Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
DÓLAR
/
MERVAL

Empleos que valen

Lograr un trabajo de calidad es un desafío para jóvenes de contextos vulnerables. Empresas y fundaciones se asocian para ayudarlos a construir capital social y generar oportunidades.

Ya con su título secundario, hace cuatro años, Flavia Valenzuela necesitaba trabajo; Unilever buscaba alguien con muy buen desempeño y compromiso. El puente para que Flavia y Unilever se descubrieran y se eligieran fue Reciduca, una fundación que prepara a chicos de contextos vulnerables para que cuenten con habilidades educativas, socioemocionales y laborales para insertarse en el mundo del trabajo. "Al principio, no sabía qué era Unilever. Fui conociendo más y entendiendo el lugar en el que está: trabajar acá es crecer", cuenta Flavia, que desde entonces es repositora en uno de los principales puntos de venta de la marca y creció en su sentido de responsabilidad, autoestima y autonomía. La experiencia de Flavia es un ejemplo de la sinergia que se logra entre empresas y fundaciones cuando se ocupan de uno de los déficits más importantes que afectan a los jóvenes, la falta de empleo formal.
El modelo de acompañamiento educativo y de preparación para la vida adulta que realizan muchas fundaciones se revela como propicio para que las empresas se involucren en darle oportunidades a jóvenes que, sin este apoyo adicional, no podrían acceder a un empleo de calidad. Seguimiento de la escolaridad, técnicas de autoconocimiento, capacitación en temas laborales y fomento de prácticas en organizaciones son algunas de las propuestas. También buscan oportunidades laborales y ayudas para sostener los empleos que estos jóvenes logran.
"El empleo informal y precario es una constante en los primeros años luego del egreso de la escuela secundaria. En los sectores de bajos recursos socioeconómicos, el riesgo radica en que los jóvenes repitan la historia laboral de sus padres y así se perpetúe su condición de pobreza", explica Magdalena Saieg, directora de Cimientos, una fundación que implementa programas educativos para estudiantes secundarios que promueven la igualdad de oportunidades. "Las firmas pueden cumplir un papel fundamental en ayudar a estos jóvenes a construir habilidades para la vida adulta, ya que su inclusión pasa por el acceso a un trabajo de calidad", explica. En su Red de Egresados, Cimientos les ayuda a definir su proyecto de vida, acceder a oportunidades de trabajo o de estudio y suplen las habilidades y conocimientos que su entorno familiar y social no pueden darles. "La mayoría de sus padres no terminaron el secundario y no están dentro de la formalidad laboral; no saben cómo colaborar en la concreción de estos logros para sus hijos. Es clave vencer esa barrera cultural y concientizar a la familia de origen para que primero se concrete la educación secundaria y luego se acceda al empleo de calidad o la continuación de estudios", explica la especialista. Así, por ejemplo, logran que las familias no los involucren en cuidados del hogar o de menores o en proyectos laborales familiares en la informalidad. Con un promedio de 300 y 400 egresados por año, Cimientos posee 1500 egresados dentro de su red. "El año pasado, conseguimos que un joven por semana consiguiera trabajo formal", cuenta Saieg. Este año subieron la vara: aliados con empresas, que financiarán el programa y brindarán la oportunidad laboral, realizarán cursos de formación en disciplinas o sectores con alta demanda laboral, como programación, junto a Comunidad IT.

El resultado: el empleo

"Lo tenemos claro: el resultado que importa es cuánto empleo se genera", dice Alejandra Ferraro, directora de RR.HH. de Accenture para Latam, cuando cuenta la experiencia de Acceder al Futuro, uno de los programas destinado a jóvenes de contextos vulnerables, que llevan adelante junto a Fundación Pescar. El objetivo es mejorar su perfil para lograr un empleo de calidad. ¿Cómo lo logran? Desde hace cinco años, seleccionan a 25 chicos del último año de secundaria, para que reciban una beca de capacitación anual que consiste en asistir a la empresa todos los días, a contraturno de la escuela. Allí trabajan habilidades socioemocionales, adquieren conocimientos en programación o finanzas, refuerzan su inglés y hasta realizan visitas culturales. Al final del año, logran un nivel de programador junior, listos para ingresar al mercado laboral. Con su certificado en la mano, la mitad de los jóvenes ingresa en la consultora y el resto, busca y recibe propuestas de otras compañías -85% de ellos logra un empleo de calidad- o continúa estudios superiores. "Asumimos este compromiso porque tenemos una enorme necesidad de talento joven; hay que acompañarlo y tratar de equiparar oportunidades", explica la ejecutiva.

