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Entre el diseño y el negocio

Con 25 años en el mercado, el estudio Arquitectonika, dueño de la marca PH Urbano, comenzó a levantar sus propios proyectos luego de 2001. Su rasgo: aprovechar al máximo la superficie.

Entre el diseño y el negocio

La flexibilidad y las buenas ideas son fundamentales en un mercado desafiante, y una de las claves para tener éxito es saber reinventarse. Arquitectonika comenzó hace 25 años como un emprendimiento entre compañeros de facultad y hoy funciona como un estudio de arquitectura que además desarrolla sus propios emprendimientos con propuestas innovadoras.

Darío López, uno de los socios del estudio -junto con Laura Leyt, Mariana Yablón y Marcelo López- cuenta que los primeros años, con una fuerte impronta de arquitectura comercial, aportaron el know how y sentaron las bases para el modo de trabajo actual. La experiencia en el trato directo con los clientes, las contrataciones y el seguimiento de cada proyecto son algunas de las premisas que exige el trabajo como desarrolladores de sus propios proyectos.

Como se suele decir, a veces las crisis abren la puerta para ver las cosas de otro modo. En el caso de Arquitectonika, la del 2001 planteó una profunda reflexión sobre los modos de trabajar y marcó el rumbo para redefinir al estudio en su faceta desarrolladora y con marca propia. "En 2002 lanzamos PH Urbano, nuestra marca, que fue como un hito porque era algo novedoso en esa época. Generalmente los terrenos de los PH se usaban para dúplex, dos casitas o no se utilizaban. Nosotros armamos un producto arquitectónico donde lo que se valorizaba era el diseño y la ubicación. Trabajamos en Palermo Viejo, Belgrano, Núñez y después incorporamos Colegiales. La propuesta tenía que ver con una necesidad de un público joven que quería irse a vivir a Palermo pero no a un departamento sino a un espacio con ambientes más grandes, con lugar para trabajar. Ese público existía pero no tenía un producto", recuerda López. Y destaca el rol de la comunicación en el lanzamiento: Arquitectonika trabajó muy fuerte sobre la publicidad y el marketing, cuidando cada detalle, desde carteles hasta avisos, para posicionarse en el mercado. Los resultados no se hicieron esperar. El estudio creció en escala y creó, además, la división inmobiliaria.

Hoy, Arquitectonika funciona como un estudio profesional tradicional dedicado al diseño y la proyección, pero además conforma junto con otros socios una desarrolladora a la que se asocian otros emprendedores según el proyecto, lo que permite diversidad para crear y una plataforma más amplia de financiamiento. "Una de las políticas del estudio fue la de no crecer para adentro solamente, sino intercambiar ideas, abrirnos", revela López los secretos de una expansión.

Las claves del equilibrio entre desarrolladora y estudio están, para el socio de Arquitectonika, en no abandonar el diseño. Sí decidieron contratar una constructora, pero siguen cada punto de los desarrollos con atención personalizada, desde la elección del terreno hasta las compras o la dirección de obra. El trabajo con los materiales y en pos de la sustentabilidad es también muy fuerte en el estudio. El seguimiento de las compras, por ejemplo, implica una búsqueda constante para mejorar la calidad de los insumos y encontrar las mejores opciones para un fácil mantenimiento de los edificios. Para lograr estar presente en cada paso el estudio funciona con una estructura similar a la de una agencia de publicidad, en la que cada socio maneja una cantidad de clientes a los que sigue durante todo el proceso.

Proyectos con sello propio

López menciona la calidad espacial entre los puntos fuertes del estudio, que trabaja para tener la máxima superficie en cada proyecto: "La combinación más difícil es cómo hacer arquitectura y que además sea un negocio inmobiliario. El equilibrio ese es un poco nuestro diferencial. Lo nuestro es buscar calidad de metros cuadrados y diseño. A veces con terrenos similares hacemos proyectos totalmente diferentes. No hay ningún barrio o zona igual a otra. Por eso nos tomamos tiempo para estudiar cada producto". La llegada de nuevos desarrollos se da a través de diferentes vías: a veces salen ellos mismos a buscar el terreno, en otros casos son las inmobiliarias, y a veces los inversores o compradores que van a quedarse con el departamento son los que proponen.

Entre sus trabajos más recientes, López menciona PH Jaramillo, una experiencia original que marcó una fuerte impronta a futuro. Allí trabajaron directamente con una familia que compró un terreno y contrató al estudio para diseñar y desarrollar un edificio con departamentos hechos a medida para cada uno de los integrantes de la familia: diferentes ambientes, cocinas, placares y terminaciones según los usos de cada integrante. Además, al ser un edificio casi familiar (se incluyeron también algunos departamentos que fueron vendidos a otros propietarios), la administración la llevan a cabo los propios habitantes. En este sentido, el estudio trabajó también en el seguimiento posventa para garantizar que la experiencia fuera exitosa, mediante la automatización al máximo de los procesos y la generación de manuales de uso para resolver diversas situaciones.

"Fue como hacer un edificio personalizado. Creo que tiene que ver con una tendencia que venimos viendo en general en diversos ámbitos. La gente cada vez más quiere customizar todo, incluso su vivienda, y este proyecto nos mostró que es posible. Incluso fue más barato que si hubieran comprado las unidades terminadas", dice López. La búsqueda actual de Arquitectonika va en esta dirección, para generar proyectos en los que se pueda estandarizar la personalización. Para esto, López plantea que es fundamental proyectar más modularmente los espacios. El nuevo edificio del estudio, PH Ciudad, en Ciudad de la Paz y Congreso, trabaja con monoambientes divisibles. "Estamos planteando al usuario pocos metros pero muy aprovechables, creemos que esto permite el acceso a la vivienda", dice.

Las nuevas tendencias demandan redefiniciones, y los socios que conforman Arquitectonika se muestran atentos al cambio. ¿Será que el futuro está en la personalización?
 

GABRIELA KOOLEN