Las editoriales 'boutique' que quieren dar batalla a la crisis

La falta de financiamiento y la caída del consumo son algunos de los problemas que enfrenta este sector que destaca por publicar títulos con tiradas de entre 50 y 3000 ejemplares. Cuáles son los retos. 

Las editoriales 'boutique' que quieren dar batalla a la crisis

Las editoriales boutique atraviesan dificultades. La primera es la falta de financiación. La segunda, el menor consumo. Sin embargo, sus estructuras más austeras les permite mantenerse en pie. 

Julieta Mortati, editora de Tenemos Las Máquinas, una editorial independiente que fundó en 2012, cuenta que no existen fuentes de financiación. "No hay préstamos", se lamenta. También advierte que mientras que en otros países, como México, Chile y Francia, el Estado fomenta y subsidia la producción de libros, en la Argentina no hay este tipo de incentivos. Mortati reclama algún tipo de ayuda estatal para no depender exclusivamente de las ventas, cada vez más escasas.

Este problema no afecta solo a las editoriales de nicho. La emprendedora recuerda que un reconocido sello editorial que publicó en 2018 su primera novela, La lengua alemana, al agotarse la primera tirada, no logró reimprimir una segunda por falta de recursos.

Ante la imposibilidad de financiarse, estas pequeñas editoriales solo se pueden dar el lujo de publicar, con suerte, entre tres y cuatro títulos al año. Sin embargo, en el caso de la editorial Notanpüan, ni siquiera eso. Milagros Pérez Morales trabaja ahí como librera y le aflige el hecho de que no están leyendo manuscritos para publicar. Si bien tienen tres o cuatro libros programados para este año, en este momento la producción está frenada. Hace falta que la editorial consiga el dinero suficiente para producirlos.

Otro factor que afecta a la industria en general, y más aún a las pequeñas editoriales, es el bajo nivel de consumo. Según Pérez Morales, el problema no es que se hayan perdido lectores, sino que las personas carecen de ingresos suficientes para comprar libros. "En nuestro país es notoria la caída del poder adquisitivo y, por lo tanto, del consumo de libros", coincide Eric Schierloh, fundador de Barba de Abejas, que imprime libros de forma artesanal, pliego por pliego, y luego encuaderna a mano. En tiempos económicamente recesivos, los libros se vuelven un privilegio.

Frente a estos desafíos, es probable que la industria del libro transite algunos cambios. Según Mortati, las grandes editoriales tenderán a achicarse, imitando el modelo de las editoriales boutique. Esto implicaría una reducción en sus estructuras para afrontar menores costos. Salvo por los gastos de producción, las editoriales boutique tienen gastos limitados. Por lo general, la editora concentra la mayoría de las tareas desde la selección de textos a publicar, la edición, impresión, distribución, prensa, cuestiones de derechos hasta la gestión administrativa y comercial.

Las grandes editoriales también optarán por imprimir tiradas más chicas. Este es otro rasgo de las boutique cuyas tiradas suelen ubicarse entre los 50 y 3000 ejemplares. Una apuesta exitosa de Notanpüan fue Los Accidentes, de Camila Fabbri, cuya primera edición constó de 500 ejemplares. Tenemos Las Máquinas editó Los Mejores Días, de Magalí Etchebarne, un libro de cuentos con buen rendimiento, y la primer tirada alcanzó los 2500 ejemplares.

Mortati vislumbra un futuro en donde los libros se impriman a demanda, es decir, sin necesidad de stock. Según la editora, es posible que en pocos años la impresión digital le permita a los lectores ir a un café e imprimir sus libros ahí, al instante.

Lo paradójico es que, a pesar de las complicaciones que tiene el segmento boutique, muchos editores siguen apostando a él. Según Mortati, esto se debe a que existe un público que sigue y se arriesga a probar sellos nuevos. Peréz Morales habla del mundo independiente como una comunidad sentimental, en la que los editores buscan compartir con sus lectores sus propios gustos. Los catálogos independientes, al guiarse por una lógica del gusto y de la necesidad de que ciertos textos circulen, generan un sentido de comunidad entre los lectores y editores, en donde la lectura se comparte al igual que un mate.

Para mantener un catálogo distintivo, Schierloh piensa que es importante ignorar la prédica comercial e industrial del mercado y persistir en el circuito que se trazó para la editorial con mucho fervor.

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