Textil, un sector que genera más de 400.000 puestos de trabajo

En un mano a mano con Pyme, el presidente de la Fundación Pro Tejer, Jorge Sorabilla, analizó los desafíos pendientes y las oportunidades de crecimiento para el sector textil en la Argentina.

Los desafíos pendientes y las oportunidades de crecimiento para el sector textil en la Argentina.

Los desafíos pendientes y las oportunidades de crecimiento para el sector textil en la Argentina.

¿Cuáles son los principales valores de la cadena?

No hay sector industrial en la Argentina que presente un potencial de desarrollo como el que detenta la cadena de valor textil. Es un sector que genera más de 400.000 puestos de trabajo con una infraestructura productiva de clase mundial, consecuencia del proceso de inversión en bienes de capital que en los últimos años superó los u$s 3.000 millones.

La cadena de valor tiene factores estratégicos como la provisión nacional de fibras naturales con alto potencial de crecimiento, presencia en todo el país, capacidad productiva en todos su eslabones, conocimiento y oficio en los recursos humanos y una usina de generación de valor agregado en el enclave Marcas/Diseño. Una tonelada de ropa de marca argentina exportada al mundo vale u$s 55.000 multiplicando 45 veces el valor de la fibra de algodón.

¿Es un sector competitivo internacionalmente?

El entorno global prospectivo es favorable para la actividad. El material textil se ubica como los de mayor proyección de crecimiento futuro y empieza a tener un rol relevante en nuevas aplicaciones que lo convertirán en un insumo estratégico de la producción mundial. Los nuevos desarrollos de materiales textiles se encuentran presentes en la construcción, en la actividad minera, medicina, industria automotriz, aeroespacial, entre otros.

Además, el consumo masivo de prendas en el mercado global pasará de 1.7, –dato a 2015– a u$s 2.6 billones en 2025. Un mercado global que también nos despliega una gran oportunidad en los canales internacionales es el del consumo responsable de ropa certificada libre de condiciones de trabajo precarizado. Este mercado en breve superará los u$s 200.000 millones y nuestra cadena tiene posibilidades de posicionarse como un proveedor relevante.

¿Cuál es el pronóstico?

Podemos iniciar un nuevo sendero de desarrollo sectorial que permita en menos de 10 años duplicar la capacidad instalada, alcanzar 1 millón de empleos formales e insertarnos en el comercio internacional. Estos objetivos pueden alcanzarse solo con decisión política y un Estado liderando con políticas activas un proceso industrial a favor del trabajo argentino.

Pero el contexto local no es favorable, ¿cuál es el principal reto?

Se nos acusa de no ser competitivos, es una falsedad y equivoca al culpable. El problema es que lo que producimos en nuestras plantas carga con una mochila repleta de factores que estructuran la no competitividad sistémica de la economía como: alta carga impositiva; alta tasas de interés; servicios financieros raquíticos y caros; concentración de los canales de comercialización, renta inmobiliaria exacerbada; costos logísticos y de energía por encima de los de la región, excesivos costos laborales no salariales, ineficiente infraestructura productiva, etcétera.

Un diagnóstico correcto debe incluir la identificación de la falta de competitividad de la economía, la cual debe ser resuelta por las políticas públicas. Los industriales no somos los culpables de esta situación, sino los afectados. La Argentina necesita una economía integrada al mundo. Pero para que la inserción sea virtuosa, los industriales nacionales y sus trabajadores deben competir en igualdad de condiciones.

¿Qué proponen desde la Fundación?

La Argentina corre el riesgo de la primarización y una parte importante del mundo nos quiere como simple proveedores de materias primas. Nuestro objetivo es agregar valor para no tener que importarlo, las divisas que se ahorran valen lo mismo que las obtenidas por la exportación. Si queremos una industria competitiva, es imprescindible que el Estado también lo sea.

Se debe encarar rápidamente la solución a los diversos problemas de aptitud que nuestro país arrastra desde hace años en su economía, ese es un camino obligado para lograr la competitividad del sistema económico nacional. En la medida que vayamos resolviendo este desafío, Argentina podrá iniciar un proceso gradual de competencia externa sin poner en riesgo su entramado productivo, ni el empleo de sus trabajadores.

En este aspecto, la política comercial cumple un rol central y debe estar orientada a una correcta administración del comercio basada en la aplicación de normas técnicas, replicando de manera exitosa a como éstas se utilizan en las economías más desarrolladas del mundo. Mientras no alcancemos estas metas, no habrá productividad posible.

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