junto a los más chicos.
"Estas nuevas generaciones son niños que tren un chip incorporado que les dice que el cuidado ambiental es un tema muy relevante. Es tremenda oportunidad para desarrollar proyectos innovadores para brindar soluciones a problemáticas ambientales", opina Luzardo, del BID.
Al respecto, una investigación de la consultora Trendsity, que se presentó días atrás en las oficinas de la ONU en Buenos Aires, revela que 6 de cada 10 jóvenes de entre 14 y 30 años tienen algún grado de compromiso ambiental.
Así las cosas, la llamada generación sustentable está en la mira tanto de las empresas como de los emprendedores sociales.
Uno de ellos es el arquitecto Jorge Nazar, co-fundador de CampArq, un estudio especializado en sustentabilidad con base en Chacarita. En sus trabajos difunde el uso de "tecnologías apropiadas", es decir, tecnologías de bajo costo, que se adaptan a cualquier medio y son fáciles de reproducir. Nazar pone como ejemplo un proyecto realizado a pedido de la organización Pro Huerta, que depende del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, en Tecnópolis. "En conjunto con la agrupación 1000x10 diseñamos un artefacto que denominamos 'la máquina de hacer huertas', cuyo objetivo es demostrar a los chicos cómo se puede usar el agua de manera más eficiente en las huertas", cuenta.
Sobre la alianza con el Estado, el emprendedor sostiene: "Trabajar con instituciones gubernamentales nos motiva ya que son proyectos con un enfoque didáctico y que llegan a muchos chicos pero también a sus padres".
Para finalizar, Luzardo remarca que para saldar el déficit de salud y educación en materia de infancia, "es clave que cada gran ciudad promueva ecosistemas de innovación donde un diseñador puede hablar con un científico, o un docente con un arquitecto".