Madagascar, una isla de oportunidades para las pymes argentinas

La actividad emprendedora está bien arraigada en el país del continente africano, a pesar de una débil presencia estatal. Cómo es la actualidad de su ecosistema, qué desafíos quedan por enfrentar y dónde están las posibilidades.

Madagascar, una isla de oportunidades para las pymes argentinas

La isla más grande del continente africano, con poco más de 25 millones de habitantes, cuenta con un PBI de u$s 10.910 millones y en 2017 tuvo una tasa de crecimiento del 4,2% (CIA World Factbook), lo que no es suficiente para paliar los principales problemas nacionales: la pobreza, la corrupción y la debilidad institucional. Madagascar figura entre las economías más pobres del mundo pues, a pesar de haber mejorado su posición en el reporte del Doing Business 2018 (del puesto 167 en 2017 al 162, de 190 países), el 92% de la población vive en condiciones de pobreza (frente al 68% en 2005) y es muy dependiente de fenómenos climáticos y plagas, en una economía en la que alrededor del 25% del PBI reposa en la actividad agrícola.

No obstante, hay posibilidades, más de uno de cada cinco adultos se encuentran en proceso de creación o gestión de empresas en un plazo menor a tres años, lo que posiciona bastante bien al país entre 54 analizados en el reporte 2017 del Global Entrepreneurship Monitor (GEM). El país africano está en el séptimo lugar en tasa de actividad emprendedora (21,8%). Este indicador incluye más a hombres que mujeres, 23% frente al 20,6% de la población. El grupo etario menos activo es el de jóvenes de 18 a 24 años, con 17,5%.

Para el 83,6% de los entrevistados por el GEM, el emprendedorismo es una carrera aceptable producto de la oportunidad (77,7%), o bien guiada por la necesidad (21,6%). En este terreno pesa en cierto modo la brecha de género, en donde los hombres están mejor posicionados que las mujeres. Por ejemplo, los primeros tienen más contactos y conocen más gente a la hora de emprender negocios que las féminas (53,1% frente al 50,7%) y también tienen mejor percepción de las oportunidades (25,5% a 23,3%). Un 10,9% de emprendedores en sus inicios no recibe salario alguno (por su ocupación como jefes de familia, entre otros motivos), donde sobresale más la presencia masculina (12,8%) que la femenina (9,1%). En un indicador las mujeres aventajan a los hombres, se trata del oportunismo a la hora de emprender, con 83,8% al 72,2%, respectivamente. Además, en nuevos emprendimientos (aquellos menores a 42 meses) la presencia femenina sobrepasa a la de varones (11,7% y 10,7%).

En tanto, los emprendimientos más numerosos son los que superan los 42 meses: 29,4%, y presentan 30,2% de conducción femenina y el 28,7% recae en liderazgo de hombres. Si bien se dieron progresos locales para la mujer malgache, su empoderamiento económico en la isla es aún deuda pendiente. Por ejemplo, en muchas regiones rurales es prácticamente nula su capacidad de heredar tierras.

Asuntos pendientes

Si bien existen problemas estructurales en el país, como la deficiencia en el acceso a la infraestructura física y de servicios, los principales obstáculos específicos para emprender en Madagascar son deficiencias en la educación y la formación de base, el financiamiento y los programas públicos. El emprender no compone parte de una enseñanza específica en el sistema educativo y la financiación impone tasas muy altas de interés que, acompañadas por un 8,3% de inflación en 2017, suponen un interés bancario no menor al 10%. A resultas de ello, de 200.000 emprendimientos registrados desde 2015, el 80% ha desaparecido, según datos del Centre dExcellence en Entrepreneuriat. En cuanto a lo público, en el país no hay verdaderos programas y los proyectos dependen de donantes varios.

Otro problema del emprendedorismo emergente es la falta de vinculación con mercados externos, pues el local es la única fuente de ingresos en el 99,1% de los casos, predominando entre las actividades económicas el comercio minorista (48,3%) y la agricultura (30,1%). La liberalización de intercambios resta como un desafío pendiente a fin de afianzar el comercio internacional.

De todos modos, existen buenos motivos para emprender en Madagascar. La mano de obra está disponible y su costo de contratación bajó, mientras que el retorno a la normalidad política genera reanudación de inversiones públicas y acceso a los mercados externos. El contexto social, asimismo, también es favorable ya que, pasado lo peor de la turbulencia política iniciada en 2009, el país no sufre conflictos armados.

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