Construir una empresasobre cimientos familiares

Junto a su mujer e hijos, Raúl Mel lidera una firma inmobiliaria que celebra 35 años. Emplea a 30 personas y, en los próximos 24 meses, espera sumar dos nuevas sucursales.

Corría 1978. Mientras la Argentina atravesaba tiempos difíciles, política y socialmente hablando, y la selección nacional de fútbol se alzaba con su primer trofeo, Raúl Mel, entonces un joven con marcado espíritu emprendedor, daba sus primeros pasos al cortar cintas de lo que, luego, sería la empresa inmobiliaria, de carácter familiar, que lleva su apellido. Hoy, Mel Propiedades, que en 2012 realizó ventas por $ 3,2 millones y espera terminar el año con un aumento en su facturación del 40%, se especializa en emprendimientos comerciales y de vivienda horizontal para el segmento ABC1, emplea a 30 personas, tiene dos sucursales y analiza nuevas aperturas.
La firma se inició como un desprendimiento de lo que había sido una primera empresa inmobiliaria que Mel compartía con sus hermanos. Sin embargo, tras un infortuito evento, que llevó a un replanteo familiar y la decisión de no continuar en el negocio de uno de los hermanos, Mel decidió abrise camino solo. Entonces, eran apenas él y dos colaboradores, en una oficina de no más de 50 m2. Con sede en el porteño barrio de Belgrano, cubre el noreste de la Ciudad de Buenos Aires.
El auge inmobiliario que cambió la fisonomía de Villa Urquiza, más la extensión de la línea B de subtes, tentó a Mel a abrir una segunda sucursal en aquel barrio. La operación se concretó hace cinco años, tras una inversión de unos u$s 150.000 (capital propio), que se destinó a la remodelación del local, ubicado en una casa antigua sobre una esquina, y a la contratación de nuevo personal.
Ahora, analiza seguir expandiéndose. El proyecto es abrir dos sucursales en los próximos dos años aunque prefiere, por el momento, no revelar las zonas en las que estarán ubicadas.

Lo primero
Junto a Mel, trabajan su mujer, María Eva Parada, y sus tres hijos, que aportan su expertise al gerenciamiento de ventas: Juan Ignacio (economista, 33 años), Julia (abogada, 32) y Manuel (licenciado en Marketing, 28). Siempre me propuse no pedirles a mis hijos que vinieran a trabajar conmigo. Pero ellos quisieron. Parte de su energía renovadora fue incentivar la apertura de Urquiza, comenta Mel.
De cara al año que se inicia, Mel tiene varios proyectos en carpeta, como tres obras por lanzarse, de departamentos chicos, en Belgrano y Las Cañitas. El tipo de vivienda más demandada en los últimos años fue el dos ambientes. Tiene que ver con la necesidad de los jóvenes y con que hay quienes invierten en una propiedad para tener una renta. La crisis internacional hizo que muchos buscaran un refugio aquí antes que una cuenta en el exterior, analiza.
En un año donde la actividad parece haber estado frenada, Mel afirma que la implementación del Cedín motorizó las ventas. Si bien no precisa volúmenes ni montos de transacciones, reconoce que la empresa concretó varias operaciones con el plan anunciado oportunamente por el entonces quinteto de funcionarios encabezado por Guillermo Moreno, Axel Kicillof, Mercedes Marcó del Pont, Hernán Lorenzino y Ricardo Echegaray, aunque no fue todo lo que hubiésemos esperado.
Sin embargo, Mel es optimista. Los terrenos siguen siendo muy buscados y el sector aún no alcanzó su techo. Además, los ladrillos seguirán siendo un buen refugio para quien busque cubrirse de la inflación. Este año nos afectó lo que sucedió con el dólar, que luego se fue acomodando. Aunque hay cepo, el hecho de que se encuentren otras formas de comercialización hace que mejore, observa.
Mel habla con conocimiento de causa. Al liderar una empresa que tiene 35 años, atravesó (y sobrevivió) tiempos difíciles, como la híper del 89, el efecto Tequila, en 1995, y la crisis del cambio de milenio. De esos tiempos, colecciona anécdotas, que incluyen los patacones y el uso del letras para la adquisición de propiedades. La gente venía y decía tengo este monto: ¿qué tiene para venderme? La Argentina siempre se recuperó, dice. En línea, agrega: El problema de esas épocas es que la expectativa hace que la gente no se decida. Este es otro momento de expectativa. El consumidor final, está esperando a ver qué va a suceder. Pero el inversor está volviendo a invertir.
Laura Mafud