La cuarentena y el trabajo: ¿Qué hacemos mientras tanto?

La cuarentena y el trabajo: ¿Qué hacemos mientras tanto?

Muchos estaban muy contentos porque la cuarentena parecía una especie de vacaciones “obligatorias”. Recuerdo los mensajes del tipo: “Sin hacer nada, estoy ayudando al país”. Después, se vio que las cosas no eran tan sencillas

El sentimiento original de libertad se fue transformando en desorden, desorden de horarios, de rutinas, de falta de acuerdos con los convivientes y hubo que improvisar. Y las improvisaciones, a veces, salen bien y otras, no tanto.

Una coincidencia general (quizás, la única) es el beneficio de no tener que disponer de tiempos de traslados hacia los lugares de trabajo, que podemos promediar en una hora de ida y una hora de vuelta.

Al poco tiempo, la “felicidad” de disponer de todo el tiempo se fue transformando en que no hay horarios para el trabajo, para la casa, para la vida familiar, mientras que, en las épocas “normales”, teníamos nuestros espacios de trabajo, de familia y de esparcimiento. Ahora, todo se resumió en un solo lugar y simultáneamente. ¿Cómo hacer?

Apareció la solución: ¡Internet! ¡Internet para trabajar, internet para encuentros familiares, internet para entretenerse, internet para informarse (o desinformarse), internet para festejar cumpleaños, internet para continuar con la escolaridad de los hijos, internet para las clases de la universidad.

La cuarentena encontró a personas que viven solas, que viven con su pareja, que viven solos con sus hijos, gente con hijos pequeños, otros con hijos adolescentes, solo adultos. Personas que tienen material de trabajo en sus casas, otras que no tienen ni un solo papel de su actividad. Personas que pudieron mantener parte de sus actividades por internet y otros que no. Muchos se convirtieron en expertos en redes, WhatsApp, Zoom, Skype o cualquier otro medio para conectarse con otros.

Descubrimos que la conexión no siempre es estable, si tenemos más dos dispositivos conectados a la red tenemos dificultades, si hay un solo dispositivo para que trabajen los adultos y los chicos cumplan con sus tareas escolares... ¿cómo hacemos?

Y, como todo es online, estamos inundados de mensajes de trabajo, de familia, de amigos, de viejos conocidos que buscan en las redes sus viejos contactos. ¿Cómo discriminamos? ¿Qué criterio usamos para establecer prioridades?

Y comenzaron a aflorar las preocupaciones económicas: ¿Qué pasará con nuestros sueldos? ¿Cobraremos, no cobraremos? Miedos por la subsistencia del puesto de trabajo. 

Qué podemos hacer mientras tanto

Lo más difícil es convivir con la incertidumbre. ¿Hasta cuándo durará esto? ¿Cómo será el día después? Nadie lo sabe.

¿Qué priorizar?
La familia. Los vínculos más cercanos son prioritarios, es lo que llamo el “frente interno”, es la nuestra fuente de energía. Los mayores esfuerzos deben estar puestos al servicio de la buena convivencia en la familia.

En las familias con hijos distribuir tareas entre los adultos, no siempre las mismas, ir alternando. Permitir cierto desorden, la casa no puede mantener el mismo orden como si nada pasara. Organizar horarios de trabajo y de descanso diferentes de los adultos.

Cuando se comparten los dispositivos electrónicos organizarse de manera equitativa y flexible, no todos tienen la misma necesidad al mismo tiempo, se evaluará quién puede esperar un poco.

Saber decir que no. Las exigencias se multiplicaron. No se puede ni se debe reproducir en casa el horario de la oficina. No es así como funcionan las cosas. La cuarentena hace perder de vista los horarios y los tiempos, las demandas de tareas o pedidos se pueden hacer en cualquier momento sin discriminación de lo que puede o no esperar. Por esto es importante establecer un criterio propio de lo que es importante o puede esperar. No se puede hacer todo al mismo tiempo. 

No dejar pasar el malestar, cuando comienza es más fácil y menos desgastante resolverlo. Aunque cueste hacerlo, dejarlo para más adelante como si nada hubiera pasado es muchísimo más costoso. Esto también requiere una evaluación de sentido común, tampoco sirve pisar todos los charquitos, algunos se pueden pasar por alto y no volver la vista atrás para seguir mirándolo.

El aislamiento es social y físico, no es aislamiento humano, mantengamos los contactos con nuestros afectos, es lo que nos da la energía para seguir y “no morir en el intento”.
 

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