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El desafío de potenciar una comunidad

Cuando las empresas apuesta por el desarrollo comunitario el diálogo entre los distintos grupos de interés descubre cuál es el camino para lograrlo. El objetivo, dejar capacidades instaladas.

El desafío de potenciar una comunidad

Cuando en 2003, PAE comenzó su programa de responsabilidad social, Creciendo Juntos, en Comodoro Rivadavia, con el objetivo de ayudar a disminuir la mortalidad infantil, los índices que mostraba la provincia se asemejaban a los de los países más postergados del mundo: 16,96 por mil. Ante los datos desalentadores, se convocó a todos los actores: Ministerio de Salud provincial, referentes de todas las clínicas y centros de salud, médicos y fundaciones. En las mesas de diálogo se llegó a un diagnóstico y se diseñó un plan de trabajo conjunto que consistió en capacitar obstetras, neonatólogos, pediatras y enfermeros y realizar campañas de salud pública para que las mujeres pudieran planificar su embarazo y realizar los controles prenatales, entre otras acciones.

Y se comenzó a monitorear el estado de situación y la evolución de los resultados concretos del programa, que ya, en 2009, mostró una reducción importante del índice que llegó a 7,51 por mil.

"Este es un indicador sociodemográfico muy complejo porque hablar de datos complementarios, como las circunstancias del embarazo, acceso a servicios de salud, nivel de formación de la madre, acceso a alimentación durante la gestación, entre otros", explica Agustina Zenarruza, líder de Responsabilidad Social de la petrolera, que articuló acciones con fundaciones como FUNCEI y Fundasamin y con el Ministerio de Salud provincial, entre otras instituciones, a lo largo de los últimos 15 años. ¿Resultados? Misión cumplida: "El último ránking de Desarrollo Humano de PNUD, ubicó a Chubut en el segundo lugar del país, después de CABA. Y el de mortalidad infantil es uno de los indicadores que más peso tiene en la elaboración de este índice", dice Zenarruza.

El programa también es un ejemplo de cómo sirve mantener políticas de desarrollo en el tiempo más allá de los tiempos políticos. "Desde que comenzó, distintos directivos de PAE aprobaron la continuidad del programa. En el Ministerio de Salud de Chubut también hubo cambios de funcionarios; también cambiaron las fundaciones con las cuales articulamos, pero el compromiso con el objetivo final, la reducción de la mortalidad infantil, se mantuvo", explica Zenarruza. Creciendo Juntos, desde 2015, se realiza también en Neuquén a pedido de esa provincia; el Estado provincial provee la logística y PAE, la herramienta.

Pero, ¿por qué invirtir en desarrollo comunitario? "El objetivo es mejorar la calidad de vida donde operamos y colaborar con el desarrollo del capital humano; las acciones están vinculadas a mejorar la calidad de la educación, los servicios de salud, el aporte al capital productivo, capacitación a Pymes y el desarrollo del capital social fortaleciendo los lazos comunitarios y a los gobiernos locales", dice la ejecutiva. PAE también realiza acciones de impacto comunitario en Tartagal y en Neuquén, donde están radicadas sus inversiones.

Desarrollar la comunidad

Para Alberto Willi, director Académico de Programa EMBA y profesor adjunto del Área Académica Empresa, Sociedad y Economía del IAE Business School, "el desarrollo comunitario no depende de un solo factor, es multicausal. Cuando las empresas entienden esto y lo alinean a su estrategia de sustentabilidad ayudan realmente a lograrlo. Pensar de esta forma abre a las orgnizaciones a integrarse con los distintos grupos de interés de la comunidad y a acordar acciones de largo plazo. Es un enfoque más desafiante para las empresas, porque salir a acordar con distintos grupos qué es el desarrollo y cómo se logra requiere un esfuerzo mayor y una capacidad de adaptación", explica Willi y aclara que a veces a través de este diálogo la compañía advierte que, incluso, con menos recursos puede ayudar más.

Adaptarse a la realidad local es fundamental, antes de actuar. "Cada comunidad tiene cualidades distintas: el desarrollo comunitario es un desafío adaptativo; cada caso particular será distinto, por eso se requiere un aprendizaje", dice Willi. Empleo, infraestructura, programas de salud o acciones vinculadas al impacto ambiental; dependiendo de la industria, el territorio, las condiciones socioeconómicas será el papel que jugarán las compañías. "Lo importante es que articulen su estrategia de sustentabilidad escuchando a los grupos de interés. Es una tensión constante de diálogo y aprendizaje. El desarrollo comunitario es dinámico y mantener esta tensión es la clave para generar una comunidad que aprenda, que se genere una comunidad resiliente, que tenga capacidades propias para aprender y mejorar. Las empresas tienen que cuidarse de no generar comunidades dependientes, sino de trasladar y desarrollar capacidades", advierte. Y agrega: "Sentados a la misma mesa, con intereses comunes y divergentes, esa tensión es la que hay que sostener para lograr avanzar con un propósito común", grafica Willi.

