Jorgelina Albano: "En la Argentina, animarse a emprender es un acto heroico"

Hace tres años, esta especialista en desarrollo de cultura organizacional fundó Alabadas, un sitio que funciona como acelerador cultural en igualdad de género. En un mano a mano, analiza el presente de las mujeres emprendedoras en la Argentina y los desafíos que quedan para achicar la brecha.

Jorgelina Albano:

Especialista en desarrollo de cultura organizacional, y autora del libro Los Zapatos Rojos son de Puta –Desafiemos las creencias patriarcales- y del capítulo Meritocracy vs. gender equality, del libro 4th. Industrial Revolution and Etihics, que se publicará en Reino Unido en octubre, Jorgelina Albano fundó hace tres años Alabadas, un sitio que funciona como acelerador cultural en igualdad de género, a través del cual entrevistó a más de 130 personas en países como la Argentina, China, Chile, España y los Estados Unidos, entre las que se encuentran la expresidenta de Chile Michelle Bachelet; la política sudafricana Phumzile Mlambo –Ngcuka, directora Ejecutiva de ONU Mujeres para el mundo; y el exembajador de Francia en la Argentina Pierre Guignard, entre otras personalidades del mundo de las empresas, la cultura y la política. "Alabadas surgió ante la necesidad de profundizar la conversación sobre género”, sostiene Albano en un mano a mano en el que analiza el presente de las mujeres emprendedoras en la Argentina y los desafíos que quedan para achicar la brecha. 

¿Cómo ve al emprendedorismo femenino en la Argentina hoy? ¿Qué se ganó en los últimos años? 

Permitime que corrija algo. Me gusta decir emprendedorismo de las mujeres. Porque características femeninas y masculinas tenemos todos. Vincular a la mujer con lo que se conoce tradicionalmente como femenino y al varón con lo que se conoce tradicionalmente como masculino, sigue reproduciendo estereotipos. 

Muchas mujeres han emprendido, justamente, de una manera más femenina, es decir, reproduciendo un estereotipo que vincula lo femenino a algo más blando, más social. Un varón, cuando emprende, está pensando en cómo escalar su negocio, en cambio una mujer no siempre piensa así. Esto, por supuesto, es general. No tiene que ver con algo natural sino con la cultura. Es probable que una mujer sienta la necesidad de emprender cuando tiene hijos y ya no quiere cumplir con 8 horas de trabajo en relación de dependencia (un estereotipo que determina que la mujer deje la carrera porque es cuidadora), en cambio el varón probablemente lo haga para tener la posibilidad de ganar más en el futuro. 

Esto es un estereotipo cultural y se puede cambiar. No hay nada que en la naturaleza humana ni en el cerebro, indique que una mujer actúa así porque está en su naturaleza y lo mismo un varón. 

Encerrados en estereotipos de esta índole, el resultado es que el varón crece en su emprendimiento y la mujer lo hace como algo más en el tiempo libre que le queda cuando los chicos están en la escuela. 

Un desafío sería combinar ambas cosas: que las mujeres puedan convertir en grandes negocios sus emprendimientos y que sigan generando impacto social a gran escala y que un varón que quiere escalar también se plantee cómo puede generar impacto social. De esta forma, en cada uno habría aspectos de los que se conoce tradicionalmente como femenino, más ligado a los soft y lo que se conoce tradicionalmente como lo masculino más ligado a lo hard, combinados. Y que cada uno ponga su impronta personal y que todo el combo sea un plus para construir un mundo mejor. 

¿Cuáles son los principales factores que limitan el emprendedorismo de mujeres en la Argentina? 

Definitivamente la falta de acceso al capital por parte de las mujeres y también el sistema financiero. Y no estoy hablando se sumas grandiosas, desde una mujer que quiera hacer empanadas en su casa para vender hasta quien tenga el deseo de desarrollar un unicornio. Hay algo ahí, probablemente sea la falta de role models, o la falta de inversoras (mujeres) lo que limite el acceso y por supuesto sesgos inconscientes de género que eliminan la posibilidad que una mujer quiera hacer negocios porque esto, en la cultura androcéntrica, tiene connotaciones negativas. 

La Argentina, particularmente, es un país que vive en crisis, animarse a emprender es un acto heroico que, sumado a viejos paradigmas, puede generar un resultado no deseado. 

Hay que tener espíritu emprendedor y ser muy resiliente para emprender. 

El sistema cultural en el que vivimos (androcentrismo) ha aniquilado el deseo de todo tipo en las mujeres, venimos de ahí. Un miedo que se va implantando en todas las áreas. Desde caminar sola por la calle hasta enfrentar un pitch para conseguir capital. Por lo tanto, lo primero que tenemos que hacer es creer en nosotras mismas. 

