Pymes que se convirtieron en destinos turísticos: cuáles son los más visitados en Buenos Aires

Los turistas locales y extranjeros ya no se limitan a visitar museos, edificios históricos o parques cuando llegan a Buenos Aires. Hoy, sus itinerarios son más amplios e incluyen desde vinotecas y pulperías hasta spas. Los casos.

Pequeños emprendimientos que se convirtieron en una parada obligada para todo el que visita Buenos Aires.

Pequeños emprendimientos que se convirtieron en una parada obligada para todo el que visita Buenos Aires.

No son museos, edificios históricos o parques, pero en las guías de viajeros tienen niveles de popularidad parecidos. Se trata de pequeños emprendimientos que se convirtieron en una parada obligada para todo el que visita Buenos Aires. Sus historias son distintas, pero comparten un ingrediente clave en la receta del éxito: tener siempre el foco puesto en darle lo mejor al cliente.

Hace 11 años, Joaquín Alberdi decidió abrir una vinoteca de barrio en pleno Palermo, en donde vendía a los vecinos, y tenía como competencia a los supermercados de la zona. Un origen muy distinto a lo que ofrece Lo de Joaquín Alberdi hoy. “No tengo vinos baratos”, asevera su dueño, y explica que la transformación del negocio se fue dando en paralelo con la del barrio, que en una década se llenó de turistas extranjeros, que demandan vinos de alta gama.

Pero además de la calidad de la oferta, los turistas, en particular los extranjeros, destacan la atención recibida, por parte del personal bilingüe del local así como del mismo Alberdi, y la posibilidad de conocer la variedad de vinos que se producen en el país sin salir de Buenos Aires, en las degustaciones que se realizan semanalmente en el local. “Yo brindo servicio, no soy un supermercado”, subraya el empresario. “Las vinotecas tenemos que trasladar la información que nos dan las bodegas, por un lado, y por otro lado tenemos que escuchar al cliente, entenderlo. Si no, no somos más que un supermercado”.

“El extranjero viene siempre con los ojos cerrados a buscar malbec. Nosotros le mostramos que en Argentina hay mucho más, hay grandes vinos que no son malbec”, detalla Alberdi, quien asegura que conocer, saborear y aprender sobre los vinos argentinos es una experiencia cultural. Las degustaciones en su local le permiten al viajero llevarse un pedacito de Argentina con ellos, además de las botellas que compran para compartir a su regreso. “Atrás de cada vino hay una historia y nosotros, que viajamos, que conocimos a los enólogos, la transmitimos a quienes nos visitan”, añade.

Algo parecido experimentan quienes visitan Pulpería Quilapán, en el barrio de San Telmo, un destino recomendado para descubrir parte del patrimonio nacional. Aunque fue fundada teniendo a los vecinos de la zona en mente, la pulpería también está en los primeros puestos en los rankings de qué visitar en Buenos Aires. Atrae tanto a turistas del interior del país como del extranjero que buscan probar platos típicos, comprar productos regionales, y conocer más de la historia y las costumbres argentinas.

La historia y la arquitectura del lugar ya son motivo suficiente para una visita. La pulpería funciona en una casona que fue restaurada en su totalidad, y que mantiene una pared que data de 1720, la más antigua de la ciudad. “Por esta casa pasó la historia, y eso permite conocer mejor a los argentinos”, explica Gregoire Fabre, el joven francés que fundó el establecimiento junto a su mujer en 2012.

Una vez dentro de la pulpería, los clientes, o parroquianos, como pasan a llamarse, se sorprenden al encontrar el inodoro del General Urquiza, fabricado por el pionero George Jennings, una de las primeras heladeras comercializadas en el país, o la primera urna del voto femenino. “Es un lugar en transformación, vivo, que se adapta y que fue apropiado por los clientes, que siempre traen nuevos objetos para seguir sumando”, detalla Fabre.

