Los juegos de mesa más vendidos: así es la fábrica Ruibal

Carlos Ruibal, hijo y sobrino de los creadores de la fábrica de juguetes que lleva su apellido, cuenta en primera persona cuál es el camino que recorren los juegos que producen en su planta, ubicada en Villa Soldati.

Los juegos de mesa más vendidos: así es la fábrica Ruibal

Corría la década del ’60 cuando los hermanos Ruibal decidieron su-mar un ingreso extra: la situación económica no era del todo buena, y ambos tenían una familia que sostener.

Así fue que Raúl, que en ese momento trabajaba en Carrier –la fábrica de aires acondicionados– como dibujante técnico, y Luis, que hacía lo suyo en una fábrica de pelotas de fútbol de cuero, decidieron comprar el excedente de cuero de dicha fábrica y, con esos recortes, hacer cubiletes y posa pipas de forma artesanal.

Fueron esos mismos clientes los que les propusieron a los hermanos Ruibal que fabricaran ruletas de chapa. Más tarde, los clientes de los hermanos Ruibal comenzaron a pedirles dados para vender junto con los cubiletes.

 

“La verdad es que vendían bien los cubiletes”, dice hoy Carlos, hijo de Raúl, y actual director de Desarrollo de Producto y Marketing de la empresa familiar. Al mismo tiempo, agrega que, en aquellos años, sus clientes eran las tabaquerías, que vendían juegos de azar, y no las jugueterías, como lo son en la actualidad.

Fueron esos mismos clientes los que les propusieron a los hermanos Ruibal que fabricaran ruletas de chapa. “Le buscaron la vuelta, medio de forma artesanal, y lograron producir una ruleta”, relata Carlos, quien, junto a su hermano, Fernando, y sus dos primos, Diego y Mariano, lleva adelante la firma.

Más tarde, los clientes de los hermanos Ruibal comenzaron a pedirles dados para vender junto con los cubiletes. Así fue que dieron el primer paso –con la ayuda de esos mismos compradores– y adquirieron una prensa, que se convirtió en la primera máquina que tuvo el dúo emprendedor.

“Eso empezó a tomar cierta dimensión”, dice el ejecutivo.  Fue en aquel momento que Raúl y Luis les pidieron a sus padres hacer un galpón en el fondo de su casa –que, hoy, es donde se encuentra parte de la planta que tiene la compañía–. A ese galpón, Carlos lo recuerda como “un cuartito de chapa”, aunque fue allí en donde se dio el primer crecimiento de la firma, de manera tal que los hermanos renunciaron a sus respectivos trabajos, primero el tío de Carlos y luego su padre.

“Empezaron a ver que había un rubro que podía tener una posibilidad de crecer e instalarse en el mercado”, dice Carlos. Así fue que le sumaron a su portfolio el dominó: un juego afín a la ruleta y al cubilete, pero, como era para chicos, apostaron a que podía tener una mayor salida e incrementar su mercado. Y así fue.

El lanzamiento del dominó les permitió comprar la segunda máquina, para prensar urea, que era el material con el que se hacían las fichas, que luego pintaban a mano.

El lanzamiento del dominó les permitió comprar la segunda máquina, para prensar urea, que era el material con el que se hacían las fichas, que luego pintaban a mano. “Y ahí empezó el crecimiento”, remarca Carlos.

Es por ello que en el año 1971 formaron una sociedad (Ruibal Hnos.) y les compraron una casa a sus padres, a una cuadra de donde vivían por aquel entonces, para quedarse con el antiguo hogar. Así, dejaron atrás el cuartito de chapa e hicieron un galpón a la altura del crecimiento que estaba registrando la firma familiar.

Los dos grandes hitos

“Hay dos momentos muy marcados para la empresa”, señala Carlos. Uno de ellos fue cuando lanzaron el Memotest, que –en palabras del hijo de uno de los socios fundadores– “se convirtió casi en un genérico” y fue un producto  que hizo que la empresa tuviera un salto “importante”. Por otra parte, luego, también trajo aparejada la incorporación del ajedrez, las damas y el ludo: todos juegos clásicos.

El segundo gran momento fue, en 1986, cuando lanzaron –ya incorporada la segunda generación de la familia en la firma– el Carrera de Mente. ¿Cómo surgió este juego que ya es un clásico? “Cuando apareció el Trivial Pursuit, que era el primer juego de preguntas y respuestas, nosotros tomamos la licencia, pero iba a demorar un año, porque tenían que venir veedores a ver la empresa”, explica Ruibal, y continúa: “Entonces, les planteamos que nosotros necesitábamos hacer algo similar, porque, si no, iba a salir algún otro acá en la Argentina, y nosotros queríamos ser los primeros en hacerlo”.

Así fue que se decidieron a lanzar un juego similar, de preguntas y respuestas, pero con otro mecanismo y otra forma, hasta que tuvieran los derechos del Trivial Pursuit. “Cuando llegó el momento, tomamos su licencia, pero la realidad es que Carrera de Mente se posicionó de una forma que fue, y sigue siendo, número uno de ventas del mundo”, añade. 