¿Cómo se pueden superar? 

Lo segundo que tenemos que hacer es desarrollar una mirada sistémica y anclarnos en nuestro propósito, sea el que sea. También saber pedir ayuda. Y algo fundamental, que es la deconstrucción de estereotipos en nosotras mismas, y ayudar a los varones a entender el sistema cultural en el que vivimos, a esta altura, no le conviene a nadie. 

¿Qué tipo de políticas públicas y privadas podrían ayudar a motorizar el segmento? 

1- Acordar ciertos parámetros de cómo el sector público y privado podrían interactuar para ayudar al emprendedorismo, pero lo primero es que el Estado debería crear interés por las emprendedoras y no veo que eso esté pasando. De hecho, se suspendieron hace muy poco la creación de sociedades de acciones simplificadas, que determinaban que cualquier emprendedor podía crear una empresa en 24 hs. Esto es un retroceso que pone palos en la rueda e incrementa significativamente en tiempo y en burocracia el trámite, teniendo que acudir a un escribano, por ejemplo, y pensar en constituir otro tipo de sociedad que se vuelve más costoso y menos ágil. 

2- Desde el sector privado, desarrollar políticas para que las empresas lideradas por mujeres o lideradas desde la perspectiva de género sean proveedoras de estas empresas. 

3- Trabajar, Estado y empresas juntos en la creación de condiciones para que las mujeres puedan emprender a partir del desarrollo de proyectos con impacto social, por ejemplo

4- Se podrían emitir bonos de género para otorgar fondos para incentivar el emprendedorismo en las mujeres

Algo que está pasando en este momento es que el Gobierno comunicó un plan de asistencia para mujeres víctimas de violencia y uno de los puntos fundamentales es que en el algún momento de las instancias del plan, la ayudarán a conseguir un trabajo. En un país en el cual el mercado laboral cada vez es más chico y en el que a causa del aislamiento y la consecuente caída económica, hay miles de empresas que están arruinadas. ¿Dónde le van a conseguir un empleo? Esto requiere de una articulación público-privada, por ejemplo. Esta es una oportunidad espectacular de iniciativa público-privada, en la que el Estado podría flexibilizar ciertas reglas de trabajo e incluso dar beneficios impositivos a las empresas que se sumen a la iniciativa y promover desde ahí el emprendimiento en las mujeres y que las empresas contraten esos servicios

Otra iniciativa público-privada necesaria es que haya una mayor y mejor calidad de conectividad en todo el país. ¿Cuántas mujeres están incluidas en la digitalización? Para emprender hace falta insertarse en ese mundo. 

Entonces, las iniciativas público-privadas deberían generar las condiciones para que las mujeres emprendan y eso no está ocurriendo, porque en lugar de flexibilizar, el estado pone reglas cada vez más rígidas.

¿Tiende la mujer a tener menos confianza en sí misma que el hombre a la hora de emprender? 

Hacer negocios no está dentro del estereotipo de ser mujer y esto genera temas de autoconfianza. No se muestran role models. Si bien hay millones de mujeres emprendedoras en el mundo, hay poca visibilidad de estas mujeres, al menos en la Argentina. La confianza en sí misma es fundamental a la hora de emprender, pero, si no hay capital para sostener un proyecto, con la confianza sola no hacemos nada. 

¿Qué impacto está teniendo sobre el segmento la crisis causada por el Covid-19? 

El 82% de las mujeres en el mundo con hijos fue afectada en esta crisis provocada por el Covid-19 porque aún los estereotipos de género están reforzados. El varón sigue siendo el principal proveedor de las familias heterosexuales. Aquí ocurren dos cosas: el varón aún no se ve a sí mismo como cuidador de los hijos, de los adultos mayores y corresponsable en las tareas domésticas y las mujeres nos seguimos viendo como responsables de todo eso. No es solo un tema de los varones. Las mujeres también tenemos que aprender a soltar los estereotipos que además son a las que más perjudican. 

Esto puede tener como consecuencia que las mujeres bajen su performance en el trabajo porque no pueden tomar una videollamada sin tener que interrumpir diez veces, y el varón siga escalando posiciones porque tiene resuelto el problema. Estamos dentro del círculo vicioso, seguimos hablando de lo mismo y para que esto no siga ocurriendo tenemos que hacer algo distinto. 

Lo primero es que tanto varones como mujeres nos preguntemos qué oportunidades estamos perdiendo en todos los aspectos de nuestra vida por no desafiar los estereotipos de género que en este caso tienen que ver con las tareas de cuidado, por ejemplo. ¿Qué momentos se pierde un varón por no tener idea de la agenda de los hijos? ¿Y qué oportunidades se pierde una mujer por ser la única que tiene en mente la agenda de los hijos? 

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