Emprendedores seriales: cuál es el motor que los lleva a reinventarse

Secretos de los artífices de todo tipo de negocios. El aprendizaje que deja una vida dedicada a poner en marcha y sostener ideas.

Emprendedores seriales: cuál es el motor que los lleva a reinventarse

"El punto de partida es una idea, por simple que parezca", afirma el facilitador, master coach ejecutivo y autor de 30 libros Daniel Colombo: "Esa idea que desvela, que no deja en paz día y noche, que obsesiona". El insomnio que los lleva a soñar, despiertos y dormidos, con la creación de algo que los demás necesitan, es el motor de los emprendedores seriales.

Son esas personas que más allá del negocio, la rentabilidad o asegurarse su futuro, buscan la adrenalina que solo les ofrece un nuevo emprendimiento, el vértigo de materializar una idea en un éxito. "Mi primer gran fracaso fue una cadena de cines en el interior del país", cuenta Tito Loizeau. "Los cines nunca llegaron a cadena, no pudimos pasar del primer cine y cerramos". Loizeau es el creador de la agencia Promored (100 oficinas en Latinoamérica con 300 empleados), el primer Barbie Store del mundo (ahora hay 100 solo en Asia), la productora CienPies Contenidos (factoría de ZTV y Bubba y sus amigos), hace cinco años, la agencia Caramba! y, recientemente, junto a Gastón Greco, fundador de Posco, de The MicroMask, dedicada a la confección y venta de barbijos.

Algunas cosas ha emprendido… y ahora está avanzando en la aventura de El Capitán, el primer restaurante temático de cine en Latinoamérica, inspirado en el Hollywood de años 50. "Lo primero que me funcionó fue una fábrica de sillones a $ 199", recuerda Loizeau. Tenía 27 años por aquel entonces y el precio de venta denota que fue hace mucho tiempo.

"Placer y buen negocio: todo lo que hago hoy lo hago por una mezcla de ambos", explica y asegura que el éxito es "levantarse todos los días haciendo lo que le gusta y poder vivir de eso". Eso no impide que cada emprendimiento esté minado de dificultades a solucionar. El mejor ejemplo es su nueva aventura. El Capitán, inaugurado hace medio año, al ser un restaurante temático de cine proyectaba captar el 5% del público que asiste a los cines de ShowCase Norte (unas 800.000 personas al año) ubicado en el mismo shopping de Vicente López. La realidad superó casi en un 50% esa expectativa. "Hacia afuera es muy exitoso pero hacia adentro nos ha costado sangre, sudor y lágrimas", asegura el flamante emprendedor gastronómico.

Considera también que en las pymes es "absolutamente importante el ejemplo" que se le da al equipo. "Es cómo ellos se van a comportar cuando vos no estés. Eso es el alma de la empresa". Por eso dirige las operaciones pero también, si es necesario, pasa el trapo de piso cuando levantan las sillas.

CAMBIAR EL MUNDO

"Tiene que ser disruptivo", afirma Pablo Lorenzo, cofundador de Tea Connection y Green Eat, "pero también tiene que tener un propósito, hacerle mejor al mundo. Eso te da una energía adicional y permite que consigas un mejor equipo de trabajo". Ese es el viento que puede llevar la nave a buen puerto para Lorenzo, quien esparció 17 sucursales de Green Eat en la Argentina.

Como todos los de su especie, asegura que su mayor fuente de aprendizaje han sido los errores propios, incluso algunos que se han cruzado varias veces en su camino. "Tiendo a pensar que todo es posible y eso hay que tenerlo equilibrado", reconoce como falla repetida. "El valor de la idea de por sí sola es muy relativo. La bajada a la realidad, la velocidad de aprendizaje para concretarla es uno de los mayores valores. La noción más clara es si estás aprendiendo. Si vas mejorando más allá del éxito presente, eso te demuestra que es posible aunque requiera más trabajo". Para Lorenzo, cuando los errores se continúan y dejan de enseñar, es la señal de que el camino no tiene salida.

La inversión inicial de Tea Connection fue de u$s 100.000. Hoy entre Argentina, Brasil, Chile y México cuentan con 22 sucursales. Si ahora tuviera nuevamente ese capital y ese desafío, Lorenzo piensa en otro rumbo: "Algo vinculado con habilidades digitales, quizás con energía renovable", propone como idea actual y en línea con "hacer mejor el mundo".

EL SEGUNDO PASO

Luego de ese sueño que da insomnio, ¿cómo se pasa a la realidad? "Creo que lo siguiente es la planificación", apunta Daniel Colombo. "De todos los aspectos del negocio, es lo que dejé de lado todas las veces que emprendí y fue así como tuve muchos traspiés a lo largo de los años". Incluye no sólo el desarrollo de esa idea central, sino también análisis de variables como costos, probabilidades, mercado, segmentos, promoción y entornos, sobre todo en economías inestables y cambiantes.

"Muchas veces tendemos a sumar a amigos y familiares para desarrollar el emprendimiento", agrega Colombo, "y no siempre funciona. De hecho no es recomendable, porque la mayoría de los casos fracasan por interferencias del vínculo".

Luego de la creación y el empuje, cuando el barco comienza a navegar, hay un momento que quizás pida un cambio de capitán. "Cuando ya camina, si seguís trabajando 24 horas tenés un problema. Esa es la diferencia entre ser un profesional y un emprendedor: lograr que los recursos trabajen para uno, y no uno para los recursos", explica Loizeau, autor de "Emprender hasta los 90" (Editorial PenguinRandomHouse), donde plantea que para llegar casi al siglo emprendiendo hay que ir guardando energía en el camino.

A esto Colombo agrega: "Dentro de los mitos, está eso de que ´todos pueden emprender´. En un aspecto general y utópico esto es cierto, aunque lo que no se dice es que emprender es para todos; pero no para cualquiera". Y advierte que: "es un camino arduo, trabajoso, incómodo; no tendrás tiempo de descansar o vida propia en un comienzo. Demorarás unos cinco años en ver los primeros resultados, y tal vez algunos más para darte cuenta si tu negocio funciona, por más que tengas explosiones de éxito y ventas, y un rotundo éxito comercial".

No parecen advertencias que intimiden a Lorenzo o Loizeau. De hecho este último desembolsó $14.000.000 para congeniar su pasión por el cine con un emprendimiento en el que suma el plus de tener a Gastón, su hijo de mayor (de 21 años), como socio. "Es su primer emprendimiento", explica el padre orgulloso, "y antes de iniciar barajamos muchas opciones. Hasta nos sugirieron poner una cervecería. Pero, dije, ¡de esas ya hay cien!".

Pasión, originalidad, insistencia y el momento justo para dejar que la criatura camine sola parecen ser los secretos de los emprendedores seriales. "Lo que vale es la búsqueda permanente", agrega Lorenzo, "que tengas un camino de superación".

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