El segundo gran momento fue, en 1986, cuando lanzaron –ya incorporada la segunda generación de la familia en la firma– el Carrera de Mente.

Hicieron el juego en conjunto con Ediciones de Mente; desde que se lanzó, tuvo 16 ediciones y lleva vendidos más de 1,5 millón de unidades.

Convertirse en juego

“Cuando estás en esto, todo se te hace en dinámica de juego. Entonces, a todo le buscás la forma de llevarlo a un tablero”, comenta Carlos, al hablar de cómo surgió Patentes, que también es una creación de la empresa familiar. Aun así, se encarga de aclarar que existen tres caminos diferentes por los que atraviesa una idea hasta convertirse en un juego que lleve el famoso logo de la compañía.

El primero es el que atraviesan las creaciones propias de la firma –como sucedió con Patentes o Carrera de Mente–, así como también las modificaciones de juegos o ideas que ya existen o a los que les buscan la vuelta o intentan aggiornar .

El segundo camino para que un juego forme parte del portfolio de los Ruibal es a partir de la toma de licencia de otras firmas que se dediquen a la fabricación de juguetes, como, por ejemplo, Mattel, con la cual ya tienen varios acuerdos.

El tercer y último camino es el que transita el propio público, que se acerca a la fábrica para proponer sus ideas. “Todo el tiempo me traen cosas”, cuenta Carlos.

El segundo camino para que un juego forme parte del portfolio de los Ruibal es a partir de la toma de licencia de otras firmas que se dediquen a la fabricación de juguetes

“La mayoría de las veces –en casi el 90 por ciento de los casos–, son cosas que ya vimos en el mundo o modificaciones de cosas que ya están”, confiesa el empresario. En caso de que la idea funcione, les interese y tome forma de juego, se paga una regalía a quien propuso la idea –como se hace con Mattel o con las empresas grandes de las que toman licencia–. Esa regalía ronda entre el 7 y el 12 por ciento del valor del producto de salida de fábrica, explican desde la fábrica ubicada en Villa Soldati.

La tecnología no es una amenaza

“Creo que la tecnología le quita tiempo al juego, pero no compite en forma directa; es una alternativa más”, analiza Carlos, cuando se le pregunta si los dispositivos tecnológicos son una amenaza para la industria.

“Hay una revalorización del juego de mesa, que tiene lo gestual, la comunicación, la sensación, todo ese momento que, frente a una pantalla, no se vive”, añade el empresario. Y remata: “La venta va incrementando. Evidentemente, es porque alguien los compra y, si alguien los compra, es porque los consume”.

Los más vendidos

El juego más popular de Ruibal es el Uno, que es una licencia de Mattel. Lo tienen desde noviembre y llevan vendidas más de 100.000 unidades.

El tercer y último camino es el que transita el propio público, que se acerca a la fábrica para proponer sus ideas.

El Carrera de Mente también se posiciona muy bien. Hace unas semanas lanzaron una versión familiar, con caja metálica, y estiman comercializar unas 15.000 unidades este año.

Ficha técnica

-Cantidad de líneas: 148 (producen unas 3000 unidades de cada una).

-Volumen de ventas anual: 1,5 millón de unidades.

-Promedio de exportaciones: 6 por ciento del total, a Uruguay, Chile, Venezuela, Puerto Rico y Ecuador. En algún momento, llegaron a México, España y Miami.

-Empleados: 70.

-Tamaño de la planta: 4500 metros cuadrados, distribuida en cuatro manzanas               diferentes (Villa Soldati).

Canales de venta

Los juguetes de la familia Ruibal se distribuyen por diferentes canales: uno de ellos son los mayoristas; otro, las cadenas de supermercados (que representan el 30 por ciento de la venta); y un tercero, las jugueterías. Un canal adicional, al que Carlos Ruibal califica como “incipiente” es la venta online, a través de su ecommerce. Y, por último, uno no tradicional: las empresas, que, a veces, les solicitan productos personalizados.

La clave de una fabricación integral puertas adentro

“Tratamos de ser una empresa bastante integral. Casi todos los procesos se hacen internamente: el objetivo es que entren ideas y materia prima y que salga el producto terminado”, explica Carlos Ruibal, quien resume el proceso de la siguiente manera: una vez que está diseñado y desarrollado el producto, se lo lleva a la práctica. “Para nosotros, es una dinámica de trabajo pensar el producto con los procesos internos que tenemos”, se explaya, al tiempo que resalta que apenas importan dos productos: dados y relojes de arena. Ambos provienen de China. El resto de los insumos los compran en la Argentina. Y su objetivo es hacer todo en la planta, para tener costos óptimos y, al mismo tiempo, llevar un control y seguimiento de la calidad del producto. “Creo que, en juegos de mesa, somos la única empresa que tiene certificación de normas. Entonces, es la forma más sencilla de poder cumplir con los procesos y requerimientos”, repara el empresario juguetero.

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