"Cada cuatro años, cambia el rumbo de lo que se quiere hacer a nivel productivo"

En un mano a mano, Rodolfo Llanos, presidente de la Unión de Emprendedores de la República Argentina, analiza el complejo presente que atraviesan las pymes en la Argentina. 

Llanos, de la UERA:

Alguna vez unió los cerca de 4000 kilómetros que separan La Quiaca de Ushuaia en bicicleta. Y esa fuerza y constancia de las que se valió para pedalear y cumplir con el objetivo propuesto fueron las mismas que llevaron al empresario Rodolfo Llanos a fundar sus diversos emprendimientos. Hoy, preside la Unión de Emprendedores de la República Argentina (UERA), una organización que agrupa y representa a emprendedores, comerciantes y microempresas y que impulsa el proyecto de Ley de Reactivación Nacional.  

Algunas cifras, aportadas por UERA, ayudan a entender qué pasa en términos de evolución en cuanto a cantidad de empresas que tiene el país y por qué es necesario generar condiciones para reactivar el sector. “Entre 2007 y 2011, el número de compañías creció 8%, lo que significó un aumento de 11.183 empresas por año en promedio. A partir de 2011, la cantidad se amesetó, en torno a las 610.000 y en 2014 retrocedió hasta las 602.079”. El último lustro, hubo un marcado deterioro en cuanto a la cantidad de empresas creadas. “Y este año, producto de la crisis económica generada por el Covid-19, la cantidad de nacimientos se redujo drásticamente, mientras que el índice de cierre, según se observa en algunos indicadores, es superior al 20% del total de emprendimientos, comercios, micro y pequeñas empresas”. En un mano a mano, Llanos analiza el complejo presente que atraviesan las compañías en la Argentina.

¿Cuál es el diagnóstico del sector emprendedor? ¿Cómo está la foto hoy? 

Hay una cantidad enorme de comercios y emprendimientos cerrados. Más de 240.000 pymes y emprendedores pidieron el ATP. Eso quiere decir que, o hay una cantidad de trabajo en negro muy grande o hay muchos que ya no están trabajando, porque a la mayoría se le terminó la plata. En agosto, con cuatro meses y pico cerrados, los que tenían gente para despedir ya la despidieron. Es una situación que, lamentablemente, va a terminar en la judicialización. Y, por el otro lado, vemos que la agenda que están tratando de imprimir tanto el Gobierno nacional como la oposición no tiene la profundidad que a nosotros nos gustaría. 

¿A qué se refiere? 

Esto no se resuelve con algún subsidio, como el ATP, sino que necesita un tratamiento muy profundo a nivel impositivo, que no se arregla con la moratoria. Existe una cuestión muy profunda en la relación emprendedores, comerciantes y pequeños empleadores con su personal. Dependemos mucho más del personal que lo que el político considera. Los emprendimientos son mano de obra intensiva. Necesitamos mucho al recurso humano y si, en esa situación, no se logra un equilibrio que proteja al empleado pero que no destruya al empleador vamos a estar muy mal. 

¿Podemos hablar de un entramado productivo que lleva años de desintegración?  

Cada cuatro años, cambia el gobierno y cambia el rumbo de lo que se quiere hacer a nivel producción en la Argentina. Por ejemplo, el gobierno anterior priorizaba todo el tema del sector financiero, y arrojó un montón de pymes y comercios cerrados. Anteriormente, se iba para el otro lado. Ahora, estamos en una situación que no sabemos el rumbo. Es decir, no hay un plan productivo nacional que digas, “bueno, venga quien venga, la Argentina va a tener una política productiva”. Es muy difícil pensar en la Argentina en un proyecto productivo donde las pequeñas, las medianas y las grandes empresas tengan algún grado de integración que las pueda potenciar.  

Sobre todo, cuando son tantas las empresas pequeñas y tan pocas las grandes... 

Hay más o menos 3500 grandes compañías en la Argentina, con más de 1000 empleados. Unas 6660 con entre 200 y 1000 empleados había hasta el comienzo de la pandemia, y el resto del entramado productivo son pequeñas empresas, emprendimientos y comercios. ¿A nosotros nos gusta mantenernos chiquitos? ¿O es muy difícil para una empresa argentina cambiar la situación de micro a un emprendimiento, a una mediana y a una gran empresa? Es casi imposible. Saquemos a esas 10.000 compañías entre medianas y grandes. No es que a todos los demás nos gusta mantenernos en este estado de pequeños. Es que o no hay crédito o las tasas de los créditos son impagables o las leyes laborales no permiten la contratación y protección. De repente tenemos la moneda a un valor y un año después cambia radicalmente. La Argentina pasó de tener en dos o tres años de tener un dólar a $ 15 a tenerlo en $ 100. ¿Cómo te adaptás a esto? 

¿Cómo surgió desde la UERA la idea de impulsar un proyecto de ley para ayudar a las pymes? 

