Por amor a los perros, emprenden con pata solidaria

Por amor a los perros, emprenden con pata solidaria

"Muchas marcas venden productos para perros, pero no para sus humanos. Así surgió la idea de hacer remeras con frases para dog lovers", destaca Eugenia Ballero, una joven emprendedora formada en el mundo publicitario que, junto a su madre, la abogada y coach Laura Del Huerto, creó la marca In dogs we trust a fin de 2017.

La firma se dedica al diseño y comercialización de productos, esencialmente remeras, buzos, bolsas y tazas, destinados a personas que reflejen el amor por sus fieles compañeros y colabora, asimismo, con el refugio Flojitos de Papeles.

"Nos lanzamos a crear este proyecto sin tener idea acerca de cómo manejar una pequeña empresa. Nos impulsó nuestra pasión por los animales y las ganas de tener un proyecto propio", admite Ballero.

Los primeros pasos estuvieron marcados por una tímida inversión inicial (ahorros propios) que permitió solventar el costo de confeccionar las primeras 100 remeras.

"Nuestros amigos nos compraron las primeras unidades. No teníamos ninguna certeza de que fuera a funcionar, sino muchas ganas, buenas vibras y un amor enorme por los animales", asegura la joven.

La marca empezó a darse a conocer con la ayuda de las redes sociales. De hecho, hoy vende a través de Instagram y Facebook, y Ballero adelanta que espera pronto abrir su shop online.

La musa detrás

India, la perra familiar, fue la inspiración del negocio. "Luego que falleció nuestro perro Pancho, empecé a insistir en mi casa con adoptar un can en vez de comprarlo. Así fue cómo llegó India. Su amor incondicional, bondad y agradecimiento hacia nosotros nos derritió el corazón, y ahí fue que empezamos a tomar cada vez más conciencia sobre la importancia de rescatar y adoptar", comparte Ballero.

Y, a partir de esa experiencia, Del Huerto propuso avanzar con el armado de una marca pensada en personas que amaran a los perros.

Poco después, con la llegada de Roma a la familia, otra perrita adoptada, todo se potenció, cuenta la joven. "Es la perra más buena del mundo. Eso nos hizo querer involucrarnos todavía más", agrega.

Por inexperiencia en el rubro, los primeros tiempos las emprendedoras debieron atravesar diferentes trabas, que lograron sortear con éxito. "Nos costó mucho manejar las finanzas y, entusiasmadas con ayudar, llegamos a donar más de lo ganábamos. Todo fue parte de nuestro aprendizaje", reconoce Ballero.

A poco, fueron aprendiendo, rodeándose de colaboradores (como un proveedor que las representa en cuanto a la calidad buscada), y tercerizaron en un estudio los temas contables. "Al comienzo, nuestros productos eran blancos o negros, por costos. Ahora nos estamos arriesgando más, apostando al batik y a más colores. También, sumamos sets de cerámica con una taza para el humano y un plato para su perro", concluye.

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