Innovación en las empresas, con el foco en el individuo

Innovación en las empresas, con el foco en el individuo

Si bien es trillado hablar de las crisis como generadoras de oportunidades, no por trillado es menos cierto. Ante las situaciones y los problemas que el Covid-19 despertó, los procesos de negocios que ya venían desarrollándose en algunas empresas sufrieron una aceleración a través de una respuesta creativa o innovadora

Hemos vivido dos años de transformación digital en dos meses”, dijo Satya Nadella, CEO de Microsoft. Tal es así, que la compañía actuó con decisión en tiempos de incertidumbre: entre marzo y junio adquirió cinco empresas para expandir su imperio de cloud computing. Ante una situación de negocio, una respuesta corporativa.


A su vez, ante el aumento de factores como ansiedad, angustia y depresión por el confinamiento en casa, Neuroelectrics desarrolló una nueva terapia de estimulación cerebral. Con la misión de “reinventar la salud cerebral”, permite tratar a los pacientes mayores de edad a distancia. “De todo reto surge una oportunidad”, asegura Ana Maiques, CEO de la firma, y detalla: “Durante la pandemia, aceleramos el calendario unos cinco años”. Ante una necesidad social latente, una respuesta. 


En estos y otros casos, la tecnología fue la herramienta que posibilitó la efectividad de desarrollos innovadores. Sin embargo, para que ello ocurra, el atributo diferenciador no estuvo dado por la tecnología en sí, sino por los que hacen posible que la tecnología cumpla determinados objetivos. Y ello no es otra cosa que los Individuos, organizados como equipos. Hoy, las empresas ya no se distinguen por los factores de producción, sino por el conocimiento y equipos de trabajo sinérgicos. Para ello, es cada vez más fundamental la selección de los individuos correctos que generan sinergias y aplican el conocimiento de forma innovadora.


Una pregunta quizás frecuente: ¿La innovación debe ser dirigida y ordenada,  o debe ser espontánea y “vivida”? Una variable que puede perderse de vista (y sin embargo es de vital importancia para el proceso creativo o de innovación) es el hecho de que la innovación debe ser desarrollada según se adapte al “ADN” de cada organización. El secreto está en “vivir” una cultura -entendida como un sistema de creencias y valores compartidos- de innovación, la cual entre otros factores implica una actitud positiva de los empleados hacia este proceso (ordenado o no), de modo que se generen ideas por parte de los individuos, que luego se trabajen en equipo.


"Si quieres construir un barco, no busques hombres para que recojan leña, asignen tareas y dividan el trabajo, sino enséñales a anhelar el vasto e interminable mar”, dijo alguna vez Antoine de Saint-Exupery.


Cada empresa debe diseñar su estrategia de innovación, abarcando diferentes dimensiones o áreas, yendo más allá de los productos, servicios y procesos. Ese es el camino para mantenerse vigente y competir en mercados cada vez más demandantes.
En un mundo en el que estar abierto al aprendizaje permanente parece ser la norma, es necesario impulsar una cultura interna que tenga la innovación como meta. En ese marco, el rol de la dirección de Recursos Humanos es más importante que nunca para que una compañía pueda innovar.

Lo primero que se debe detectar es la actitud de cada persona para salir de su zona de confort, aceptar los desafíos y liberar su capacidad creativa. De ello se desprende, identificar si existen “gaps” de skills o cualidades de personalidad que puedan hacer este proceso más dificultoso en algunos individuos que otros.
Este es el gran desafío: cambiar el mindset de las organizaciones. Muchas ya lo lograron; otras se están embarcando, algunas se ven condicionadas por su estructura, y otras se encuentran en una encrucijada por el componente etario. Pero en todos los casos, el factor cultural, allí donde no hay máquinas o tecnologías sino individuos que articulan sus propósitos, se encuentra la “chispa” inicial. 
 

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