Para el experto, si se piensa en la organización como el actor que, porque tiene poder y recursos, mira de afuera a la comunidad en la que se encuentra e interviene para buscar soluciones, no se genera impacto; incluso puede deslegitimar a las empresas. "Es un modelo de "entrar y salir" en temas puntuales que no construye confianza ni genera desarrollo", explica. "En el fondo, las empresas tienen que ayudar a movilizar a la comunidad para que esta se movilice", dice Willi.

¿Qué se recomienda en cuanto a una hoja de ruta metodológica? Lo primero es hacer un buen mapeo de los grupos de interés. "Usar la matriz de materialidad es una buena herramienta para dimensionar las necesidades de la comunidad dentro la estrategia de la empresa", dice Willi. Esto sirve para mejorar el diálogo, para poner límites -conocer los "no" de la firma-, pero manteniendo una filosofía de aprendizaje, "de ir a buscar el desarrollo comunitario como un proceso vivo de construcción común. Por el contrario, quienes de vez en cuando salen a hablar, o a hacer una acción puntual, no generan impacto en la comunidad".

Para Marcela Cominelli, gerente de Relaciones Institucionales de Grupo Newsan, lo primero además de definir los temas relevantes en los que se compromete y alinearlos al planeamiento estratégico del negocio es considerar los valores de los colaboradores. El análisis de impacto social que realizan anualmente les permite identificar problemáticas para buscar soluciones concretas y, además, involucrar a los colaboradores para que se transformen en agentes de cambio y así multiplicar el impacto. "El diagnóstico previo antes de elaborar cualquier estrategia de desarrollo es clave. Lo mismo que articular con diferentes actores sociales para promover mejoras sostenibles en la calidad de vida de la comunidad", dice Cominelli. Durante los últimos tres años, Grupo Newsan invirtió más de US$ 6 millones en el desarrollo de diversos programas para la generación de triple impacto en la comunidad, bajo lineamientos de gestión sustentable en toda la cadena.

Tecnología al monte chaqueño

La filial local de la coreana Samsung comenzó hace cuatro años un proceso de inversión social basado en la estrategia global de ciudadanía corporativa de la corporación. Los lineamientos globales marcaban que se debía tomar un rol activo en el desarrollo de alguna comunidad, sumando tecnología e innovación para generar condiciones de desarrollo. "La experiencia debía demostrar cómo la tecnología es un valor relevante para acompañar a comunidades muy rezagadas y aisladas geográficamente", explica Cynthia Giolito, gerente senior de Ciudadanía Corporativa.

Así, se eligió la zona de NEA para trabajar el proyecto corporativo de Nanum Village, "el pueblo del compartir", en coreano. Se sumaron a la Fundación Gran Chaco, Avina y Fundación Los Grobo para formar una red muy potente y convertirse en el socio tecnológico del proyecto en marcha, El Futuro está en el Monte, formando Gran Chaco Nanum Village.

"Este programa vincula nuestra estrategia de ciudadanía corporativa con una plataforma de desarrollo territorial, El Futuro está en el Monte, que une en una red única distintos componentes para el desarrollo comunitario: lo cultural, lo geográfico, lo productivo, lo ambiental, lo educativo, lo tecnológico. La articulación y el trabajo en red es un camino para crear impacto colectivo en el desarrollo de la comunidad", explica Giolito. Hoy cuentan con 18 centros conectados en comunidades wichis y quom, que tienen conectividad satelital y equipamiento Samsung.

También formaron tutores de alfabetización digital que manejan la lengua local. "La tecnología juega un rol de catalizador de la economía: se logra mayor desarrollo productivo, organizacional y social y se empieza a jugar el desarrollo en la educación formal, la alfabetización de mujeres artesanas. También se incorporó una plataforma on line para terminar la secundaria -en comunidades donde solo 17% habían terminado el secundario-", enumera las acciones Giolito. Gracias a la conexión de los 18 centros Nanum Village, se impactaron 30 mil personas, 90% de las cuales se conectó a Internet por primera vez gracias a esta experiencia.

¿Las claves? Trabajar con organizaciones con mucha experiencia en el terreno, que tienen la confianza de las comunidades y cuentan con un diagnóstico muy profundo de las necesidades locales. También adoptar una estrategia y abordaje interdisciplinario de los problemas.

"La inversión social comienza siempre con una escucha efectiva de las necesidades y potencialidades. Conocer el territorio, escuchar a los actores, y ganar confianza, para aprender a expresar necesidades y prioridades. Esto es esencial para vencer las dificultades", dice Giolito para quien las empresas pueden aportar capacidad de análisis, pensamiento crítico, saberes profesionales y visión estratégica, que se suman a las capacidades locales. Otro acierto que demostró la experiencia fue fortalecer a los actores locales.