Cuando comenzó el tema del coronavirus en el mundo, en especial, los grandes focos en Italia y en España, supimos que, tarde o temprano, iba a llegar a la Argentina y empezamos a analizar el impacto que creíamos que iba a tener en el país. Nos pusimos en contacto con el senador Juan Carlos Marino y su equipo y les dijimos: “Esto está pasando en el mundo: los comercios están cerrando, hay cuarentena. Cuando eso llegue en la Argentina, veníamos ya con dos años de parate y de cierre de empresas, va a explotar todo”. Nos pusimos a trabajar con el equipo de Marino y luego con el del diputado Jorge Enríquez, a ver casos que se hubieran implementado en diferentes países para incentivar o proteger al pequeño empresario o comerciante. 

¿En qué países se basaron? 

Analizamos algunas medidas que desarrolló Colombia para, después que firmó el acuerdo de paz con las Farc, convertir a toda esa mano de obra al sector emprendedor y evitar que se volcara al narcotráfico o al delito. También estudiamos el caso de Irlanda, que pasó de ser un país desolado a tener una economía muy pujante, asociado a la radicación de empresas en el área de tecnología. Y el otro caso que tomamos fue el de Puerto Rico, que tuvo como un polo empresario muy fuerte. Entre los tres, con el equipo del senador Marino y con el de Enríquez, empezamos a escribir el articulado de cuáles eran las medidas que un comercio o una pyme necesitaban en un momento de catástrofe: una pequeña protección impositiva, la posibilidad de incorporar personal a su estructura laboral, porque esto va a traer un desempleo, la posibilidad de abrir las puertas a grupos vulnerables.  

¿De qué forma? 

Por ejemplo, la mujer de 50 años es una mujer joven hoy. Pero se encuentra en uno de los sectores más desprotegidos para incorporar a un trabajo. Hay contadoras, licenciadas en administración, hay un montón de funciones que una mujer puede cumplir a los 50 años. También chicos que, por ejemplo, reciben trasplantes y les cuesta ser incorporados a estructuras empresarias. O aquellos que tienen alguna discapacidad o los menores de 21 años, cuando buscan su primer trabajo.  

Y cómo impulsar las economías regionales... 

Sí. La Argentina se ha transformado en un lugar muy concentrado tanto en actividad en CABA como en Gran Buenos Aires. Eso trae una complejidad de pobreza en todo el interior y el Estado, en muchas provincias, es el principal empleador. Con estas cuestiones empezamos a analizar diferentes clústers de producción en cada provincia para tratar de protegerlos, de incentivar que nuevas empresas se radiquen ahí

¿Cómo ve el día después, cuando se levante totalmente la cuarentena?  

No podemos quedarnos sentados, esperando a que el Gobierno venga a solucionarnos los problemas. También tuvimos una larga reunión con el equipo de la secretaría de Emprendedores y Pymes,  donde nos resaltaron varios aspectos. Hay una realidad: hace muchos años que el sistema productivo se maneja atajando los problemas que van surgiendo y no se antepone. Estas soluciones que estamos proponiendo son un poco necesarias que ya estén en la mesa de la discusión porque, ¿cuánto más va a durar la cuarentena que tenemos hoy? ¿45 días? ¿60? En 60 días, cuando baje la cuarentena, se van a ver todos los negocios que están cerrados. Desde el sector del comercio y emprendedores, del área privada, generamos el 50% del trabajo en la Argentina. O sea, lo que van a ver, cuando se levante la cuarentena, va a ser una enorme cantidad de comercios cerrados. Con un proyecto de ley como el que estamos presentando, muchos de ellos se podrían rescatar o se podrían volver a poner operativos. Con la moratoria que lanzó el Gobierno más lo que nosotros estamos proponiendo, estamos creando un esquema jurídico, para una pyme o para un emprendimiento a cinco años vaya a pagar impuestos de determinada manera. Al Estado, en vez de generarle más desempleo, le estás ofreciendo la posibilidad, aunque resigne un poco la recaudación, incentivar a que haya nuevas empresas y trate de recuperar las que se fundieron.  

La Argentina tiene una baja natalidad de empresas y la alta mortalidad... 

 

En la Argentina, en los mejores momentos, se crean de 70.000 a 71.500 empresas por año y mueren entre 68.000 y 69.000. De un año a otro, hay un saldo de 1500 empresas que logran pasar. Lo que estamos proponiendo con este proyecto es darle el mismo tratamiento que uno tiene con sus hijos: uno trata a sus hijos al día que nacen como bebés, no como adolescentes de 18 años que van a la universidad. El sistema impositivo en la Argentina a una empresa nueva la trata de la misma manera que a Techint o a MercadoLibre. Para el sistema impositivo, al día siguiente que abriste las puertas, empezás a correr como una gran compañía. No hay un sistema diferenciado. Y eso hace que las empresas que sobreviven, en general, son aquellas que conocían el financiamiento a nivel de otras organizaciones más grandes, que no solamente prestan dinero, sino también algún grado de protección o experiencia. Las empresas que nacen por bootstrapping, que era tan común en la Argentina, hoy se funden en menos de un año.  

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