“La pulpería mezcla muchas cosas”, explica el empresario, quien originalmente tenía una idea mucho más modesta al fundar: ofrecer buenos quesos, del interior del país, a precios razonables. “Hoy tenemos el restorán, que ofrece comida muy sencilla, comida tradicional criolla, pero también tenemos el almacén de ramos generales, donde vendemos escabeche, quesos, salame, mermeladas, y un despacho de bebidas con vinos boutique y vino patero a precio accesible”.

Pero el corazón de Quilapán está en su rol como club social. “Es la parte más dinámica”, señala Fabre. Hay actividades para todos los gustos, degustaciones gratuitas de vinos, de tés; y una vez al año, se hace vino casero con 2000 kilos de uva criolla en el patio de la pulpería. En todos estos eventos, es crucial la participación de los vecinos y de pequeños productores regionales, miembros clave de la comunidad de la pulpería y proveedores exclusivos del restorán.

“Trabajamos con más de 300 productores distintos y hemos trabajado en total con más de 3000”, detalla el emprendedor. “Los vamos a visitar a su finca, a su campo, nos cuentan la historia del producto... No creemos solamente en ofrecer un producto sencillo y rico, queremos funcionar como nexo entre el productor y el consumidor”, añade.

Pero quizás los dos eventos que más atraen al turista sean los del 25 de mayo y del 9 de julio. “Son los dos momentos más intensos del año”, explica Fabre. “Se prepara un locro en olla de fundición de 250 litros, que se acompaña con vino y payadores tocando chacarera. Son 150 personas comiendo y bailando juntas, se forma una fraternidad mágica, que marca a las personas para siempre”.

En el corazón de Recoleta, en un rubro totalmente distinto, aunque bajo premisas similares, funciona Aires Buenos Beauty Spa, considerado el número uno en spas y centros de bienestar de Buenos Aires en el ranking de TripAdvisor. Su fundadora, Adriana, también es una convencida de que el trato humano, el forjar vínculos con los clientes, es la clave del éxito. “La intención es fundamental. Si es otra que no sea que la persona se vaya contenta, si no vas a dar todo de vos, si mezquinas atención, te va a ir mal siempre”, asevera.

El spa ofrece masajes y tratamientos estéticos, y abrió sus puertas hace tres años, con el foco puesto precisamente en el turista extranjero. “Empecé en esto de forma gradual, por una curiosidad mía, me entusiasmé con el tema de los masajes, empecé a hacer cursos, y estaba en eso cuando el lugar donde tengo ahora el local, que era de mis padres, quedó vacío, por lo que decidí usarlo. Aproveché que tengo manejo de inglés y abrí un perfil en TripAdvisor, desde donde empezaron a llegar mis primeros clientes. A cada uno le pedía que dejara reseñas”, explica la emprendedora.

“El sector de wellness y bienestar recién está despegando acá, pero yo me di cuenta de que afuera la gente lo tiene más incorporado como rutina, cuando toman un vuelo de muchas horas, a Buenos Aires, por ejemplo, lo primero que hacen es tomar un masaje”, añade.

Lo que distingue a Aires Buenos, según las reseñas de los clientes, es la atención personalizada de Adriana y el vínculo personal que entabla, por ejemplo, mediante una merienda compartida al finalizar cada tratamiento. “La gente no quiere ir a un lugar masivo, ruidoso, en donde lo atiende cualquier persona, donde lo hacen esperar”, explica ella.

Si bien en los comienzos, a partir de una decisión estratégica, el spa estuvo enfocado en recibir clientes extranjeros, hoy los porteños también lo frecuentan. “No hay demasiada diferencia entre turistas y locales”, subraya Adriana, quien más que clientes, asegura que ya tiene amigos: “La gente que viene está abocada a pasarla bien. Llegan con buen humor, buena onda, es buenísimo para cualquier negocio. Me tratan tan bien como yo intento tratarlos a ellos apenas cruzan la puerta”.

Comentarios1
Diego Aiello
Diego Aiello 21/09/2017 11:43:56

Muy úitl para mejorar mi negocio