"Llevar a un experto de Buenos Aires para hacer una capacitación masiva no fue tan efectivo como capacitar a un líder local que después, adaptó los contenidos a los ritmos de aprendizaje, la idiosincrasia y la cultura local", afirma la ejecutiva que se encontró con comunidades que parecen cerradas, pero están ávidas por mostrar lo que hacen y por poner en valor su cultura.

Lecciones aprendidas

Potenciar Comunidades es una metodología para implementar estrategias colaborativas de inversión social, desarrollo territorial e impacto colectivo. "Se propone un proceso donde todos los involucrados imaginen, debatan y diseñen las alternativas de desarrollo que sean transformadoras, sustentables y significativa para los territorios. Y se construyen colectivamente", define Silvio Dal Buoni, director Ejecutivo de Fundación Los Grobo, que comenzó hace 12 años su historia, organizando donaciones y acción social en las zonas de influencia del Grupo Los Grobo.

La idea es facilitar un proceso de planificación participativa del desarrollo comunitario, desarrollo territorial o inversión social privada; que se genere una mirada común, un diagnóstico participativo a partir del cual iniciar el diseño de intervención en proyectos concretos, se analicen los recursos a movilizar y se pase a la fase de implementación. En 2010, con esta metodología se logró promover el desarrollo del Barrio Esfuerzo Propio, uno de los más vulnerables de la ciudad de Venado Tuerto, donde viven 45 familias.

Se enfocaron en mejorar la infraestructura habitacional y en incluir a mujeres y jóvenes a través del desarrollo de capacidades y de actividades generadoras de ingresos junto a un socio local, la Asociación Civil Maná. "Queremos generar resultados superadores. A veces no falta voluntad, sino la gestión de los distintos estadíos que hay que ir transitando. Diálogo, confianza, visión en conjunto y consenso sobre las líneas de acción.

Tratamos de desarrollar una mirada sistémica realista de corto, mediano y largo plazo, a partir del cual hay que ir obteniendo resultados", explica Dal Buoni. La aspiración es que tanto las comunidades y los actores -que no tienen muchas oportunidades de ser consultados acerca de sus propias ideas de desarrollo- queden impactados después de este proceso, con apropiación de capacidades.

"A partir de este proceso, se conectan, dialogan y surge en el territorio más confianza y capital social, mejor calidad de vida y más oportunidades, crecimiento económico con inclusión social, altos niveles de innovación y cooperación, bajos niveles de conflictividad social, gobernabilidad y sostenibilidad", explica Dal Buoni. Esta metodología ya se proyecta como válida para América latina, y se efectuaron diagnósticos en Chiapas (México) junto a la Universidad de Harvard y en Colombia, donde trabajaron en comunidades luego del proceso de paz. Con una historia medida en más de 50 proyectos implementados y más de 500.000 beneficiarios.

Del escritorio al territorio

"No hay que buscar soluciones de escritorio" para los desafíos del desarrollo que viven las comunidades", dice Victoria Morales Gorleri, subsecretaria de Responsabilidad Social. "A veces no se trata de falta recursos económicos, porque están o se consiguen; se trata de descubrir de qué es capaz de apropiarse esa comunidad que necesita desarrollarse. El verdadero impacto en el desarrollo sostenible se da en las alianzas, en la complementariedad, donde cada organización se da cuenta de que la propia mirada tiene un límite, lo mismo que los propios recursos económicos y el expertise técnico. Así el impacto es positivo y más a largo plazo", explica Morales Gorleri, para quien la experiencia de El Futuro está en el Monte es un ejemplo de complementariedad.

"Entendieron la importancia de aliarse y de que primero estaba la comunidad", dice. Esto es clave en función de que la comunidad decide de qué recurso puede apropiarse, qué deseos tienen y qué posibilidades de desarrollo manifiestan. "A veces la tarea no es llevarles potabilizadores de agua, a la que le falta ´gustito a tierra´, según nos contó la beneficiaria de la comunidad; sino trabajar primero el tema de la salud y hacerles tomar conciencia de los efectos nocivos del agua que están tomando", explica según su experiencia la funcionaria.

El riesgo de trabajar en proyectos específicos, sin considerar el contexto y no observar la multiplicidad de factores involucrados en el desarrollo, pueden hacer naufragar expectativas y malgastar recursos. "Un caso en Salta donde el municipio realizó el tendido de agua a dos kilómetros de la población, demasiado lejos para ser accesible, y una ONG realizó una huerta comunitaria. Al tiempo, estaba quemada. ¿Por qué? La comunidad wichi, por razones culturales, no se apropia del cultivo. Así, grandes esfuerzos, buenas intenciones y actores comprometidos no resuelven el problema. La falta de diálogo con la comunidad no permite descubrir las soluciones adecuadas", cuenta.

Con este fin, la Subsecretaría creó el Foro de Responsabilidad Social para el Desarrollo Sostenible donde 400 ONGs y empresas comparten conocimiento y lecciones aprendidas.