Estudio y trabajo

Según mediciones de pobreza multidimensional de UNICEF a partir de datos oficiales, el 30% de los chicos y las chicas de entre 0 y 17 años es pobre y un 8,4% es extremadamente pobre. "Preocupa el abandono escolar en secundaria y el rezago escolar: cerca de 500 mil adolescentes de entre 15 a 17 años no asisten a la escuela. Además, los progresos en términos de cobertura no implicaron mejoras en las trayectorias escolares o en la calidad de los aprendizajes", dice Pablo Ferreyra, gerente de Alianzas Corporativas & RSE de UNICEF.
Para Ferreyra, las empresas pueden tener un rol activo a la hora de atender a las problemáticas de los adolescentes. "El desafío es concientizar a organizaciones sobre estas prioridades y alentarlos a que inviertan en proyectos referidos a la educación secundaria y uso de tecnologías, alimentación y hábitos saludables, protección online y formación para la vida adulta", dice. La educación es una de las causas preferidas a la hora de decidir la inversión social, "por la necesidad de las empresas de contar con jóvenes preparados para su futuro como empleados", explica.
Dos riesgos enfrentan los jóvenes de contextos vulnerables: no alcanzar el título secundario y, de haberlo obtenido, conseguir un primer empleo informal precario. Las cifras son preocupantes: de 100 jóvenes que ingresan a la escuela secundaria sólo la mitad obtiene el título. De los que egresan, sólo 1 de cada 2 comprende textos. Y, según un estudio de Cimientos realizado en poblaciones de jóvenes que viven en contextos de vulnerabilidad social, solo 15 de 100 obtienen título secundario y 1 de cada 100 alcanza el título universitario, mientras que el resto de los jóvenes esa proporción es de 1 sobre 10.
"Paradójicamente, en varios territorios latinoamericanos existe una demanda de mercado insatisfecha de trabajadores", explica Rodrigo Kon, director Ejecutivo regional de la Fundación Forge, que opera en la Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay y se propone ser un puente entre la educación secundaria de jóvenes desfavorecidos y el empleo de calidad. "Esa transición es clave para su futuro, el de sus familias y de la sociedad toda", dice. La fundación armó una Red de Empresas -ya son 377-, que pueden seleccionar jóvenes preparados por la fundación en áreas como ventas, atención al cliente, gastronomía y hotelería, logística, producción, administración e informática; luego, la fundación realiza un seguimiento para que logren sostener su empleo de manera exitosa. También se invita a las empresas a colaborar en paneles con alumnos, visitas o prácticas y entrevistas laborales simuladas. Este año, 8.700 jóvenes participarán de sus programas en América latina y según sus resultados, 80% de los jóvenes que completan el programa se emplea en un trabajo decente y de calidad. Según Forge hay mucho para hacer para concientizar a las empresas. Y señalan algunos indicadores:
- para desempeñar una misma función, se paga 30 a 40% menos en promedio a jóvenes en comparación con adultos; y las dificultades para mantener el empleo son también significativamente mayores;
u hay poco interés de los empleadores en el desarrollo de jóvenes de primer empleo.

Con estudio y con trabajo

"En la Argentina, hay más de 1 millón de jóvenes "ni-ni" (que no estudian ni trabajan); de ellos, más de 700 mil no están buscando insertarse en el mercado laboral y cuanto más tiempo permanecen así menos posibilidades tienen de desarrollar habilidades", explica Esther Parietti, directora de Sustentabilidad de Adecco. Desde 2008, con su programa "Empleo Juvenil", capacitaron 3061 jóvenes de 18 a 24 años y lograron que un tercio se incorpore al mercado laboral. Según Adecco, casi 7 de cada 10 jóvenes argentinos no encuentra trabajo por carecer de experiencia laboral, por lo que se evidencia una brecha entre las habilidades con las que cuentan y las que demandan las empresas. En "Empleo juvenil", a través de talleres, jóvenes de 18 a 24 años en riesgo de exclusión trabajan sus fortalezas y debilidades, el desarrollo de sus intereses, la importancia del trabajo en equipo y por objetivos, entre otros temas.